THE OBJECTIVE
César Calderón

Lecciones argentinas para polarizar un país

«Si nos comparamos con la Argentina, en España tenemos una polarización de tercera división, pequeñita, light, vegana y sin azúcar»

Opinión
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Lecciones argentinas para polarizar un país

Una marcha para apoyar a Cristina Fernández Kirchner tras el ataque. | Mariana Nedelcu (Reuters)

La verdad es que si nos comparamos con la Argentina, en España tenemos una polarización de mierda. Una polarización de tercera división, pequeñita, light, vegana y sin azúcar. Una polarización tercermundista, raquítica y descafeinada. Un verdadero asco de polarización.

Una polarización tan amateur y vergonzante que incluso nuestros mejores especialistas en esta compleja disciplina y hablo tanto de Pablo Iglesias (no, Yolanda no cuenta ni para esto) como de Santiago Abascal, no podrían aspirar a ser nada más que simples becarios en cualquier partido político con sede en Buenos Aires, la nueva Gotham City del cainismo político.

Imagínense ustedes que algún descerebrado con un afán desmesurado de notoriedad y una percepción lisérgica de la realidad trata de atentar en España contra algún político de primera fila, bueno, no tienen por qué imaginárselo, ya nos ha pasado en alguna ocasión: de las previsibles y adocenadas condenas unánimes de toda la sociedad española, partidos políticos incluidos y de la consabida y aburridísima manifestación unitaria no nos libra ni san pito pato.

En cambio en la Argentina, verdadera potencia mundial de la polarización, las cosas son diferentes; para empezar, los que en tertulias, redes y medios llevan unos cuantos años insultando al oficialismo kirchnerista en general y a la vicepresidenta CFK en particular, con un tesauro de adjetivos que sonrojaría a un estibador porteño, ya sabían antes de que la policía detuviese al autor material del intento de magnicidio que todo era un montaje del peronismo gobernante. 

No me pregunten cómo, pero ellos lo sabían y estaban tan seguros de que era así que, sin necesidad de prueba ni de indicio alguno que lo confirmase, se dedicaron a inundar las redes sociales con mensajes en los que explicaban que la víctima del intento de magnicidio era en realidad la culpable del mismo por sus políticas fraccionales y divisorias, sin reparar curiosamente en el pequeño detalle de que ambas condiciones eran imposibles de ser cumplidas a la vez.

Mientras tanto, al otro lado de la falla política que divide la Argentina en dos bandos irreconciliables, todo el kirchnerismo gobernante y sus exóticos aliados ya sabían a los cinco minutos de producirse el intento de magnicidio que el culpable era, o bien un fascistón de tomo y lomo al servicio del rampante capitalismo internacional globalizado, o bien un lobo solitario corrompido hasta el tuétano por los mensajes disolventes de la oposición política y los medios que la sostienen.

Una circunstancia que llevó a Alberto Fernández, teóricamente presidente de toda la nación, a tomar la decisión de decretar un sorprendente cierre patronal de todo el país (un día feriado lo llamó él) con el evidente objetivo de facilitar que los seguidores más militantes del oficialismo gobernante pudieran manifestarse cómodamente contra el ataque a la vicepresidenta y así rentabilizar políticamente el atentado. Por supuesto todo esto sin convocar a la oposición a un acto unitario que pudiera lanzar el equívoco y peligroso mensaje de que el atentado no había sido contra el Gobierno, sino contra la misma democracia argentina. 

Como ven, todo un ejemplo de fair play patriótico y de responsabilidad política que además, en un país con prácticamente la mitad de su población en riesgo de exclusión, es transversal a gobierno, oposición y pedanías adyacentes y que nos envía un mensaje inequívoco: o en España somos capaces de detener la espiral de la polarización que asola nuestra política y que impide la puesta en marcha de las políticas de estado que necesitamos con urgencia, o corremos el riesgo de acabar así en un futuro no demasiado lejano.

Y les aseguro que no va a ser bonito.

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