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Y esto, ¿quién lo paga?

Lo que más ha destacado la prensa del acuerdo de gobierno que presentaron la semana pasada el PSOE y Sumar ha sido la reducción de la semana laboral a 37 horas y media.

La justificación de Yolanda Díaz no fue demasiado técnica. Dijo, por un lado, que «todo el mundo está a favor» y, por otro, que es «una tendencia» en los países de nuestro entorno.

En general, todo el documento está lleno de medidas de las que «todo el mundo está a favor». Habla, por ejemplo, de un plan de choque contra el desempleo juvenil, prevé el establecimiento de unos tiempos máximos de espera en el Sistema Nacional de Salud, incrementará la cartera de servicios y prestaciones de la sanidad pública para incluir la salud bucodental, la visual y la mental, e incluso habilitará un programa específico de ayuda directa para la compra de gafas y lentillas a los menores de 18 años de familias de pocos recursos.

Finalmente y para no aburrir, pretende multiplicar el parque de viviendas públicas para alquiler, apoyar a las familias monoparentales y perseguir a los racistas y a los homófobos, mejorar la retención del talento científico, etcétera, etcétera, etcétera.

¿Quién puede ser tan desalmado y tan mala persona como para oponerse a semejante cúmulo de bendiciones? Si mañana mismo se sometiera este programa a referéndum, una abrumadora mayoría lo aprobaría, porque, efectivamente, «todo el mundo está a favor».

Pero, como preguntó Josep Pla una vez que lo llevaron a Nueva York y vio el derroche de luz y color de Manhattan: «Y esto, ¿quién lo paga?»

El profesor del IESE Javier Díaz-Giménez y el corresponsal económico de EL LIBERAL / THE OBJECTIVE, Miguel Ors Villarejo, debaten sobre ello en esta nueva entrega de El gris importa.

Y esto, ¿quién lo paga?
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