'Marsella 1940', los artistas y escritores que huyeron del nazismo
Uwe Wittstock narra en su último libro la aventura del periodista Varian Fry, que ayudó a escapar a cientos de refugiados

El ejército alemán fuerza a un grupo de judíos a subir a un tren en Marsella (1943). | Wikimedia Commons
En 1940 y 1941, Marsella era como la colonial Casablanca de la película de Humphrey Bogart. Las dos ciudades, tras la invasión alemana de Francia, quedaron en la llamada «zona libre», bajo el Gobierno de Vichy del general Pétain. Y ambas eran una vía de escape para perseguidos por el nazismo. Lo cual las convertía en nidos de espías, contrabandistas, estafadores y otros perfiles turbios que florecen en los momentos de incertidumbre y zozobra. En la Casablanca de la película teníamos al americano Rick, que bajo su caparazón de cínico ocultaba un corazoncito de héroe dispuesto a sacrificar su amor por la lucha contra el fascismo.
En la Marsella real operaba otro americano idealista, dispuesto a ayudar a los refugiados que buscaban un visado a Estados Unidos. Era un joven periodista llamado Varian Fry. Este personaje de carne y hueso ni era dueño de un café ni lanzaba las frases ingeniosas que los guionistas le habían escrito a Bogart. Pero era decidido y tenía carácter, lo cual le generó más de un problema, no con el enemigo, sino con los suyos. A su alrededor se mueven los múltiples protagonistas de la historia coral que cuenta el muy recomendable Marsella 1940. Los artistas que huyeron del nazismo (Galaxia Gutenberg) de Uwe Wittstock.
En 1935, Varian Fry había viajado a la Alemania nazi como reportero y había descubierto horrorizado el trato que se daba a los judíos. La visita le dejó huella y, cuando al estallar la guerra se produjo una oleada de refugiados, quiso ayudar. Una asociación neoyorquina, el Emergency Rescue Committee, lo mandó a Marsella. La ciudad, que estaba en la zona libre y tenía puerto, permitía cierto margen de maniobra para sacar de Francia a perseguidos por el nazismo. Fry creó allí, con sus colaboradores, un Centre Americain de Secours que proporcionaba ayuda a diversas tipologías de personas que buscaban con desesperación un visado y un pasaje a Estados Unidos. Consiguió ayudar en su huida a más de 1.500 personas. Los más conocidos fueron los artistas e intelectuales, entre los que figuraban varias figuras relevantes del surrealismo francés, empezando por André Breton y su familia, además de diversos artistas extranjeros como Winifredo Lam y Marc Chagall.
Un grupo muy especial era el de los intelectuales alemanes y austriacos que se habían exiliado a Francia al llegar Hitler al poder, creyendo que allí estarían a salvo. Sin embargo, cuando estalló la guerra, se convirtieron de inmediato en ciudadanos de una potencia extranjera enemiga. Y, pese a ser antinazis, fueron tratados como sospechosos y recluidos en campos de detención. Fue el caso del pintor Max Ernst, que logró fugarse en un par de ocasiones, pero fue detenido y conducido de nuevo a un campo. Entre los alemanes y austriacos en situación desesperada estaban también el surrealista Victor Buer, Heinrich Mann y su sobrino Golo Mann, Anna Seghers, Hannah Arendt, el escritor Franz Werfel y su esposa Alma Mahler (que portaba una maleta llena de partituras de su anterior marido y otros compositores por si necesitaba venderlas para subsistir), …
Otras personas susceptibles de ser ayudadas tenían que ocultarse para esquivar a las autoridades. Entre ellas había judíos —como la escritora húngara Lisa Fittko—, cuya situación en la Francia de Vichy era cada vez más problemática; soldados británicos que habían quedado atrapados en territorio francés tras el desastre de Dunkerque, y también algunos españoles del exilio republicano reclamados por las autoridades franquistas.
Dos jóvenes millonarias
Entre los colaboradores de Varian Fry había personajes fascinantes, entre ellos dos alemanes en las antípodas ideológicas, pero unidos por la oposición a Hitler: el economista socialista Albert Hirschman y el católico conservador Franz von Hildebrand.
También pusieron su granito de arena dos jóvenes millonarias estadounidenses instaladas en Europa y con alma aventurera. Por un lado, Peggy Guggenheim, que coleccionaba obras de arte y también artistas, ya que era una mujer liberada que tuvo una larga lista de amantes ilustres del mundo de las vanguardias. Incrementó su colección en París cuando, al producirse la ocupación nazi, muchos artistas necesitaron dinero para poder huir y ella los ayudaba comprándoles obras a buen precio. También ella, que era judía, tuvo que huir. Cargó sus adquisiciones artísticas en su Talbot Cabriolet para trasladarlas al sur de Francia y desde allí las embarcó rumbo a Estados Unidos junto con sus enseres personales.
Sin embargo, la más activamente implicada en la red de Fry fue la valerosa y decidida Mary Jane Gold, escritora e hija de un magnate de Chicago, muy activa en las operaciones marsellesas. Aunque sin duda el colaborador más novelesco fue el aventurero estadounidense Charles Fawcett, que se casó con hasta seis mujeres judías para de este modo sacarlas de Francia. Después de la guerra se convirtió en actor y participó en más de un centenar de películas, sobre todo en Italia, pero tuvo también tiempo de ayudar a fugitivos de la fallida sublevación húngara del 56 contra los soviéticos, de combatir en la guerra civil del Congo y de ayudar a los muyahidines afganos contra el invasor soviético.
El objetivo de Varian Fry y sus colaboradores era obtener visados para que los perseguidos pudieran escapar en los barcos que zarpaban del puerto de Marsella. Para ello se sobornaba, se fabricaban documentos falsos y se contaba con la complicidad de funcionarios dispuestos a ayudar a los que huían del nazismo. Había que gestionar también la ocultación y manutención de quienes esperaban largo tiempo para poder salir de Francia. Uno de los lugares que habilitaron como refugio fue una mansión decimonónica en las afueras de Marsella, la legendaria Villa Air Bel. Allí estuvieron instalados André Bretón y otros surrealistas. En el jardín organizaron una exposición con cuadros de Max Ernst y Leonora Carrington, que colgaron de los árboles, tal como atestigua una foto histórica que incluye el libro de Wittstock.
Vibrante pulso narrativo
La otra vía de salida, alternativa al cada vez más vigilado puerto marsellés, era la que cruzaba los Pirineos hacia España, para desde allí llegar a Lisboa, de donde zarpaban barcos a Estados Unidos. Varian Fry también participó en la habilitación de esta ruta, la que tomó, con resultados trágicos, Walter Benjamin, que ante la imposibilidad de cruzar la frontera española, se suicidó en Port Bou.
Varian Fry trataba de implicar en su operativo de salvamento al cónsul y al embajador estadounidenses, pero su fervor idealista, falta de tacto y poca paciencia lo convirtieron en un tipo antipático. La organización que lo había enviado a Marsella optó por sustituirlo y lo llamó de vuelta a Nueva York. Regresó vía Lisboa y le escribió una carta a su esposa para anunciarle su llegada, en la que le decía: «No creo seguir siendo el que se despidió de ti con un beso en el aeropuerto. Las experiencias de diez, quince o veinte años se han comprimido en uno. A veces me parece como si hubiera pasado una vida entera desde que bajé por primera vez las escaleras de la estación de Saint-Charles en Marsella».
El libro de Uwe Wittstock combina la meticulosa tarea de documentación con un vibrante pulso narrativo para contar la aventura humanitaria de Varian Fry, cuyas andanzas han sido también contadas en la pantalla. Él y sus colaboradores son los protagonistas de la serie Transatlántico, disponible en Netflix, que, aunque se toma algunas licencias, cuenta de forma razonable su peripecia. Acabada la guerra, a Fry las cosas no le fueron muy bien, porque su carácter y su libertad ideológica le granjearon no pocos enemigos. Llegó a recibir algún homenaje en vida por su gesta humanitaria marsellesa, pero el gran honor se lo concedieron póstumamente: en 1994 el Memorial del Holocausto Yad Vashem israelí lo nombró Justo entre las Naciones, por su ayuda a los judíos perseguidos por los nazis.
