Spania, el reino de las orcas
«Span o Spania resultaría ser la tierra de las orcas, necesarias para la pesca del atún en nuestra costa atlántica, según la hipótesis del biólogo Fernando López-Mirones»

Ilustración generada mediante IA.
La arqueología de las palabras, en ocasiones, resulta tan clarificadora como la de las piedras, enseres y huesos. Toponimias y etimologías nos descubren con frecuencia un pasado oculto a la vista, pero latente en sus lexemas esenciales, lexemas que atraviesan cientos, miles de años sin modificarse. En muchas ocasiones, por ejemplo, me había preguntado por el «SP» presente en Hispania o Spania, también en Híspalis o Spal, la actual Sevilla. Siempre supuse que bien pudieran tener alguna relación antigua, aunque sin saber ni cómo ni por qué. Leía que Spal provenía del fenicio y que significaría «llanura». No me cuadraba. Por aquel entonces, Spal era una isla o un puerto del gran estuario marino hoy colmatado del Guadalquivir. Spal tendría que ser el nombre que los habitantes originales daban al lugar, más asociado al mar que a la tierra.
Más peregrina aún me resultaba la explicación del nombre de Hispania como «tierra de conejos» para los fenicios, que, al parecer, los habrían confundido con los damanes del norte de África. Un sinsentido, sin lógica alguna. Nadie confunde a un animal con otro, ni bautiza como tierra de conejos a una geografía de riqueza proverbial cantada desde la antigüedad. Curioso que supuestamente sean los fenicios, siempre los fenicios, los que todo lo bautizan, como si sobre nuestro suelo no hubieran existido importantes civilizaciones previas capaces de erigir, por ejemplo, los mayores dólmenes del mundo.
Moraleja, seguía sin tener ni idea de dónde podría provenir el lexema «SP» definitorio del nombre de nuestro país y el de la ciudad donde nací y me crié. Y en estas estábamos cuando Fernando López-Mirones —biólogo, documentalista y escritor— me contó, hará ya cinco años, una historia sorprendente. Una historia asombrosa sobre orcas, atunes y reinos fabulosos del pasado que acaba de ver la luz bajo el título Spania, el secreto de las orcas (Almuzara), sumamente recomendable.
Su tesis de partida es firme. La mayor concentración de proteína animal del mundo se concentra, anualmente, cada primavera, ante las costas atlánticas andaluzas. Se trata de la gran migración de los atunes rojos, que cruzan el estrecho desde el Atlántico hasta el Mediterráneo —enormes grupos de miles de grandes atunes, de cientos de kilos de peso cada uno—, para reproducirse en el Mediterráneo, en puntos diversos, en especial en el mar Balear. Desde la más remota prehistoria, pudimos observar esa migración, que pasa bien cerca de las orillas gracias a las orcas que hasta ellas las empujan.
Desde ese lejano pasado nació una curiosa simbiosis entre las orcas y los humanos —dos de los mamíferos más inteligentes— en torno a la pesca del atún. López-Mirones lo bautiza como el Pacto de la Orilla, arraigado, epigenéticamente, en ambas especies. La científica Ingrid Visser ha documentado cómo las orcas ofrecen alimentos a los humanos y colaboran con su pesca. De hecho, y esto casi nadie lo sabe, son las orcas las que empujan a los atunes a las actuales almadrabas. Sin su colaboración, no se podrían pescar, ya que los atunes se sumergirían en las aguas profundas del estrecho, sin posibilidad alguna para su captura.
«Quien conociera el secreto de las orcas tenía la llave del cofre del mayor tesoro, la abundante y sabrosa carne del atún»
Dado que la pesca del atún era la mayor fuente de riqueza desde la antigüedad, quien conociera el secreto de las orcas tenía la llave del cofre del mayor tesoro, la abundante y sabrosa carne del atún, fácilmente conservable, además, por la abundante sal de los cercanos esteros. ¿Y cómo se llamaban a las orcas en aquellos tiempos remotos? Pues la arqueología de las palabras acude en nuestra ayuda.
López-Mirones nos cuenta que los pescadores de Barbate y del norte de Marruecos llaman espartes a las orcas, de ahí la abundante toponimia relativa en la zona, como cabo Espartel o isla Espartel. Y aquí viene el origen del lexema «SP», según la hipótesis de Mirones, que, cuando menos, merece la pena estudiar con detenimiento, ya que nos parece brillante y verosímil. Span o Spania resultaría ser, por tanto, la tierra de las orcas, el reino de la riqueza sin fin del atún que nos era proporcionado por esos espartes misteriosos y prodigiosos que acercaban los atunes a determinados puntos de la costa. Tan solo los conocedores del secreto de las orcas podrían pescarlos con sus artes marineros colocados en lugares específicos marcados por los espartes providenciales.
Las grandes fortunas de la antigüedad se basaron en la pesca del atún. Por ejemplo, la de los riquísimos Balbos, gaditanos, que auparon al mismísimo Julio César al poder de Roma. O la del increíble Guzmán el Bueno, que tuvo como recompensa en el momento de recibir el ducado de Medina Sidonia el derecho a las almadrabas de la costa, para convertirse, así, en el más acaudalado del reino.
La riqueza del atún y el secreto de las orcas, unidos a una agricultura proverbial y a una rica minería de cobre, hicieron que en el suroeste español se desarrollara una primera civilización atlántica, desde finales del Paleolítico hasta principios del Bronce, que alcanzaría su esplendor arquitectónico en el megalitismo extendido por todo el occidente de Europa y África del Norte. O sea, justo lo que Platón denomina como Atlántida en sus diálogos Critias y Timeo. Siempre nos cuentan aquello de Oriente lux; todo procede de Oriente. Pues bien, según esta hipótesis, quizás debamos dudar de ese axioma y contemplar la existencia de una primigenia cultura atlántica, Occidente lux. Ya veremos; el tiempo y la arqueología dictarán sentencia al respecto.
«El tridente es uno de los símbolos definitorios del reino de las orcas y el atributo característico de Poseidón»
La orca es fácilmente identificable. Negra, con dos manchas blancas laterales que, desde la lejanía, se asemejaban a cuernos. De ahí el nombre de carnero marino o aries, que bautiza a otras muchas toponimias del Estrecho, como Punta Carnero. En el libro de Mirones se exponen un sinfín de coincidencias toponímicas que nos animan a pensar que existe una realidad histórica más allá de la simple casualidad. Pero la mancha más característica de las orcas no resulta visible desde la costa, ya que se encuentra en su vientre. ¿Qué forma tiene? Pues de tridente, que es lo que asusta a los atunes cuando las orcas pasan sobre ellos.
El tridente es, pues, uno de los símbolos definitorios del reino de las orcas y el atributo característico de Poseidón, el dios de los atlantes. Hijo de Cronos —inseguro, iracundo y celoso— y de Rea, figura femenina asociada a la Diosa Madre, como Isis, Cibeles, Deméter o Astarté. Pues bien, Poseidón, con su tridente —el símbolo de las orcas—, fue el padre de las primeras dinastías atlantes, como bien nos indica el bueno de Platón.
Muy interesante el análisis que leemos sobre los tipos de gladiadores, con sus tridentes y redes, alegóricos al reino de las orcas. Pero los mil y un sugerentes indicios históricos los dejo para la lectura gozosa del libro. La cultura atlántica fue cancelada por el avance del Mediterráneo oriental a partir de la Edad del Bronce. De ahí que el tridente, símbolo de Occidente, fuera asociado a seres demoníacos y malvados, que llegaría hasta nuestros días en la iconografía habitual del diablo.
¿Conoce la herramienta agrícola conocida como horca? Se trata de una especie de tridente para mover paja. Pues ya sabemos el porqué de su nombre. El símbolo de la orca, el tridente, siguió latente y nosotros sin enterarnos.
«Los nombres de las islas MallOrca y MenORCA hacen referencia a los espartes ancestrales»
Se trata, pues, de una tesis tan evocadora, que bien merece la pena ahondar en ella. Por eso, a final del mes de mayo embarcaré con Fernando López-Mirones en el buque-escuela Cervantes-Saavedra, una goleta de tres palos histórica botada en 1935, para una travesía de seis días y cinco noches, organizada por Oceanosophia, del gran Alberto de Zunzunegui. Navegaremos por el mar Balear, tras los atunes y orcas y las historias de antiguos navegantes que desarrollaron una cultura primigenia hoy ignorada y despreciada.
De hecho, los nombres de las islas MallOrca y MenORCA hacen referencia a los espartes ancestrales. Y antes, como aperitivo, asistiremos a una levantá del atún en la almadraba de Barbate, junto a Mirones y Almudena Villegas, en viaje organizado por Tierra Creativa bajo la sabia batuta de Juan Ramos Pemán. Costas y cielos atlantes, perdón, atlánticos, que custodian secretos de nuestro pasado remoto.
La hipótesis de las orcas, la civilización atlántica y Spania quedan, pues, clarividentemente planteadas en Spania, el secreto de las orcas, obra fundamental que será leída, debatida, criticada o alabada, pero que a nadie dejará indiferente, porque algo profundo, en nuestro interior, vibra ante el antiguo arcano, oculto y ocultado, que solo ahora podemos comenzar a intuir y comprender.