THE OBJECTIVE
David Mejía

Alberto Garzón, un hombre preclaro

«Defender a Garzón de las humillaciones de Sánchez, incluso animarle a dimitir en señal de amor propio, es la única respuesta a este drama»

Opinión
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Alberto Garzón, un hombre preclaro

El ministro de Consumo, Alberto Garzón. | EP

Creo que fue Napoleón quien dijo que en política la estupidez no era un hándicap, y no hay semana en que un alto cargo no insista en darle la razón. La estupidez propia suele ser inocua para uno, pero la estupidez ajena resulta irritante hasta que traspasa un umbral a partir del cual se convierte en compasión. Ese es el punto al que yo, y creo que la mayoría de españoles, hemos llegado con Alberto Garzón. Ya no nos indigna, solo nos preocupa. Porque cuando una persona es humillada públicamente, como lo ha sido él por el presidente del Gobierno, toda animadversión se atenúa. Defender a Garzón de las humillaciones de Sánchez, incluso animarle a dimitir en señal de amor propio, es la única respuesta humana a este drama.

Entiendo que muchos le tengan manía: ¿quién no ha pagado precios abusivos por un test de antígenos en la víspera de Nochebuena? Hablamos de un ministro de Consumo que ha considerado que lo más efectivo para mitigar la mayor tasa de inflación de los últimos treinta años era convocar una huelga de juguetes y que para combatir la subida exponencial del precio de la luz publica información periódica sobre las frutas y verduras estacionales (no sea que hagamos mal la compra y alteremos el ecosistema). Con esto no pretendo decir que no debamos tener una discusión razonada sobre si la industria juguetera contribuye o no a fijar estereotipos sexistas o sobre la sostenibilidad de consumir determinados productos. Al contrario, son debates importantes y por eso debe enunciarlos una voz autorizada, no alguien que de todo habla de oídas.

Porque en Alberto Garzón no vemos un ministro, ni mucho menos un experto. A lo sumo un líder estudiantil que maneja un puñado de consignas que no sabe articular; nomen est omen. Como decía el sábado Daniel Gascón, Garzón alienta cambios de paradigma porque es incapaz de gestionar lo concreto. Tras el escándalo provocado por sus declaraciones sobre la ganadería española a The Guardian, el ministro de Agricultura, Luis Planas, no se ha cortado en retratar a su colega como un ignorante. Y no le falta razón: cualquiera puede portar una pancarta, pero la gestión de lo concreto exige un conocimiento que no se adquiere mágicamente cuando se jura el cargo.

Presentar de golpe y sin finura la defensa de los animales, el impacto medioambiental y la seguridad alimentaria no ayuda a ninguna de las causas. Tampoco ayuda a su credibilidad la ristra de declaraciones que lo anteceden: elogios a los valores de Fidel Castro y al modelo de consumo (sic) de Cuba, y posados con sudadera de la RDA y Thermomix. Pero ni las burlas en las redes, ni la presión mediática, ni las humillaciones del jefe preocupan a Garzón, que ha asegurado que terminará la legislatura como ministro; la inteligencia siempre deja lugar a la nebulosa de la duda, pero él lo tiene claro. Hay que reconocer que su claridad mental está al alcance de muy pocos.

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