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Marian Rojas (42), psiquiatra, sobre el hábito que lastra tu felicidad: «Pensar no es lo mismo que rumiar»

Pensar más de la cuenta puede ser contraproducente y, en algunos casos, llegar a paralizarnos

Marian Rojas (42), psiquiatra, sobre el hábito que lastra tu felicidad: «Pensar no es lo mismo que rumiar»

Un hombre pensando. | ©Freepik.

Pensar nos hace humanos. Es la facultad que nos distingue del resto de los animales, la que nos permite resolver problemas, anticipar el futuro y construir el lenguaje con el que nos explicamos a nosotros mismos. Hay algo casi glorioso en esa capacidad reflexiva. Sin embargo, como casi todo lo que nos define, tiene un reverso menos luminoso. Numerosos psicólogos y psiquiatras llevan años advirtiendo de que pensar demasiado —lejos de ser sinónimo de inteligencia o de profundidad— puede convertirse en un freno real para el bienestar. El exceso de pensamiento no nos hace más sabios ni más felices; a menudo, solo nos paraliza. Es decir, el mito cartesiano de «Pienso, luego existo», es positivo, pero no si en el día a día el pensamiento se convierte en inacción.

Esta paradoja ha ganado peso en la conversación pública sobre salud mental. Cada vez más voces expertas señalan que el problema no es pensar, sino cómo y cuánto pensamos. Y, sobre todo, qué hacemos con esos pensamientos cuando se enquistan. Porque existe una diferencia fundamental entre reflexionar con propósito y quedarse atrapado en un bucle que no lleva a ninguna parte, una distinción que parece sencilla pero que muchas personas son incapaces de hacer en su vida cotidiana.

Rumiar no es pensar, según Marian Rojas

Si hablamos de psiquiatría en España, pocas voces hay más conocidas que la de Marian Rojas Estapé, a la cual le viene de casta lo del estudiar esta rama de la medicina. Hija del también psiquiatra Enrique Rojas, Marian ha sabido gestar su propio camino desde hace muchos años. Al punto de que es hoy una de las voces más escuchadas en España en materia de salud emocional, habiendo centrado su labor profesional en el tratamiento de personas con ansiedad, depresión, trastornos de personalidad y trauma, aunque también en conferencias y, sobre todo, libros.

Autora de Cómo hacer que te pasen cosas buenas, Encuentra tu persona vitamina y Recupera tu mente, reconquista tu vida —tres títulos que han sido editados en más de 40 países y han vendido más de 3.000.000 de ejemplares en todo el mundo—, Rojas Estapé lleva años explicando con precisión científica y vocación divulgativa por qué la mente puede volverse en nuestra contra. Y uno de los conceptos que más repite en consulta, ponencias y redes sociales es el de la rumiación, algo de lo que ya te hemos hablado en THE OBJECTIVE.

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Rumiar pensamientos puede acabar siendo más contraproducente para nuestro bienestar de lo que parece. ©Freepik.

Cuándo pensar no está ayudando

«Pensar no es lo mismo que rumiar», ha afirmado la psiquiatra en su cuenta de Instagram @marianrojasestape. Pensar, según explica, nos ayuda a ordenar, a buscar soluciones y a tomar decisiones; rumiar, en cambio, es dar vueltas una y otra vez a lo mismo sin avanzar, desgastándonos por dentro. La diferencia no es solo semántica. Cuando rumiamos, el cerebro permanece en alerta y el cuerpo acumula tensión. No encontramos respuestas, solo más inquietud. Aprender a distinguir entre uno y otro proceso, insiste Rojas, es clave para nuestra salud mental.

La psiquiatra madrileña subraya también que no todo pensamiento nos ayuda. Algunos nos agotan, nos encadenan al pasado o nos instalan en un futuro que todavía no existe. Ese es el territorio de la rumiación: un espacio mental donde la mente trabaja sin descanso pero sin fruto. Según Rojas Estapé, reconocer ese patrón es el primer paso para salir de él, porque nadie puede modificar un hábito que no ha identificado primero.

Los riesgos de pensar demasiado

El problema de rumiar no es solo que resulte agotador. Hay una trampa aún más sutil en ese exceso de pensamiento: cuanto más racionalizamos, menos actuamos. La mente que da vueltas a un problema sin parar convierte la reflexión en sustituto de la acción. Pensamos que estamos buscando la respuesta perfecta, pero en realidad solo estamos posponiendo la decisión. Este bloqueo cognitivo tiene nombre en psicología: parálisis por análisis. Y aunque suene técnico, cualquiera lo ha experimentado alguna vez. De hecho, no es nada ajena esa sensación de estar tan enredado en los pros y los contras que termina por no hacerse nada.

Pero hay algo todavía más preocupante que la inacción. Los pensamientos repetitivos tienen una tendencia natural a volverse negativos e incluso obsesivos. Al principio, uno reflexiona sobre un problema concreto. Después, ese problema se expande, se tiñe de catastrofismo y empieza a colorear toda la visión de la realidad. El cerebro, que no distingue entre una amenaza real y una imaginada, responde ante esos pensamientos como si el peligro fuera cierto. Se dispara el cortisol, se activa el sistema de alerta y el cuerpo paga un peaje físico por algo que solo ocurre en la cabeza. Este es el bucle pernicioso del que hablan Rojas Estapé y otros expertos en salud mental: pensar demasiado no solo bloquea, sino que enferma.

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