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David Mejía

Volver a Isaiah Berlin

«Leyendo su vida aprendemos que sus ideas son también deudoras de su tiempo, pero no por ello inevitables».

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Isaiah Berlin. | Biografías y Vidas

Isaiah Berlin citó en su casa de Oxford a dos jóvenes doctorandos que preparaban un trabajo sobre Hegel y Marx. Ya sentados en torno a la estufa, el maestro le preguntó a uno de ellos qué veía en el suelo. «Una alfombra, señor». «Muy bien», dijo Berlin, «¿y ve algo particular en la alfombra?». «Parece simétrica», contestó el muchacho. «No, no ‘parece’ simétrica», respondió Berlin, «es completamente simétrica: todo encaja. Y eso es lo más importante que hay que saber tanto de Hegel como de Marx. No eran hombres con dudas, objeciones o preguntas. Eran hombres con respuestas. Estaban convencidos de que sus teorías lo explicaban todo. Y a medida que avancen en la vida, tendrán que decidir si creen que todo encaja, o si coinciden con Kant en que ‘con la madera torcida de la humanidad nunca se hizo nada recto’». Esta anécdota resume el marco intelectual de Isaiah Berlin (1909-1997), uno de los pensadores más influyentes del siglo XX. He vuelto a él a través de un biografía que escribió Michael Ignatieff, y que vio la luz en 1998, un año después de su muerte. 

Yo había leído bastante a Berlin, pero no conocí la biografía de Ignatieff hasta hace unas semanas, cuando una amiga me la recomendó con entusiasmo. Ella había conocido a Berlin a principios de los noventa cuando era una joven estudiante de historia en Oxford, y él un eminente octogenario. Su entusiasmo no era exagerado: la biografía es fascinante, y una pieza esencial para entender la trayectoria y el talante intelectual de Berlin. Isaiah Berlin – Su Vida, está traducida al castellano y publicada por la editorial Taurus. Merece la pena que la lean, aunque sólo sea para asistir al encuentro, en un gélido piso de Leningrado, entre la poeta Anna Akhmatova y el virginal Isaiah Berlin. Catorce horas que cambiaron la vida de ambos. 

«La obra de Berlin abarca una amplia gama de temas de teoría política, historia de las ideas y filosofía de la historia».

Para acercarse a la obra de Berlin, accesible e iluminadora, les recomiendo las cuidadas y modernas ediciones de la editorial Página Indómita. Y si no saben por dónde empezar, háganlo por la colección de breves ensayos recogidos en Sobre la libertad y la igualdad (Página Indómita, 2022). El primero de ellos, «Dos conceptos de libertad», es sin duda el más famoso. En él desarrolla la célebre distinción entre «libertad negativa», que se refiere a la ausencia de restricciones en las acciones de un individuo, y «libertad positiva», referida a la posibilidad de actuar con control sobre la propia vida y hacer realidad los propósitos personales. Además de su teoría de la libertad, la obra de Berlin abarca una amplia gama de temas de teoría política, historia de las ideas y filosofía de la historia. Está justamente considerado uno de los pensadores más influyentes del siglo XX, distinción meritoria si consideramos que nunca escribió una gran obra filosófica; su maestría floreció en la distancia corta de la conferencia y el ensayo

Berlin glosó muchas figuras y movimientos intelectuales, demostrando una gran sensibilidad intelectual por la interacción entre las ideas y los contextos políticos en los que se desarrollaban. Leyendo su vida aprendemos que sus ideas son también deudoras de su tiempo, pero no por ello inevitables. Pudo haberse desequilibrado hacia cualquiera de los extremos que se extendían por Europa, pero no fue así. Berlin siempre desconfió de esos grandes sistemas que pretenden ofrecer soluciones definitivas a los problemas humanos. Liberal a fuer de escéptico, Berlin fundamenta su defensa del pluralismo y la tolerancia en ese recelo hacia las utopías. Y su biografía articula esa cualidad con especial finura. Desde muy joven intuyó que no todo encajaba. Pero su escepticismo nunca se tradujo en cinismo, ni su templanza en apatía. Berlin era un hombre comprometido con el pluralismo, la creencia de que no existe un valor absoluto al que deban subordinarse los demás valores, y por ello con la tolerancia.

No todo en Berlin fueron luces. Christopher Hitchens, en la reseña que escribió de la biografía para la London Review of Books, le atacó por su melosa cercanía a los hermanos McGeorge y William Bundy, principales estrategas de la guerra de Vietnam, y sus vetos académicos a colegas por razones ideológicas. Pero también este lado oscuro de Berlin le da la razón: no hay simetría en el mundo, ni perfección en los seres humanos.

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