The Objective
Ricardo Dudda

Tu padre no habla, pero te escucha

«La novela 'La casa del mago', del italiano Emanuele Trevi, es un libro fascinante y lleno de sorpresas»

Al mismo tiempo
Tu padre no habla, pero te escucha

Ilustración de Alejandra Svriz.

El padre del narrador de La casa del mago (Sexto Piso, 2026), del italiano Emanuele Trevi, apenas habla. No habla de él mismo, no habla del pasado, apenas habla del presente. No es exactamente un padre ausente, porque está presente. Al menos su cuerpo lo está. Su mente, en cambio, flota en otra dimensión, en el plano de las ideas y de la conciencia y el subconsciente. Interactúa solo lo necesario con sus hijos y ha delegado en su mujer todo lo incómodo de la crianza, como los castigos y la disciplina.

Al principio de la novela, que comienza con la niñez del narrador, el protagonista recibe un consejo de su madre antes de irse de viaje con su padre: no lo pierdas de vista porque él nunca se da la vuelta. Y, de hecho, el pobre chaval acaba perdido en mitad de Venecia, ante la indiferencia del padre. Hay varias aventuras entre el padre y el hijo y siempre la misma conclusión: es un hombre inescrutable. El hijo a veces lo pasa mal. No entiende que su padre no solo esté ausente, sino que ni siquiera responda a sus preguntas. Y, sin embargo, no le guarda rencor. No hay resentimiento alguno. Si al principio de la novela parece que le irrita cómo su madre justifica la heterodoxia de su padre («ya sabes cómo es»), el libro se convierte en una carta de amor al padre.

Mario Trevi, que es como se llama, quizá no habla mucho, pero sabe escuchar. O eso parece, porque es un renombrado psicoanalista. Al morir, el hijo hereda la casa donde su padre pasaba consulta en Roma y se instala en ella. Desde el principio, siente la presión de las miles de historias de los pacientes de su padre. Su vida en ese nuevo-viejo hogar transcurre como en una burbuja: el mundo real está ahí fuera, y ahí dentro todo transcurre en una especie de irrealidad, en el líquido amniótico de la conciencia universal (aunque no se especifica mucho, Trevi parece bastante inspirado por la filosofía del Este: por Buda, el I Ching, Confucio, el taoísmo…).

Y sin embargo, la realidad siempre se cuela y rompe la burbuja. Tras mudarse, el narrador descubre que alguien ha estado entrando en casa por la noche y dejando claras pruebas de su intromisión: un cigarrillo con carmín, una botella de cerveza abierta. Quizá es una amante secreta o, acaba concluyendo, es algo más metafísico. Hay otra gran intromisión. Contrata a una limpiadora peruana bastante negligente y torpe, que acaba convenciéndole de que salga con una de sus amigas. Resulta que es una despampanante escort con quien acaba teniendo una plácida relación no muy sexual: en vez de follar, ven la tele y duermen abrazados.

La casa del mago es un libro fascinante y lleno de sorpresas. A veces parece que está a punto de convertirse en una comedia de enredos, otras parece una biografía convencional del padre, y a veces es un perfil de la vida y obra de Carl Gustav Jung: el narrador encuentra en el escritorio de su padre un ejemplar de Símbolos de transformación del célebre psicoanalista y se dedica a estudiarlo. En esos momentos la novela recuerda a los libros del psicoanalista británico Adam Phillips, que mezclan la teoría psicológica con la narración de casos. Y, de hecho, Trevi parece discípulo de Phillips, que en una entrevista dijo: «Lo que hace el psicoanálisis, en el mejor de los casos, es curarte de tu autoconocimiento. Y de tu deseo de conocerte a ti mismo de esa manera coherente y narrativa. Solo puedes recuperar tu apetito, y tus apetitos, si te permites desconocerte a ti mismo».

Trevi, quizá influido por un padre estoico, reservado y sabio, dice: «A mí, la verdad sea dicha, conocerme a mí mismo y saber cómo son los demás siempre me ha importado lo justo. Sobre lo primero, tengo la sensación de que uno avanza por la vida como buenamente puede, y lo hace, por norma general, a escondidas; escondiéndose de sí mismo, como quien dice. Cuanto menos te conoces, mejor te va. Sobre los demás, para mí lo más importante no es cómo son, sino que me quieran».

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