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El yoyó

"El éxito y el fracaso dependen de la inteligencia de una sociedad. Como ha sucedido siempre"

Foto: Alejandro Garcia | EFE

Los economistas empiezan a hablar de una “recuperación yoyó”, con aperturas y reaperturas cíclicas: una especie de uve doble que irá encendiendo y apagando el país. ¿Quién sabe? Si aceptamos como probable el consenso oficial sobre la caída prevista del PIB en nuestro país, nos estaríamos refiriendo a magnitudes nunca antes vistas. No se trata del empobrecimiento de una nación, ni de sus trabajadores, ni de sus clases medias, sino de algo mucho peor: una fractura humana, social y moral inaudita. Tuvimos un aviso en 2008 de las consecuencias que puede acarrear una grave crisis económica y que todavía, al menos en el sur de Europa, seguimos padeciendo. Ahora es peor por muchos motivos. Lo es por la potencialidad maligna de la pandemia, que actúa aparentemente como una bomba de neutrones matando a la gente y dejando en pie la estructura de las ciudades. Aparentemente, digo, porque nada se sostiene sin el trabajo de los hombres. El cierre de empresas, la masiva extensión del desempleo, la perdida de riqueza, salarios y consumo –si se prolonga durante meses– terminará causando daños irreversibles en la economía. Si no se diseña bien la reapertura y no mantenemos mientras tanto en respiración asistida a las empresas, la recuperación llevará lustros y no años. Cada día que pasa sin actividad económica juega en nuestra contra.

Todo ello nos habla de la irresponsabilidad previa –¿por qué no tomamos medidas antes, por qué no lo hicimos al prenderse fuego el norte de Italia?– y nos habla también de un futuro sombrío. De los cuatro grandes pilares productivos de nuestro país –turismo, automoción, construcción y banca– ninguno sale incólume. Al contrario, la banca y la automoción vienen de crisis de modelo anteriores y la construcción aún no ha alcanzado los niveles de crecimiento previos a 2008. En cuanto al turismo, que fue el motor de la recuperación en el crash anterior, se encuentra ahora en una especie de tormenta perfecta. La patronal hotelera espera pérdidas superiores a los cien mil millones de euros, sólo en este año. Seguramente será peor. Tasas de paro cercanas al 30% parecen inevitables. Son cifras negativas para las que no tenemos memoria ni recuerdo inmunológico.

Evitar una recuperación yoyó exigirá una planificación gubernamental óptima, la mayor concienciación social posible y la confianza en la labor de la ciencia. Si lo hacemos bien, saldremos lenta y gradualmente de este pozo. Si lo hacemos mal, cavaremos aún más nuestra ruina. El éxito y el fracaso dependen de la inteligencia de una sociedad. Como ha sucedido siempre.

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