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Daniel Ramirez Garcia-Mina

El patio del pájaro azul

El patio del pájaro azul dibuja una libertad sin precedentes. Convierte a los usuarios en vecinos de una misma comunidad, independientemente de sus ingresos o condición.

Opinión

El patio del pájaro azul

El patio del pájaro azul dibuja una libertad sin precedentes. Convierte a los usuarios en vecinos de una misma comunidad, independientemente de sus ingresos o condición.

El patio del pájaro azul dibuja una libertad sin precedentes. Convierte a los usuarios en vecinos de una misma comunidad, independientemente de sus ingresos o condición. Las ventanas están cerca unas de otras. Nunca fue tan fácil asomarse a Melbourne desde Cuenca. Nunca fue tan fácil colocar los ojos en la vida del más desconocido de los prójimos.

Una tarde muerta, de lluvia férrea y de anuncios televisivos hipnotizadores puede llevar a un tipo a escribir al presidente de los Estados Unidos. Como él quizá haya millones que lo hagan. Pero ahí está ese mensaje que se aparece en la columna de notificaciones de Obama; una columna que probablemente él no lea; un mensaje que, con total seguridad, se perderá en un océano de caracteres. ¿Y si lo lee? ¿Y si se le pasa por la cabeza contestar? ¿Si una gripe le mantiene en la cama y la fiebre le lleva a dirigir unas palabras a ese ciudadano de Sos del Rey Católico aburrido de tanto anuncio de detergentes?

Las trincheras desaparecen, las clases sociales se desdibujan, la lejanía se convierte en instantaneidad. Qué morbosa la libertad absoluta. Qué atractivo tan sugerente el que convierte en probable lo imposible. Una vez abierto el patio no hay cerradura que restrinja su acceso. Es maravilloso el factor humano, incluso aquel que lleva a algunos a cometer barbaridades que terminan cortando las alas a los que saben disfrutar de un invento prodigioso.

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