THE OBJECTIVE
Javier Santacruz

Europa no es consciente de cuánto debe gastar en Defensa

«La integridad territorial de Europa requiere un incremento urgente de las inversiones en Defensa. Es el precio que los países deben pagar por la seguridad»

Opinión
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Europa no es consciente de cuánto debe gastar en Defensa

Ilustración de Alejandra Svriz

El último discurso de la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen y las reiteradas advertencias del Alto Representante para la Política Exterior Josep Borrell apenas levantan algunos titulares señalando la magnitud del reto en materia de seguridad y defensa. De nuevo, cuatro años después volvemos a tener encima de la mesa la amenaza de que si Donald Trump vuelve a la Casa Blanca podría reducir la contribución de Estados Unidos a la OTAN si el resto de los países del bloque atlántico no aumentan sus gastos hasta el reglamentario 2% del PIB.

Ni la guerra contra Rusia por la ocupación parcial de Ucrania (de nuevo financiada la intervención antirrusa en su gran mayoría por Estados Unidos) ni otros conflictos aflorados o en ciernes relativamente cercanos a la UE han hecho despertar a los europeos del enorme reto que tenemos por delante.

Esta situación crea una tensión cada vez mayor para la Unión Europea, que se ve altamente amenazada por los conflictos en la proximidad de sus fronteras, un panorama que se agudizaría de perderse el apoyo tanto económico, como militar de EEUU en materia de Defensa. Para alcanzar la cifra objetivo del 2% establecida por la OTAN, la Unión Europea está obligada a invertir 342.605 millones de euros en Defensa hasta 2030, medido a precios constantes de 2015. Pero actualmente la cifra asciende al 1,74% del PIB, con lo cual hasta llegar al 2% faltan 38.128 millones de euros.

Cierto es que la amenaza que compartían los candidatos republicano y demócrata en 2016 no se ha llegado a materializar. Pero ahora, las presiones a las que está sometido el actual presidente demócrata Joe Biden por parte del público para reducir e incluso detener la financiación de la OTAN son mucho mayores que entonces. También es cierto que el entorno internacional no apunta a una reducción de gastos militares sino todo lo contrario. Del último análisis de las Naciones Unidas sobre gastos militares se desprende que la tendencia mundial es hacia el incremento de los presupuestos, tal como reflejan potencias de la talla de Japón o China. Y, en este escenario, una de las zonas clave para garantizar la seguridad mundial es el Viejo Continente. 

Varios países miembros de la UE ya han comenzado a expandir su gasto en Defensa. Concretamente, a la luz de los datos publicados por el SIPRI (Centro Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo), en 2023 se produjo un aumento del gasto de un 13% en Europa Central (fundamentalmente, Alemania, Austria y Polonia), como consecuencia del estallido de la guerra entre Ucrania y Rusia.

«La OTAN funciona gracias a EEUU, que destina 743.259 millones de dólares anuales, más del doble que el resto de miembros»

En cualquier caso, sea Trump presidente o lo sea de nuevo Biden, la Unión Europea está obligada a desarrollar un plan de contingencia, el cual debe recoger el aumento de la inversión en seguridad y defensa, dado que es excesivamente dependiente de EEUU en materia de medios de inteligencia, logística, y despliegue. Dotarse de carros de combate, barcos o aviones no merecería la pena si no existe una dirección que decida. La inversión conjunta debería destinarse a la dotación de infraestructuras militares, y más allá de la modernización del equipamiento, uno de los puntos esenciales es el desarrollo de redes de telecomunicaciones e inteligencia cibernética.

Hoy en día, la OTAN funciona gracias al liderazgo de EEUU que destina 743.259 millones de dólares anuales constantes de 2015, más del doble que el resto de los 27 países miembros, reforzando el tutelaje que en cierta medida ejercen los norteamericanos desde 1945. Un porcentaje significativo de los miembros del bloque ni siquiera contribuye a la financiación en la medida en que les correspondería por su peso dentro de la organización. Así, mientras que EEUU gasta el 3,61% de su PIB, España no alcanza ni el 2% objetivo. España dedica actualmente el 1,26% de su PIB a Defensa. Para llegar al 2% tendría que invertir 10.600 millones de euros adicionales corrientes hasta 2030, cifra que probablemente sea mayor porque las inversiones previstas en los Presupuestos Generales del Estado para 2023 apenas han empezado a ejecutarse.

Desde 2016 ha aumentado el número de países que sí alcanzan el 2% (Grecia, Polonia, Estonia, Lituania, Rumania, Eslovaquia, Francia, Hungría, Letonia, Finlandia y Reino Unido, que tras el Brexit ha dejado de ser miembro de la UE). Pero aún faltan países muy relevantes que incumplen sistemáticamente sus compromisos como Alemania e Italia. 

En suma, la integridad territorial de Europa requiere un incremento urgente de las inversiones en Defensa. Tal y como subrayaba Malcolm Knight, es el «dividendo» o precio que los países deben pagar por la paz y la seguridad, en el marco de un mundo globalizado y de una estrategia común hacia la que se encamina la UE. En este sentido, no son pocas las voces que reclaman una independencia cada vez mayor de EE UU y un plan ajeno a lo que se pueda acordar en el seno de la Alianza Atlántica.

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