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La cancamusa de Rivera

"Sánchez es tan fatuo que cree que los demás le deben su apoyo por el simple hecho de estar en La Moncloa. De modo que la única salida es la vuelta a las urnas"

Foto: Rodrigo Jimenez | EFE

Albert Rivera ha anunciado su intención de facilitar la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, bajo ciertas condiciones. El primer sorprendido habrá sido el propio Rivera, que aseguró que jamás facilitaría la instalación del socialista en La Moncloa.

Tres son las condiciones de Rivera, de distinto cariz. La primera de ellas se refiere a la defensa del Estado de Derecho, y de la aplicación de la justicia: Si el gobierno de Quim Torra no acepta la sentencia del Tribunal Supremo, exige a Sánchez que estudie la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Y, en cualquier caso, le conmina a que se niegue a conceder indultos a los eventuales condenados.

Las otras dos tienen un cariz distinto, pues no se refieren a la defensa de las normas que obligan a todos, porque defienden a todos, sino a las prioridades de la política general. Una, a que el PSOE renuncie al pacto con Bildu en Navarra, y permita un gobierno de Navarra Suma. Y dos, que pacte una rebaja fiscal. La primera condición sí es un “pacto de Estado”, como lo ha calificado; estas dos entran en el terreno del Gobierno y de las prioridades políticas. La exigencia de rebajar los impuestos es a la vez un adelanto de su propuesta electoral y un torpedo contra la política de compra de votos con dinero público de Pedro Sánchez.

Es un movimiento audaz. Sánchez iba repartiendo juego a placer, y Rivera ha reventado la mesa y ha planteado nuevas reglas: Sánchez tiene una oferta sobre la mesa para evitar unas nuevas elecciones. Si quiere presentarse como el gran defensor de la Constitución, será muy difícil no considerar la oferta de Ciudadanos. Si lo hace, enfadará al voto de izquierdas, que ha visto su cerrazón ante un pacto con Podemos. Y si no lo hace, quedará claro ante los cansados votantes que el único que quiere nuevas elecciones es Sánchez.

Pedro Sánchez está abocado a convocar unas nuevas elecciones. No sabe gobernar, y sobre todo no quiere hacerlo ni con Podemos ni con Ciudadanos, sin cuyos apoyos no puede sacar adelante las leyes. Sánchez es tan fatuo que cree que los demás le deben su apoyo por el simple hecho de estar en La Moncloa. De modo que la única salida es la vuelta a las urnas.

El presidente ha rechazado la propuesta de Rivera. La rechazó hace meses, en realidad, cuando le dio la negativa a unas propuestas similares hechas por el líder del PP, Pablo Casado. Vamos a nuevas elecciones, y la cancamusa de Rivera sólo sirve para alimentar el protocolario intercambio de invectivas entre partidos previo a la cita electoral.

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