THE OBJECTIVE
Javier del Castillo

Que viene el lobo

«Pedro Sánchez tendría que haber explicado en el Foro de Davos cómo sobrevive un Gobierno que perdió las elecciones a la jauría que le sustenta»

Opinión
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Que viene el lobo

Ilustración de Alejandra Svriz.

El presidente del Gobierno de España ha pedido en el Foro de Davos ayuda para defender la democracia, como si fueran otros y no él mismo quien la está poniendo en peligro. Parece una broma, un despropósito. Después de salvar a Puigdemont —que, como todos sabemos, es uno de los grandes baluartes de la Constitución y de la democracia— y de intentar amnistiar de paso a quienes estuvieron a punto de acabar con nuestras libertades, Sánchez ha caído en la cuenta de que la democracia y el Estado de derecho necesitan ayuda. 

Tiene que protegerse —en opinión de este trilero disfrazado de estadista— de la ultraderecha. Tanto es así, que en la sesión de investidura anunció su intención de poner un muro que evite la llegada de la derecha al poder, sin matices. El peligro para la democracia, según el presidente, no está en sus socios de Bildu, ni mucho menos en el independentismo que vigila sus movimientos. Tampoco en controlar las instituciones, colocando en ellas a sus amigos, o cercenando la división de poderes. El peligro, según deja entrever Sánchez, radica en que el PP pueda volver a gobernar en España. El concepto que tiene Sánchez de cómo proteger y preservar la voluntad popular en un régimen de libertades lo ha patentado él mismo: poner el gobierno en manos de quienes sólo representan al 1% de los votos, mientras el 99% restante contempla el espectáculo.

Tampoco los empresarios españoles —a los que tuvo la oportunidad de recibir en esa curiosa cumbre de variopintos invitados, como es Davos— pueden mirar para otro lado, como si con ellos no fuera el tema. Tienen que dejar de enriquecerse (como denuncia Yolanda) e implicarse mucho más en la lucha por la democracia que quiere Sánchez. 

Ellos y los demás contribuyentes paganos. Todos, todos, tenemos que arrimar el hombro para que Sánchez vea despejado el horizonte y pueda llevar a cabo su proyecto de fortalecimiento de un sistema donde no sea posible la alternancia. Las empresas están obligadas a repartir beneficios y establecerán límites a los sueldos millonarios de sus directivos, como pide la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz. Porque es justo y democrático.

Así es como se defiende la democracia sin escrúpulos de Sánchez. Nadie ha dicho tampoco que este reto sea fácil. Por lo pronto, tendremos que aceptar los sacrificios que demanda la actual coyuntura, mientras el presidente acepta también, de buen grado, las presiones y extorsiones de quienes condicionan su apoyo al Gobierno por una cuestión fundamental: que pase por el aro. Que haga todo aquello que se le demande. Lo que está firmado y lo que se firmará más adelante. De lo contrario, colorín colorado, y hasta aquí hemos llegado. 

«Si tanto le preocupara a Sánchez la democracia, dejaría de cruzar todas las líneas rojas que ponen en peligro nuestro Estado de derecho»

Pero, vayamos al grano. Si de verdad le preocupara tanto nuestra salud democrática a Sánchez, no estaría negociando a escondidas —primero en Waterloo, y ahora en una sala del Congreso de los Diputados, los fontaneros Santos Cerdán y Jordi Turull— con aquellos que intentan vivir a costa del sistema, chantajeando y acosando. Si tanto le preocupara al presidente la deriva que está tomando nuestra democracia, dejaría de cruzar todas las líneas rojas que ponen en peligro nuestro Estado de derecho, la seguridad jurídica y el principio constitucional de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

Estamos viendo tantos disparates que apenas ya nos sorprende la impostura de un presidente que viaja a Davos para alertar del peligro que corren las democracias, ante el avance de la extrema derecha. En su disertación no hubo mención alguna a la amnistía ni a sus bochornosos pactos con fugados de la justicia y con los herederos de ETA. Aunque quizá no le hubieran dado credibilidad a su testimonio, también podría haber puesto numerosos ejemplos de por qué un demócrata como él no tiende la mano al partido más votado en España para solucionar entre los dos los graves problemas que tenemos encima.

En lugar de avisar que viene el lobo, dando por supuesto el pelaje y la ideología del animal, tendría que haber explicado cómo sobrevive un Gobierno que perdió las elecciones a la jauría que le sustenta. A una tropa excluyente que le tiene cogido por salva sea la parte.  

Lobos que le exigen con amenazas su ración de comida, mientras las ovejitas asustadas siguen balando. 

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