The Objective
Philippine González-Camino

Os dejaron solos, pero no estáis solos

«Estamos viendo en directo, con horror, al pueblo venezolano abandonado por un régimen asqueroso que ya no necesita más explicaciones, solo ese calificativo»

Opinión
Os dejaron solos, pero no estáis solos

Ilustración creada con IA.

A estas alturas, nadie espera que alguien se comporte como predicó Kant cuando formuló su imperativo categórico. Lo que no es correcto no lo es nunca. No seré yo quien exija lo que yo misma no puedo cumplir. La ética kantiana es para adelantados, por decirlo de un modo burdo. Nadie —¿ni siquiera un santo?— podría vivir hasta sus últimas consecuencias una vida regida por ese principio según el cual toda acción responde a un único propósito: existe un bien y una sola ética, y todo intento de justificar una acción, ya sea para explicar por qué lo fue o por qué no lo fue, no son más que escapatorias o excusas para limpiar la conciencia, pero jamás razones que conviertan en aceptable lo que no es correcto. Solo hay un modo de hacer las cosas, diría el filósofo alemán.

Pero cuando la vida golpea, estamos más expuestos a la pregunta por lo correcto, esa que nos conduce a reflexionar sobre el sentido de la responsabilidad individual y colectiva. Así ocurre ahora con Venezuela, en estos momentos convertida en escombros y donde aún se busca a cerca de 50.000 personas. «No es momento para la política», se oye decir a muchos. Claro que no: es momento para salvar vidas, con las uñas, que es lo único que ahora tienen quienes trabajan día y noche contra la desesperación, desamparados.

Pero llegará la rabia… ¿Dónde están esos militares que, al parecer, eran tan numerosos que nadie podía obligarlos a deponer las armas para dar paso a la democracia? Estamos viendo en directo, con horror, al pueblo venezolano abandonado por un régimen asqueroso que ya no necesita más nombres ni explicaciones, solo ese calificativo. Quienes defendían el régimen socialista bolivariano, allí y en tantos otros lugares, contemplan ahora cómo se ha privado a la población de ambulancias, de medicinas, de hospitales.

¿Dónde están los servicios públicos que sostienen una sociedad, los que constituyen la base de una política verdaderamente al servicio de los derechos sociales? ¿Dónde está ese poderoso Estado social levantado sobre las espaldas de los grandes revolucionarios para salvar al amado pueblo? ¿Dónde está la socialdemocracia que ha permitido eso?

Solo hay una realidad, y no hacía falta un terremoto para desvelarla a la mayoría, pero ha tenido que llegar uno para que quienes aún justificaban ese real latrocinio la vean. El régimen que se decía del pueblo no puede ayudar a su pueblo porque antes lo ha desvalijado. Es descorazonador. Y lo peor es que seguirán defendiéndolos. Repito que no hace falta ser kantiana para saber dónde está en este caso lo ético y dónde su absoluta ausencia. Aquí se exige algo mucho menos categórico, la responsabilidad política que no entiende de fronteras ni de ideologías, que no cambia de naturaleza porque cambie el país o el color del partido que gobierna.

«El régimen que se decía del pueblo no puede ayudar a su pueblo porque antes lo ha desvalijado»

Hace ahora cerca de un año, la indignación me hizo salir de casa y me llevó hasta la sede del Partido Popular de Madrid. Fui para hacer lo que una ciudadana puede hacer una vez ha ejercido su voto: expresar su descontento por la gestión política, en ese caso por la horrible gestión de la dana en Valencia. Fui a exigir responsabilidades y dimisiones, y debo decir que ese día sí que no me resultó difícil ser kantiana: lo que está mal está mal. El sentido de la responsabilidad ciudadana obliga a denunciar allí donde se atropellan los derechos más elementales y, además, se justifican; poco importa el color de las siglas: el que hace mal hace mal. Fui para reclamar ese sentido político de la responsabilidad que obliga a tomar medidas.

El pueblo que hoy saca las uñas para retirar de los escombros a sus familias, vecinos y amigos, las sacará también cuando salga del estado de shock en el que se encuentra; lamentablemente, estarán llenas de la sangre de los suyos por omisión de esa clase política de corruptos y ladrones que ha estado amasando fortunas mientras dejaba a su «amado pueblo» bajo los escombros.

Los que lo vemos desde lejos, solo podemos plantar cara aquí a la clase política que alguna vez defendió aquella atrocidad. Y enviar palabras de aliento, que son poca cosa, pero que por lo menos hagan ver a nuestros hermanos venezolanos que no están solos.  

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