The Objective
Anna Grau

Chusmocracia

«Cuando uno da un golpe de Estado contra su propio partido, en cierto modo hasta contra su propio país, lo tiene que hacer con lo peorcito, nunca con lo mejorcito»

Opinión
Chusmocracia

Ilustración generada con IA.

Releyendo estos días a Manuel Chaves Nogales, concretamente Crónicas de la Alemania nazi, donde conviven su habitual lucidez con una sorprendente ingenuidad —pasma verle presumir de ser «ciudadano de la República española» y por eso mismo sentirse a salvo de futuros tics totalitarios como los que ya en 1933 detecta en la Alemania de Hitler…—, me encuentro este comentario que en mi opinión tiene mucha miga. Empieza el bueno de Chaves Nogales a relatar cómo el infierno se decide arriba, pero se gestiona abajo. Y deviene de verdad dantesco cuando la plebe lo toma en sus manos. Pasen y lean:

«Es difícil para nosotros imaginarnos la verdadera forma de la persecución política que se está dando en Alemania. No se trata de unos ejecutores viles y asalariados que cumplen unas sentencias secretas; se trata de un formidable movimiento de odio popular desencadenado por las predicaciones de los líderes nacionalsocialistas que lleva a las masas a cometer verdaderos crímenes; el comunista o el judío no tienen que temer tanto a los polizontes como a sus propios vecinos de cuarto, a sus compañeros de trabajo, a los transeúntes, a toda esa masa popular que súbitamente ha descubierto en los marxistas y los judíos la causa de todas sus desdichas y se precipita sobre ellos dispuesta a despedazarlos».

Cuánta razón. Siempre sospeché, y perdón por pensarlo y escribirlo, y por si se sobresalta y ofende alguien al leerlo, que ni el jerarca nazi más inhumano fue capaz de concebir el espanto del día a día en un campo de exterminio. Una cosa es decidir cargarse a una raza entera, otra es con qué nivel de abyección y de sevicia se la lleva al matadero. Los campos los administraba la chusma. Y la chusma, chusma es.

Salvando distancias, podríamos hablar de la presunta chusma presuntamente implicada en la presunta trama para boicotear investigaciones judiciales contra Pedro Sánchez y su entorno, esa banda descrita por el auto del juez Pedraz y que llevó al registro minucioso de Ferraz, la habitación del pánico del PSOE. Si todo lo que el juez infiere se acaba demostrando, asombra la cutrez de esa estructura con Santos Cerdán a la cabeza y con Leire Díez dándoselas de Mata-Hari en la sombra. Etc. En honor de Sánchez hay que decir que la operación la diseña él en persona y le sale mejor. Igual de malvada, pero con más categoría. ¿Implica eso que servidora se chupa el dedo y le supone desconocedor de lo que se hacía, pagaba y cobraba en su nombre? No voy por ahí. Voy porque cuando uno da un golpe de Estado contra su propio partido, en cierto modo hasta contra su propio país, lo tiene que hacer con lo peorcito, nunca con lo mejorcito. Todo el que valía algo dentro del PSOE fue limpiamente —«límpiese»…— arrinconado, pues, por eso, por la chusma. 

No es imposible que la macabra coincidencia entre la explosión de esa trama y los cinco días que Sánchez se marcó un Yuste, se retiró a reflexionar sobre su futuro —y sobre el de miles de parias del socialismo que le debían el puesto a él…—, alguno de los arriba mencionados sintiera unos vahídos, unos temblores de piernas y sobre todo de bolsillos, y decidiera ponerse a hacer méritos relativamente por cuenta propia. Tampoco es imposible que hubiese quien, pretendiendo ayudar al partido, en realidad mirase para sí mismo, dándoselas de conseguidor más allá de sus posibilidades. Es igual. Si Jordi Pujol no necesitaba conocer al detalle las tropelías de su familia para ser patriarcal y políticamente responsable, Sánchez no necesitaba estar al tanto de todo para ser el One, por acción o por omisión. «Límpiese»… 

Pero vale la pena darle una pensada a esto de la chusma, al poder inmenso de la chusma, para enfrentar con la lucidez de Chaves Nogales, y a ser posible sin su ingenuo optimismo, las amenazas presentes y las que vendrán. Cuando la chusmocracia toma el mando, nadie está a salvo. Ni aquellos a los que sirven, mira tú.

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