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Jesús Nieto

Retrato de Iceta al óleo y con cartera

«Iceta es la antinomia del Pijoaparte en una España en la que a las almas puras de Cs les parece que Illa es un ser de luz»

Opinión

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Retrato de Iceta al óleo y con cartera
Ballesteros EFE

Hace 35 años el arribafirmante estaba a punto de nacer, y ya, entonces, Iceta andaba en eso de la cosa pública entre guateque y macutazo. Se puede decir que 35 años no es nada, que es febril la mirada, pero Iceta es más de bailongueo que de tango, más de serpentina que de bandoneón. Porque Iceta, proyectado a los cielos del confederalismo, es el PSC más ortodoxo: un nacionalismo que coacciona a la izquierda con las gafas de pasta y el invento (imposible metafísico) de combinar la socialdemocracia con el terruño de pueblo elegido.

Tengo escrito por ahí que Iceta es el ministro de bilateralidad que eligió en su día Moncloa producciones, y ahora ha quedado como un triste changüei del potaje que se traen PSOE y PSC y que maltrae (sic) a España desde que tengo memoria.

No hay duda. Iceta es cuota. Cuota en sí mismo. Cuota discotequera con un CV más negro que la nieve negra de la semana pasada en Madrid. Pero no importa, él es federalista convencido como hay negacionistas convencidos o micólogos convencidos en las ramblas de Murcia/Almería. A un ministerio chorra, Sánchez lleva al showman. Un ministerio que será la factoría que voceará los indultos mientras en Barcelona —y en Cataluña entera— puede caer la Illavergencia, que no se sabe muy bien lo que es, lo que puede ser, pero que se avecina tóxica y vírica como este maldito virus que Illa dice conocer.

Realmente, Iceta es la antinomia del Pijoaparte en una España en la que a las almas puras de Cs les parece que Illa es un ser de luz, dialogante, y que los muertos que oculta y los que muestra son eso: carrera política. Pero lo peor es que en Cs vuelven a fiarse del socialismo, acaso porque, en no existiendo el centro, lo suyo va de camuflar la diarrea liberal como centrismo, como pactismo. Y ahí siguen los tíos, marcando márketing político MBA, que diría Quintana Paz, y esperando que los vuelvan a anatemizar en el próximo Orgullo LGTBINB postpandémico.

Pero no se desvíe el tiro. Hablamos del PSC, ese PNV con calostros guerracivilistas y vaga nostalgia del obrero de Manresa. Hablemos de ese PSC que renueva sus votos de jodienda a España trayéndonos a Madrid, al Madrid de las mil plagas, a Iceta.

Decíamos al principio que hace 35 años la política veía nacer al fenómeno Iceta. Al fontanero Iceta. Al finalmente impune Iceta. Al Iceta que es el perejil de todas las salsas plurinacionales, lo mismo en las mongetes que en la escalivada, en la pamplina de la Rosa que, ahora, en el ministerio donde España se prostituye a precio de saldo. Política Territorial, lo llaman. Y hasta habrá ordenanzas que salgan bien cobrados los viernes de allí.

Un prosista de ideas diría algo de los ejes del PSC, de su dialéctica contemporizadora con lo peorcito de Lledoners. Yo, que soy de ideas poéticas (si la contradicción es admisible, que diría Prada) voy más a que antes de nacerme, Miquel Iceta Llorens ya andaba por las fontanerías de ese forúnculo inevitable que es el PSC. Ese es su mérito, ésas son sus credenciales. Su nación y su nueva carterita.

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