The Objective
Manuel Pimentel

España, satélite chino: ¿qué puede salir mal?

«Tenemos un gran futuro, el renacer del peso español en el mundo, en defensa de ese progreso que representan China, Irán, Venezuela, Cuba y demás socios de aventuras»

Opinión
España, satélite chino: ¿qué puede salir mal?

Ilustración de Alejandra Svriz

Somos un satélite chino, su avanzadilla en Occidente. Y actuamos en coherencia con nuestro nuevo estatus. Por lo que, atención, mucha atención. Estas líneas pueden hacerle sufrir. No hay nada peor que descubrir nuestra propia esencia ante el espejo de la realidad. Porque no somos en verdad como nosotros nos vemos a nosotros mismos, sino que, sobre todo, somos los que los demás ven de nosotros. El cómo nos comportamos, el qué hacemos. «Por sus frutos los conoceréis», que nos afirma, sabio, Mateo en su evangelio. Veamos, pues, lo que hacemos, nuestros frutos, y no tanto el cómo nos vemos. Eso nos define mejor. El famoso «tú no eres tu personaje, pero tu personaje sí eres tú», que nos legara Raymond Carver, el poeta y cuentista norteamericano. Pues eso.

Somos españoles y como cuerpo colectivo, o sea, como España, somos lo que hacemos. Así seremos vistos y considerados por los demás. Da igual lo que usted o yo pensemos individualmente, seremos percibidos y valorados en conjunto en función de lo que hagamos como nación. ¿Y qué hacemos? Pues en política internacional y geopolítica hacemos mucho y muy bien, al menos a ojos de nuestros admirados chinos. Hemos cambiado, por ejemplo, a nuestros aliados occidentales tradicionales por un nuevo bando, el eje conformado por China y los países bolivarianos, con una especial vinculación, cariño y apoyo a Irán, Hizbulá y Hamás. O sea, nos hemos proclamado abiertamente anti-USA y anti-Israel.

Cuando se está en guerra, los matices no existen. Lo sabemos y hemos tomado bando, repetimos. Decimos que luchamos por la paz, pero, en verdad, nos posicionamos abiertamente junto al bando iraní. Por eso reabrimos embajada en Irán, mientras la negamos a Israel y pedimos la ruptura de sus acuerdos con la UE. O, por eso, visitamos China recurrentemente, al servicio abierto de sus intereses, como se proclama a los cuatro vientos, mientras cuestionamos, cuando no ridiculizamos, las decisiones de su gran rival norteamericano. No somos imparciales, hemos tomado partido y apoyamos abiertamente y de manera orgullosa al bando chino-iraní.

Como somos lo que hacemos, israelitas y norteamericanos nos consideran sus enemigos directos. Es cierto que ningún otro país europeo ha apoyado a Trump en su aventura pérsica, pero también lo es que ninguno se ha posicionado directamente como lo hemos hecho nosotros. Queríamos que se notara nuestra animadversión, queríamos que se supiera claramente con quién estábamos, a quién apoyábamos y contra quién nos posicionamos. Los chinos, felices con nuestra decisión de convertirnos en su puerta de entrada a la UE, nos agasajan y piropean. Estamos en el lado correcto de la historia, hemos abandonado la esfera norteamericana para unir nuestro destino a la China luminosa. Pues qué bien.

El resto de socios europeos nos advierten frente a nuestro entreguismo chino. Dumping, espionaje, dictadura y un largo rosario de admoniciones. Pero nosotros, a lo nuestro, ya sabemos. Lo occidental, las democracias liberales, no nos gusta, como demostramos con nuestros actos. Por eso nos vamos alejando de facto de ellas. En geopolítica, en ciberseguridad, en valores políticos. Por eso convocamos a los que consideramos ideológicamente más cercanos, a los líderes bolivarianos del famoso y amado Grupo de Puebla.

Somos lo que hacemos y nadie podrá acusarnos de tibieza, equidistancia u ocultamiento. Hemos tomado bando y queremos que se sepa. De Rusia no nos terminamos de fiar del todo. Ucrania marca distancias, pero, sobre todo, su cercanía emocional de Trump. Somos abiertamente prochinos y ya sabemos que los rusos siempre desconfían del país del sol naciente. No. Los rusos no son de los nuestros.

Tenemos que derrotar a los americanos. Nuestro bando debe ganar y a ello nos aplicaremos diplomática, política, económica y ya veremos si militarmente. Ya lo dijo nuestra querida vicepresidenta: «Palestina, desde el río hasta el mar». No nos quedaremos tranquilos hasta que los judíos sean expulsados por completo.

Estamos protagonizando un giro exterior copernicano que tendrá consecuencias muy positivas en el futuro. Pensamos que nos irá bien, tanto interna como externamente, en nuestro nuevo hogar chino-iraní. Y tan seguros estamos que no hemos realizado consulta política alguna para ello. Despreciamos los inútiles debates parlamentarios, hemos tirado por la borda décadas de política exterior consensuada pero equivocada —UE, OTAN, saharauis— sin un mínimo debate parlamentario, ni siquiera comunicación entre partidos. A las bravas, porque sí, como nos gusta a los que nos sentimos más cómodos con los autoritarismos que con las titubeantes democracias liberales. No nos gusta ni la separación de poderes ni los equilibrios de poder. Los jueces independientes nos producen urticaria. Somos lo que hacemos y haremos lo que somos. Quien tenga ojo que vea y adivinará nuestros planes con respecto a nuestra obsoleta democracia, que deberemos hacer evolucionar al gusto bolivariano.

Estamos encantados con nuestro «no a la guerra» —en verdad «no a Israel y EEUU»—. Nos otorga perfil internacional y votos en el interior. Y Trump, con sus bravatas, nos lo pone fácil. Incluso ataca al Papa, error fatal que sabremos aprovechar por aquello de «con la Iglesia hemos topado». España, luz de Oriente en Occidente. En un mundo en guerra, hemos escogido bando, atención a navegantes. Si ganan los americanos, nos irá mal, muy mal, pero si ganan los nuestros, los ruso-iraníes, seremos recompensados debidamente. Hagan juego, señores, sabiendo que la bolita de la guerra y fortuna caerá en nuestra casilla roja. Seguro.

Ya le advertí al principio. Estas líneas le iban a molestar, porque nada peor que el vernos como los demás nos ven. Y los demás ven lo que hacemos y lo que hacemos —cada día con mayor pasión, además— es entrar en combate contra los que hasta ayer eran nuestros socios, sin encomendarnos ni a Dios ni al diablo. Ahora somos amigos de nuestros enemigos y enemigos de nuestros amigos, al menos de cómo los veíamos hasta hace bien poco. Y da igual lo que usted y yo pensemos y sintamos al respecto. Somos lo que hacemos y hemos decidido luchar por China y sus satélites. De hecho, ya somos uno más. Y muy destacado y entregado a la causa, por cierto. Por eso nos felicitan y sonríen.

Tenemos un gran futuro por delante, el renacer del peso español en el mundo, en defensa de ese progreso que tan bien representan China, Irán, Venezuela, Cuba y demás socios de aventuras. Nuestro admirado guía y líder sabrá conseguirlo. Nadie como él para capitanear nuestro destino. Nos da igual que ladren los fachas y sionistas diversos, cabalgamos. Con Sánchez y su clarividente visión internacional, ¿qué puede salir mal?

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