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Rivera contra Georgie Dann

"El misterio no es que Ciudadanos esté en crisis, sino que el PSOE no lo esté"

Foto: Paul White | AP

El misterio no es que Ciudadanos esté en crisis, sino que el PSOE no lo esté. Ese es el desequilibrio que lo explica o lo embarulla todo: que le estén haciendo un UPyD a Rivera, como ha dicho alguien copiando a otro alguien, mientras Sánchez ha llegado ya al verano de su investidura y de las bicicletas no pedaleando sino en palanquín, sin ofrecer nada, sin decir nada, esperando que sea la oposición quien lo lleve a todos lados, como ese santo fiestero, inútil y algo bobo, incomprensiblemente divino, de todos los pueblos.

A Rivera se le rebotan viejos fundadores de ese salón de bustos que tiene Cs y que son como romanos del partido, como Javier Nart. Se le rebotan fichajes y estrellitas, como Toni Roldán o Manuel Valls, demasiado republicano, demasiado francés y demasiado masón para el ruedo ibérico. A Rivera se le rebotan por pactar con Vox en los escoberos de los ayuntamientos, o por ser tan absurdamente antinacionalista que no quería de alcalde ni a Colau ni a Maragall, lo que habría hecho alcalde a Maragall. Se le rebotan, claro, por el noesnoísmo a Sánchez, doctrina que va un poco por ese mismo camino: ser tan antinacionalista que eres capaz de darle el poder al nacionalismo por no ir de la mano del que pacta con el nacionalismo. Todo esto es comprensible, y también discutible. Lo incomprensible es que nadie se le rebote a Sánchez.

Sánchez ha pactado ayuntamientos con separatistas y Navarra con nacionalistas y bilduetarras. Sánchez ha declarado socio preferente a Iglesias, que lidera (de momento) una alocada entente de tribus posmarxistas, anticapitalistas, bolivarianas y revolucionarias, un Iglesias que declara que esto no es una democracia, que hay presos políticos y que las cloacas nos gobiernan frotándose esos dedos salchicheros de los poderosos. Sánchez ha hecho todo esto, además de una moción de censura como una película de Tim Burton, llena de todos los muñones, las pelucas, los esqueletos y las caras de trapo del horror y de la muerte. Pero nadie se le rebota. Nadie le reclama responsabilidad. Nadie le dice que se está radicalizando.

Cs, que era un partido vertical por necesidad, porque no tenía cuadros y alquilaba caras en los pueblos, al menos demuestra que tiene la capacidad de entrar en crisis. Hasta estamos conociendo gente que no sabíamos que existía, más allá de esos cuatro o cinco que salen siempre, como si Cs fuera Parchís. El PSOE, sin embargo, ha sido absorbido totalmente por el ultracuerpo musculado, sonriente y cartonero de Sánchez. Sánchez ya no puede hacer más barrabasadas ni felonías, ya no se puede contradecir ni desdecir más. Y ahí está, sin contestación, sin rebotados, sin crisis, pidiendo responsabilidad al personal, mientras a Rivera incluso lo han matado ya en la prensa, con esa impaciencia tan española por la fiesta del entierro.

Rivera está desorientado, pero es comprensible. Ha visto cómo Sánchez, que es la antipolítica con disfraz veneciano, bailaba con Frankenstein como el Bello y la Bestia, y pactaba con los que quieren destruir no España como una ridícula entidad sagrada sino el Estado, la civilidad, la ley, y aun así la gente lo votaba. Es la izquierda mainstream, que suelo decir yo, perezosa y posturera, a la que le dices “derechos”, “lo público”, “la derecha”, “social”, “facha”, como un estribillo de King África o Georgie Dann, y ya bailan lo que venga. Rivera ha visto todo esto, y no sabe cómo responder. Renunciar a pactar con Vox y quedarse sin poder territorial. Renunciar a pactar con Sánchez y entregar el Estado a los que no creen en él. Pactar con Vox y perpetuar a la izquierda mainstream. Pactar con Sánchez y blanquear así el triunfo de la antipolítica, de la ausencia de escrúpulos como método infalible para alcanzar y conservar el poder. No puede tenerse todo. Bueno, quizá Sánchez sí puede, porque ha hecho cosas peores y ahí sigue, esperando en su hamaca a que lo hagan presidente por el bien de España.

Rivera está siendo aplastado por las dos apariciones más terribles en la política española reciente, aparte el canibalismo nacionalista: Vox y Pedro Sánchez. Cuando todo es un dilema, es imposible no cometer errores y eso es quizá lo que le pasa a Rivera. Solución no hay, porque la solución sería que España hubiera votado otro barullo diferente a este que ha votado. No sirve hacerse el digno, ni hacerse el santo, ni hacerse el muerto. Pero quizá ayudaría que Cs le dirigiera una propuesta programática a Sánchez y así desenmascararlo. Que se retrate. Hacer al menos que, si vuelve Frankenstein con su mirada de puñalada en la garganta, sepamos que ha sido por no aceptar un programa alternativo. E incluso gobernar con él, con el Muñeco Diabólico, si sirve para que se le vean las costuras y el españolito perezoso, de barbacoa con Sánchez como con Georgie Dann, abra los ojos.

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