Zapatero y Pujol: ¿muertes civiles paralelas?
«Aunque al final no se le pudiese condenar por nada, basta con la imagen de las joyas de la caja fuerte para que el baldón, la ignominia, sean inextinguibles»

Imagen generada con IA.
Es pronto para decirlo. Pero las ganas que muchos tienen de ver a José Luis Rodríguez Zapatero entre rejas pueden acabar tan chasqueadas como las de los que esperaban ver en ese mismo trance a Jordi Pujol. Con tanto ruido, con tanta leyenda urbana sobre el lawfare, lo cierto es que aquí tenemos un sistema penal muy garantista. Basta con que una prueba haya sido obtenida oscura o irregularmente para dar al traste con el caso más clamoroso. Otra cosa es que a algunos la muerte civil ya no se la quite nadie.
Tiene gracia el paralelismo de credibilidad entre la «deixa de l’avi Florenci» con la que Pujol trató de justificar la génesis de su fortuna familiar ilícita… y el desparpajo de pretender que a Sonsoles Espinosa le pudieron dejar en herencia no sé cuántos diamantes y esmeraldas de Zambia. Tampoco está mal la simetría en términos de autoridad moral despilfarrada… intermitentemente, eso sí. Pujol tuvo que ver y que soportar, allá por 2014, el derribo incluso físico de estatuas suyas, en plan Sadam Hussein. Ahora, en cambio, parece que hay ganas de rehabilitarle. Zapatero, tras purgar durante un tiempo el holocausto económico en que acabó su etapa al frente del Gobierno, había logrado dotarse de un aura de ángel rojo que ahora se viene abajo estrepitosamente. Por de pronto, ya fue el único expresidente vivo excluido del encuentro institucional con el Papa.
Es curioso cómo funciona esto de los referentes morales. Pujol, que mandó y significó en Cataluña más que muchas testas coronadas en sus imperios, fue bajado a coces del pedestal no solo por sus cuentas pendientes con la justicia, sino también, y quizás sobre todo, con el independentismo. Digamos que a los que vinieron detrás de él ya les venía bien tener excusa para matar al padre y de paso cegar el camino de vuelta al peix al cove y al seny. Ahora que ya se ve que todo el drama de 2017 solo sirvió para cavar una trinchera infinita de resentimiento (del peor resentimiento, que es el inútil, el que no sirve para nada…), de repente viene de perlas que Pujol pueda salir no exactamente absuelto, pero sí lo suficientemente exonerado como para volver a reivindicar la parte que a algunos interesa de su deixa, perdón, de su legado.
El caso de Zapatero es más vidrioso. Ser lobista es legal en España. ¿Por qué no lo fue a cara descubierta, por qué pretendía ser otra cosa? Y con esa torpeza, encima. Aunque al final no se le pudiese condenar por nada, basta con la imagen de las joyas de la caja fuerte para que el baldón, la ignominia, sean inextinguibles. Más cuando más necesidad pueda tener Pedro Sánchez de encontrar un contenedor de residuos tóxicos donde meter toda la frustración del voto socialista, harto de decepciones y de engaños. ¿Se apuestan algo a que veremos pronto al actual presidente renegar de su hasta ahora expresidente favorito, declararse cruelmente burlado por él? Al fin y al cabo, ZP sería mucho ZP, pero nunca se montó en el famoso Peugeot. Si se pueden marcar distancias con Ábalos, ¿no se van a poder marcar con este?
Zapatero es todavía un hombre joven. ¿Vivirá lo bastante como para que la tortilla vuelva a dar la vuelta a su favor, como en la práctica ha sucedido, o medio sucede, con Pujol? ¿O se quedará ZP ya para siempre en un limbo moral y social parecido al del rey emérito? La muerte civil no es precisamente de las muertes más dulces para quien ha catado la gloria. Acaso hasta el punto de olvidarse de que era mortal. Y de que el resto de los mortales no somos tontos.