THE OBJECTIVE
Miguel Rodríguez Arias

Defender de verdad a Ucrania sin perder ni un minuto más

«Si les bombardean a ellos nos bombardean a nosotros, bombardean a todos los europeos»

Opinión
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Defender de verdad a Ucrania sin perder ni un minuto más

La gente asiste a una ceremonia en homenaje a los defensores caídos de Ucrania en Donetsk. | Reuters

Ucrania está a punto de ser víctima de un previsible crimen internacional de agresión del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Y a continuación su población civil está a punto de ser víctima de previsibles crímenes de guerra y contra la humanidad.

La Grozni completamente arrasada bajo las bombas – literalmente y hasta no dejar piedra sobre piedra en su centro – , las fosas comunes chechenas, las desapariciones forzadas, las violaciones de mujeres, etc, etc, todo ello que ya vimos sobrecogidos allí, ilustran muy bien lo que para el Kremlin es una guerra a gran escala y de ocupación, y son el testigo mudo que nos advierte contra un conflicto encarnizado y de resistencia, que será luchado palmo a palmo de terreno.

Eso es exactamente lo que está a punto de pasar, delante de nuestros ojos. Y eso es ante lo que estamos guardando un espeso y ominoso silencio en el mismo país en el que, por cualquier asunto menor, nos montamos una polémica nacional en twitter.

Más de 40 millones de seres humanos inocentes –una población total muy similar a la de España–, muchas de cuyas vidas están ahora a punto de ser truncadas y a punto de sufrir el brutal impacto y trauma de bombardeos, crímenes y violencia a su alrededor, y que les destrozará y les cambiará para siempre. Incontables los refugiados de la inmensa catástrofe humanitaria que se desencadenará.

No se trata de ningún «conflicto» bilateral en Ucrania con Rusia. La actual «crisis» no es un problema de «dos países» en una dinámica de enfrentamiento como sí pueda serlo, por ejemplo, el escenario en Cachemira. No. El caso ucraniano es del todo artificial y unilateral.

Lo único realmente “conflictivo” aquí es el conflicto que resulta tener, pero consigo mismos, una élite de dirigentes rusos nacionales y radicalmente nacionalistas y etnicistas, profundamente belicistas y agresivos, y aferrados a una visión del mundo de hace 50 años. Y todo ello sin necesitar de más conflictividad externa, o añadida, que la que ellos mismos se orquestan, y retroalimentan, y para ir urdiendo el discurso de justificación de lo que saben muy bien que tienen decidido ya desde el principio.

Y no se trata de «Rusia» en general, y esto hay que distinguirlo claramente, sino de un gobierno nacional concreto y que no es posible caer en la falacia de calificar como «gobierno democrático», pues es bien sabido que en ningún caso lo es, ni se comporta como tal.Un gobierno una y otra vez señalado por incontables, sobrecogedores, escenarios internos de graves violaciones de derechos humanos de su propia oposición democrática. Criticado internacionalmente ante asesinatos aún no esclarecidos de rusos dignos y valientes como la periodista Anna Politkóvskaya, tiroteada en su propia casa, o la desaparición forzada y asesinato de la defensora de derechos humanos Natalia Estemirova, o la recentísima disolución de la ONG de derechos humanos ‘Memorial’, o la brutal persecución de los colectivos LGTBI, etc, etc. Etc.

Unas autoridades una y otra vez dejadas en entredicho por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos: el Estado más condenado, con diferencia, de todo el Consejo de Europa.

De modo que lo cierto es que a la sociedad democrática rusa ya le hemos fallado desde la Unión Europea, al hacer verdaderamente demasiado poco para ayudar a sus propios líderes democráticos y defensores de derechos humanos internos, para defender la vital pluralidad de sus propios medios de información internos.

Y habiendo fallado primero ahí, y ante la consiguiente escalada de cosas (nada de esto sería ni planteable con un sistema y contrapoderes democráticos internos reales en Rusia) ahora estamos también a punto de fallarles a decenas de millones de ucranianos del mismo modo, llegada la hora de la verdad.

Y con ello la situación de la seguridad europea se seguirá agravando dando un nuevo salto cualitativo, y los auto-conflictivos líderes del Kremlin se tornarán aún más auto-conflictivos y agresivos (no menos, sino más: el «apaciguamiento» con los auto-conflictivos nunca funciona, eso, como mínimo, lo teníamos que haber aprendido de una vez y para siempre en Munich en Septiembre de 1938).

Y por eso en Polonia, o en los Estados del Báltico como Finlandia, Suecia, o Letonia, saben muy bien que ellos están a punto de tornarse también, repentinamente – y quieran ellos o no –, muy «conflictivos» en breve. Que van detrás.

Winston Curchill se lo espetó con demoledora claridad al «triunfante» Chamberlain que acababa de entregar a su sacrificio a los checoslovacos en la ciudad bábara: «Os dieron a elegir entre el deshonor o la guerra, elegísteis el deshonor y ahora tendréis la guerra ».

La entrega de Checoslovaquia no iba a ser lo que «apaciguara» Europa, sino lo que iba a terminar de catapultarla peligrosamente hacia otra guerra que iba a ser ya mucho más difícil de evitar.

Todo presunto crimen de agresión en ciernes contra Ucrania, en cambio, aún puede ser evitado. Y con éste cualquier otra previsible deriva posterior.

De modo que cada vez que hablamos del «conflicto» en Ucrania estamos enmascarando la realidad de las cosas y nos estamos haciendo un flaco favor a nosotros mismos como europeos en relación al, actual, muy auto-conflictivo Kremlin (que no Rusia).

Y cada día que pase sin que haya una verdadera reacción, plenamente creible, de la Unión Europea y la OTAN en la defensa de Ucrania, estaremos asistiendo a la crónica de una inmensa tragedia anunciada mientras con el correr de las horas el Kremlin sigue adentrándose – el solito –, más y más, en el auto-frenesí de su propia auto-escalada y auto-conflicto. Pero es que, además, nos estaremos poniendo en un peligro mucho más real a nosotros mismos y al conjunto de toda Europa a continuación.

No repitamos en Enero de 2022, con Ucrania, el mismo error que ya cometimos en Septiembre de 1938 con Checoslovaquia.

La Unión Europea y la OTAN aún tienen la capacidad de frenar todo esto con un despliegue efectivo de fuerzas de paz sobre el terreno en el este de Ucrania pactado con el gobierno ucraniano. El mismo gobierno democrático y legítimo que aún puede, y debe, recibir con normalidad la asistencia militar y armamento para su defensa al que tiene legítimo derecho como Estado soberano.

Y dense paralelamente pasos firmes, y reales, para la entrada de Ucrania en la OTAN. Y para culminar definitivamente su anhelada entrada en la Unión Europea. Es decir: defender de verdad a Ucrania y sin dejar ni un sólo resquicio de duda al respecto.

La mejor oportunidad de exorcizar una nueva y devastadora guerra en Europa en el medio plazo es ahora, convirtiendo, pero de verdad, el cálculo del coste de una guerra de agresión contra Ucrania en una factura demasiado alta que ni tan siquiera el tan auto-conflcitivo gobierno ruso se pueda permitir en este momento. Y eso pasa por el despliegue de tropas de paz internacionales, muy dispuestas a defender Ucrania, y por el rearme del propio gobierno ucraniano.

El poder interno del también muy auto-conflictivo Adolf Hitler en el año treinta y ocho era también inmenso, sí, pero aún no era absoluto. Fueron precisamente «éxitos» como el de la no defensa europea de Checoslovaquia – cuando en realidad Alemania aún no hubiese podido permitirse en ningún caso forzar una guerra a tal escala y con tales implicaciones –, lo que terminó de poner el país en sus manos y aplastar, definitivamente, todo resquicio de oposición democrática interna. Y a partir de ahí la deriva belicista y totalitaria alemana era mucho más inevitable. Aprendamos por una vez de la historia.

No es nada fácil, no está exento de altos costes ni de riesgos, pero es la mejor opción que aún seguimos teniendo en nuestras manos ahora que la invasión aún no ha comenzado. Y lo que desde luego no podemos hacer es callar y permitir todo ello sin más.Esa es la defensa real, de sus vidas y derechos, de sus familias, que esos más de cuarenta millones de seres humanos inocentes merecen obtener con urgencia de la Europa democrática.
Esa es la línea roja que tenemos que trazar junto al pueblo ucraniano en Ucrania: si les bombardean a ellos nos bombardean a nosotros, bombardean a todos los europeos. 


Y después defenderla con todo y hasta las últimas consecuencias si los violentos que se han hecho con el Kremlin se atreven a cruzarla. Los derechos humanos se defienden desembarcando en Normandía.

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