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Anna Grau

El paredón era Laura Borràs

«¿Miedo al ascenso de la ultraderecha populista, dicen? Aquí la tenemos sólidamente instalada en la presidencia del Parlament»

Opinión
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El paredón era Laura Borràs

Laura Borràs. | Europa Press

Cuando el pasado 4 de enero, en un corte particularmente virulento de la Avenida Meridiana de Barcelona por parte de la kale borroka independentista liderada por un fundador de Terra Lliure, Fredi Bentanachs, me vi obsequiada con lindezas del tipo «Anna Grau, al paredón», yo pensaba, en el fondo: es broma. Hasta ellos tienen que saber que en democracia no hay paredones. Para nadie.

No comprendí el sentido completo de su expresión, de lo que de verdad querían decir, hasta que el sábado 12 de febrero vi las imágenes de la presidenta del Parlamento catalán, Laura Borràs, paseando su elevada estatura física, en flagrante contraste con su pequeñez política, por esa misma Avenida Meridiana que por fin esperamos haber conseguido liberar de dos años de cortes arbitrarios, violencia civil y tiranía. Llevamos varios martes yendo a protestar siempre a las 20 horas como un clavo junto con los vecinos y la plataforma No A Los Cortes cuando el gobierno de la Generalitat despertó de su larguíííííísima siesta (unos 700 días), para prohibir que los manifestantes corten día sí, día también, una arteria principal de la capital de Cataluña. Que se manifiesten, si quieren. Pero sin impedir el normal tránsito de peatones, bicicletas, coches, taxis y hasta ambulancias. Que de todo se ha visto.

No les gustó nada la orden de irse con el botellón a otra parte, claro. Febriles y cerriles anunciaron que no se rendirían «jamás», que volverían a la «carga», que los Mossos eran «perros» y el gobierno independentista, «colaboracionista y traidor». No quiero ni pensar qué le diran a la novia cuando discuten.

En fin: que todo habría podido quedar en eso, en pataleta de los últimos de la Meridiana, de no ir el sábado la mismísima presidenta del Parlamento a darles aire. No en el sentido -que sería legítimo- de animarles a manifestarse por lo que quieran y donde quieran, mientras sea legal. Qué va. Laura Borràs, segunda autoridad de Cataluña, fue la que cortó e hizo cortar la Meridiana a su paso, batiendo palmas codo con codo con el fundador de Terra Lliure. Vamos. Que ni Evita Perón.

Los Mossos d’Esquadra que tenían que garantizar el perímetro legal de la marcha se vieron desbordados y rebasados, eso suponiendo que no haya que prestar atención a ciertos rumores de que desde las 18 horas se sabía lo que iba a ocurrir a las 20. Le bastaron a Laura Borràs muy pocos minutos para sembrar el caos, provocar casi una desgracia entre policías y manifestantes y, sobre todo, enlodar de forma puede que ya irreversible su presidencia del Parlament. Está visto que su idea de la «desobediencia inteligente», como la llama ella, consiste en no enfrentarse (no mucho rato seguido) a la autoridad judicial que puede inhabilitarla, pero sí a comerciantes y vecinos mal defendidos por una policía que si no es directamente política, desde luego está maniatada por dirigentes políticos indignos de mandar a un cuerpo armado.

En definitiva: sí había paredón, y el paredón era ella. La que vino a recordar a los barceloneses y catalanes de a pie quién manda aquí y quién quiere seguir mandando. Borràs cree que la calle es suya, como también cree que lo es la mesa del Parlament, y los derechos de los demás acaban donde empiezan sus tacones de dominatrix del independentismo. Dominatrix un poco desautorizada últimamente, es verdad: empiezan a faltar masoquistas que no estén perdiendo la fe en el látex amarillo. Porque a todos los demás «solo» nos hacen la vida imposible. A ellos, además, les han engañado en lo más hondo, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez. Nada más le faltó a Borràs, para rematar la grandiosidad de su faena del sábado, abandonar triunfalmente la Meridiana escondida en el maletero del coche.

Atención que todo esto es más grave de lo que parece. Para empezar desde el punto de vista institucional y democrático, por supuesto: el Parlamento catalán empieza a parecer Guernica después del bombardeo de la legión Cóndor. Nada ni nadie puede resistir tanto fascismo cotidiano. ¿Miedo al ascenso de la ultraderecha populista, dicen? Será fuera de Cataluña, porque lo que es aquí, la tenemos sólidamente instalada en la presidencia del Parlament.

Pero a ver qué pasa en la calle ahora. El susodicho fundador de Terra Lliure, Fredi Bentanachs, que el sábado en la Meridiana iba del brazo de Borràs como Bardem de Penélope en la alfombra roja de los Goya, no es un hiperventilado cualquiera. Tiene amenazado de muerte a nuestro líder, Carlos Carrizosa. Dice que le gustaría reventarle la cabeza con un bate de béisbol. Pero ojo a lo que le deseaba a Oriol Junqueras cuando los pactos de gobierno en Cataluña después del 14F no salían a su gusto, a los de Bentanachs: «Junqueras, traidor, púdrete en prisión», se le vio y se le oyó gritando a pleno pulmón por la calle. Si cuando yo digo que no había consenso en Cataluña para indultar a los presos del procés…

Miren, en las últimas protestas vecinales contra los cortes de Meridiana, los que vamos todos los martes nos hemos acostumbrado a usar el Libre de Nino Bravo como una especie de himno improvisado. Ya saben que esa hermosa, exaltante canción, se compuso inspirándose en un caso real. En el primer berlinés oriental que murió abatido a tiros cuando trataba de cruzar el Muro de infausto recuerdo hacia el lado occidental. En tierra de nadie se desangró –«sobre su pecho flores carmesí, brotaban sin cesar»…-sin que nadie se atreviera a mover un dedo para asistirle.

O ponemos pie en pared a tiempo, no solo en Cataluña, o a ver qué termina todo esto.

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