The Objective
Javier Borrego

Un tribunal no es un circo; un magistrado no es un payaso

«Han pasado años, y el edificio que diseñaron Bonet y Valdés, no sé por qué, pero últimamente su forma circular me recuerda algo parecido a un circo»

Opinión
Un tribunal no es un circo; un magistrado no es un payaso

Ilustración generada mediante IA.

«Pepito, te dije que ayudaras a Alvarito a ganar la prueba y no has hecho nada». El payaso listo, vestido con túnica negra y gorro de dormir naranja fosforito, regañaba muy serio al payaso tonto. Y éste, casi sollozando, «Pero Juan, si yo quiero que gane Alvarito la carrera. Está muy gordo, porque come sin parar saltándose las leyes, pero sé que es obediente y te quiere mucho, a ti y al gran jefe. Así que he ido a él, le he dado un gran abrazo y le he dicho ‘Mucho ánimo’; ¿qué más puedo hacer?». El payaso listo, viendo cómo sufría el payaso tonto, le puso la mano encima del hombro: «Anda, Pepito, ven conmigo». «Donde tú digas, Juan». «Vamos a lo alto de la montaña, donde debería terminar la carrera. Pero como Alvarito es imposible que pueda subir hasta allí, voy a enseñarte cómo hay que dar ánimos a nuestro amigo gordito. Vamos a subir, cogemos los dos palos con la sábana de ‘META’ y los colocamos aquí, al volver la esquina». «Pero…» «Silencio, Pepito, ven conmigo». Se iban de la pista y volvían con los palos y la meta.

Cuando Alvarito, resoplando, se acerca a la esquina. Pepito le indicó que torciera, y ¡ea!, ¡Alvarito había ganado la carrera! Pepito lo gritaba, y Juan, el payaso listo, ponía cara de satisfacción. Cuando los otros corredores, a mitad de la cuesta, oyeron a Pepito, volvieron y, enfadados, protestaban a Juan: «No hay derecho». Pero Juan, gritando aún más que ellos, exclamó: «Sí hay derecho, porque yo, el jefe, yo soy el Derecho». Todos callaron, temerosos, mientras Alvarito, con su inmenso medallón de campeón al cuello, andaba quitándole el bocadillo a todos los payasos, comiendo como un loco.

Recuerdo esta escena que vi hace muchos años en un pequeño circo en un pueblo andaluz. Y aunque me reí como todo el mundo, en mi interior de niño me dije: «De mayor voy a estudiar Derecho para que no ganen los payasos tramposos…»

Han pasado años, y el edificio que diseñaron Bonet y Valdés, no sé por qué, pero últimamente su forma circular me recuerda algo parecido a un circo. Y si además…

  • 1.- El jueves 11 de diciembre tomó posesión la nueva Fiscal General del Estado. Asistía el condenado por el Tribunal Supremo, anterior Fiscal General, quien era increíblemente ensalzado públicamente, lo que significaba una censura a la sentencia del Alto Tribunal. Y en el público, una magistrada del Tribunal Constitucional se acercó al ex fiscal general, abrazo y besos, y le dijo: «Mucho ánimo».
  • 2.- Estos días han continuado las sorpresas, y hemos sabido y leído un recurso de amparo, increíblemente crítico con el Tribunal Supremo, del, según la Constitución, defensor de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público. En esta actuación procesal, y en otras estos años últimos, el Ministerio Fiscal parece comportarse como la empresa de unos cuantos dedicada a la logística de proporcionar flotadores a los amigos necesitados.
  • 3.- Y para que la semejanza con un circo del edificio de Domenico Scarlatti sea casi total, el grupo de los payasos también hace el triple salto; aquí la tercera sorpresa: La magistrada que abrazó, besó y animó «mucho» al condenado Fiscal General es la designada ponente del recurso de la Fiscalía/Logística.

Payasadas en un Tribunal reconvertido en circo. Muchos, muchísimos, seguimos creyendo que España es un Estado de Derecho, y hartos de tantos payasos que no hacen reír, sino el ridículo más espantoso, decimos alto y claro,

«¡Tengan verguenza!» (Diccionario RAE: «Vergüenza: Estimación de la propia honra o dignidad»).

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