El año 2100 se atempera
«El escenario de calentamiento global al 2100 que ha presidido los últimos 15 años de activismo climático acaba de ser descartado por inverosímil por el IPCC»

Ilustración de Alejandra Svriz
A unos cuantos lectores les sonará todavía aquella canción de Antonio Molina Cocinero, cocinero, en la que el estribillo repetía «que el futuro es muy oscuro / que el futuro es muy oscuro / ay, trabajando en el carbón». Pues igual de oscuro que ese futuro de Antonio Molina era uno de los cinco futuros «posibles» para el año 2100 que venía predicando el IPCC, el organismo de Naciones Unidas que vela por la integridad de la ciencia climática. En efecto, el escenario RCP8.5, el más pesimista del IPCC, predecía un incremento de las temperaturas para fin de siglo de entre 3,5ºC y 5,7ºC (ahora estamos en +1,3ºC), incremento que traería consigo cambios catastróficos sobre los ecosistemas terrestres y sobre nuestra vida en la Tierra, muchos de ellos irreversibles.
Este calentamiento tan elevado era el resultado de un consumo desmedido de carbón que alimentaba un crecimiento igual de desmedido de la economía mundial y de las emisiones de CO2. Tanto es así que el consumo esperado de carbón al 2100 era casi siete veces superior al actual (¡!) y las emisiones multiplicaban por tres las actuales. Sin duda, el año 2100 se presentaba como un «futuro muy oscuro trabajando en el carbón».
Quince años después de su alumbramiento en 2011, el IPCC acaba de concluir que este futuro tan negro ha dejado de ser «posible» o «verosímil» y, por tanto, queda eliminado del elenco de escenarios que se utilizarán en el siguiente macroinforme sobre ciencia climática que verá la luz posiblemente el año que viene. Pero el IPCC ha ido más allá, y también ha descartado por «no verosímil» el escenario que ocupaba el segundo puesto del ránking, conocido como el SSP3-7.0. Si el escenario 8.5 estimaba un aumento medio de temperaturas de 4,4ºC, el 7.0 lo hacía de 3,6ºC. ¿Qué ha propuesto entonces el IPCC en su lugar? Pues un nuevo conjunto de cuatro escenarios en el que el más pesimista, denominado simplemente como high (¡abajo los acrónimos imposibles!), predice un aumento medio de temperaturas de 3ºC, y el escenario medio de 2,5ºC. El futuro ya no es lo que era.
Hasta aquí todo son buenas noticias, porque los escenarios que se han manejado durante los últimos 15 años predecían calentamientos superiores a los 4ºC, y han sido reemplazados por otros que predicen aumentos de temperaturas en el entorno de los 2,5ºC. Recordemos con todo que la ciencia climática advierte de que cualquier futuro verosímil que no se quede por debajo de los 2ºC de calentamiento es un futuro a evitar. Pero es importante decir que las razones que el IPCC ha aducido ahora para descartar estos escenarios se conocían ya hace 10 años por lo menos.
Porque ya en 2017 empezaron a aparecer publicaciones que apuntaban a que ese crecimiento al 2100 alimentado a base de carbón no era creíble. No lo avalaba ni la Agencia Internacional de la Energía, ni ninguna de las instituciones internacionales que se dedicaban a la prospectiva de consumo de energía. El futuro tan oscuro que pintaba el escenario RCP8.5 no iba a ocurrir nunca porque la demanda de carbón ya empezaba a dar muestras de un crecimiento cada vez más lento. Pero el IPCC hizo caso omiso de todo ello y en su macroinforme de 2021 (el AR6) siguió publicando el RCP8.5 (ahora bajo las siglas SSP5-8.5) como un futuro verosímil. El IPCC argumenta ahora que ha sido el crecimiento excepcional de las renovables de los últimos años lo que les ha llevado a tomar la decisión de descartar el escenario como verosímil.
«El RCP8.5 es el ejemplo más paradigmático de cómo la ‘comunidad del clima’ se ha enrocado durante años en escenarios extremos»
En palabras de Michael Liebreich, «el escenario RCP8.5 era ya inverosímil cuando se publicó» en 2011. Nadie se fijó, o nadie quiso fijarse en que las hipótesis macroeconómicas como el crecimiento del PIB, pero sobre todo el mix de energías al 2100, carecían de verosimilitud. Y nadie quiso hacer caso, empezando por el IPCC, a científicos como Justin Ritchie y Roger Pielke Jr., o Zeke Hausfather y Glen Peters que han estado hasta ahora clamando en el desierto.
Por qué, se preguntará el lector, dar tanta importancia a estos modelos a tan larguísimo plazo si casi nadie les presta atención. Pues porque resulta que con el escenario RCP8.5 ha ocurrido todo lo contrario. Porque en todos estos años se han publicado decenas de miles de artículos científicos en los que el RCP8.5 se citaba como el futuro al que nuestra civilización estaba inevitablemente abocada si no hacíamos nada. Porque las instituciones científicas, económicas y financieras de primer orden lo han utilizado como el caso «de referencia» en todos sus cálculos y propuestas de actuación en la lucha contra el cambio climático: los principales bancos centrales y el Banco Mundial en el diseño de stress tests, y la Unión Europea, el Reino Unido o Canadá en el diseño de sus políticas climáticas. El RCP8.5 había alcanzado el carácter de «sistémico» en todos los ejercicios de prospectiva económica. Tan sistémico que hasta aparece en lugar preeminente ¡en el documental que Sir David Attenborough nos deja como legado de su larguísima carrera!
El caso del RCP8.5 es el ejemplo más paradigmático de cómo la llamada «comunidad del clima» se ha enrocado durante años en escenarios extremos e inverosímiles como pilar esencial de su estrategia política y de comunicación. Pero también de cómo el organismo mundial responsable de velar por la integridad de la ciencia del clima, el IPCC, decidió mirar para otro lado mientras se desvirtuaban las conclusiones de sus informes. La presión mediática era demasiado fuerte. El IPCC ya se está curando en salud y ha advertido categóricamente que su nuevo escenario High no se debe usar como el escenario «de referencia», sino como un ejercicio «extremo».
Habrá que esperar a ver cómo el nuevo conjunto de escenarios influye en la literatura científica de los próximos años y se van arrumbando en el ángulo oscuro los miles de artículos basados en el RCP8.5 y sus miles de cálculos basados en hipótesis descartadas. No parece, sin embargo, que a la «comunidad del clima» se le vayan a subir los colores con este asunto. A lo mejor se dan cuenta y atemperan sus valores, como ha hecho el IPCC con nuestro futuro. Sea como fuere, el que suscribe no absolverá a Antonio Guterres por su rasgado de vestiduras al grito de «hemos abierto las puertas del infierno», ni a Al Gore por el uso desaprensivo en sus documentales (¡desde hace ya 20 años!) de cualquier huracán y de cualquier incendio como si supiéramos, que todavía no lo sabemos, que son culpa del cambio climático. ¡Pero sí absolveremos a sir David!