The Objective
Anna Grau

¿Exsocialistas o exandaluces?

«Si el sanchismo se ha alejado tanto de las esencias del socialismo andaluz, y si la realidad sociológica es la que es, ¿cuánto durará su hegemonía en Cataluña?»

Opinión
¿Exsocialistas o exandaluces?

Ilustración generada con IA.

Ya sé que no soy la única a la que se le heló la sangre al oír a la exministra, diputada al Congreso y flamante (o inflamable) candidata socialista a presidir la Junta de Andalucía, María Jesús Montero, calificar de «accidente laboral» la muerte de dos guardias civiles en acto de servicio… en Huelva. Esto último es lo que a mí más me estremeció. A veces, donde no llegan las luces de un candidato, llega el corazón. Pues en este caso, ni lo uno, ni lo otro. Montero es sevillana. Huelva fue en tiempos una de las joyas de la corona del califato del PSOE. ¿Tan desarraigada está esta señora, no ya de los principios históricos que una vez representó su partido, sino de la más elemental emoción asociada al terruño? ¿Es exsocialista… y exandaluza?

Algún día tocará analizar con calma cómo y por qué el PSOE pasó de tener su granero de votos y su meca en Andalucía (y por eso el primer AVE comunicó Madrid y Sevilla; para que la alta velocidad llegara a Barcelona, hubo que esperar décadas) a perderlo todo allí y sustituirlo con el pulmón catalán. Donde Salvador Illa se yergue como la cruz del Valle de los Caídos (¿es broma?) sin que nadie le haga sombra y hasta con el ascenso meteórico de Sílvia Orriols jugándole a favor. Por cierto, que Illa ha conseguido eso dando una imagen de transversalidad no muy distinta de la que proyecta desde el PP andaluz Juanma Moreno Bonilla.

Sucede que en Cataluña el PSOE no existe. Existe el PSC, un partido distinto asociado, que no empotrado, en el otro. Más que un pulmón, lo que tiene el PSOE en Cataluña es respiración extracorpórea. Pero de eso, si quieren, mejor ya hablamos otro día. Hoy me interesa incidir en cómo se puede pasar de la foto y el clan de la tortilla a fer una botifarra… y un pan como unas hostias.

Ha sido siempre triste e irresponsable jugar al enfrentamiento entre andaluces y catalanes. Lo hiciera Jordi Pujol con su famosa teoría de que el andaluz era «un hombre a medio hacer, un hombre incompleto», lo haga Montero cuando defiende no una financiación mejor para Cataluña, sino simplemente distinta, singular. Es decir, que moleste lo máximo al resto. Todavía quedan, por desgracia, a día de hoy, catalanes que se creen que son los únicos que perdieron la Guerra Civil, que Franco se alzó solo para hacerles la vida imposible a ellos, sin querer darse por enterados de que hubo sufrimientos como el suyo en toda España… Ah, y de que hubo catalanes que sí ganaron esa guerra. Vaya.

Lo mismo cuando cunde la leyenda del andaluz «vago y parásito» versus el catalán «laborioso y emprendedor». Pues qué quieren que les diga, en todas partes cuecen habas. ¿Saben que el pa amb tomàquet lo inventaron los andaluces (junto con murcianos, extremeños, etc.) que se levantaban al alba para trabajar en las obras del metro de Barcelona? Tan al alba se levantaban, que no estaban abiertas ni las panaderías. Por eso el bocata que se llevaban al trabajo tenía que ser con pan del día antes. Seco y duro como una piedra… hasta que a alguien se le ocurrió partir un tomate por la mitad y untarlo en el pan, manteniéndolo así, si no fresco, por lo menos blandito. Ah, y sobre las míticas virtudes de la burguesía catalana… pues las hay, claro que las hay. Muchas. Pero también hay otras cosas. Desde el caso Pujol hasta generaciones enteras de nacionalistas e independentistas que nunca han trabajado fuera de la Administración. Ni aspiran a hacerlo. Ni a saber lo que vale un peine, ser pequeño empresario y no digamos ser autónomo.

«Algún día tocará analizar con calma cómo y por qué el PSOE pasó de tener su granero de votos y su meca en Andalucía (y por eso el primer AVE comunicó Madrid y Sevilla)»

Sin interferencias políticas, andaluces y catalanes tenemos mucho más en común de lo que parece. No en vano la mayor comunidad andaluza fuera de esa comunidad reside en la nuestra. Yo, siendo candidata de Ciutadans a la alcaldía de Barcelona, tuve que asistir en un solo día a no menos de tres homenajes a Blas Infante de otras tantas peñas andaluzas. Lo mismo con los varios premios al andaluz del año que en Cataluña se dan. La Feria de Abril catalana no se puede comparar con la de Sevilla, pero teniendo en cuenta dónde está, Déu n’hi do.

Si el sanchismo se ha alejado tanto de las esencias originales del socialismo andaluz, y si la realidad sociológica es la que es, ¿cuánto durará su hegemonía en Cataluña? ¿Y a qué precio? Cuando finalmente el sol se puso en el pujolismo, veintitrés años después, y los socialistas tuvieron la primera oportunidad de gobernar la Generalitat, así fuese con dificultad y con tripartitos, y resulta que el discurso nacionalista no solo no se suavizó, sino que se endureció, opacando el componente presuntamente progresista de las izquierdas, muchos catalanes que esperaban otra cosa se sintieron tan decepcionados, tan huérfanos… que apareció Ciutadans. Ciudadanos. Que no olvidemos que ganó por goleada las elecciones autonómicas de 2017. Que casi en seguida empezaran los goles en propia puerta, y que una letal combinación de mediocridades e ingenuidades acabara dando al traste con el experimento, no altera la cuestión de fondo. Puede haberse extirpado un órgano. Pero no la necesidad de la función.

Menos llenarse la boca de experimentos «periféricos» y más atención a lo que de verdad pasa en la calle, en todos los territorios. Los catalanes hemos pagado un alto, altísimo precio por dejarnos calentar la cabeza por políticos que nos prefieren más «singulares» que prósperos y bien avenidos. Que nos enredan como a palestinos, haciéndonos creer que no tenemos futuro, solo enemigos. Descatalanizándonos, en realidad. Haciéndonos a veces extranjeros en nuestra propia tierra. Lo que se vote hoy en Andalucía determinará si la gente del sur elige polarización erre que erre o parar, templar y sosegar. Que seguramente es el mejor camino a la larga. Para todos.

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