THE OBJECTIVE
Enrique Cocero

El engaño de lo fácil

«Las mayorías cualificadas se pusieron para potenciar el diálogo y el acuerdo, para impedir a un solo partido, a una sola ideología, tomar posesión de la Constitución»

Opinión
Comentarios
El engaño de lo fácil

Bandera de España delante del edificio del Tribunal Constitucional. | Europa Press

Diez horas de deliberación fue lo que le llevó al Tribunal Constitucional debatir si se frenaba o no la tramitación de las enmiendas con las que el Gobierno quería meter prisa a la renovación de ese mismo tribunal.

El resultado ya es conocido: seis votos a cinco y sin sorpresas en los bloques, porque los conservadores votaron a favor del recurso de amparo presentado por el PP y los progresistas en contra.

Miren, soy un bicho raro y una de mis rarezas es que conozco el nombre de los nueve magistrados que componen el Tribunal Supremo de los Estados Unidos.

Tiene algo de truco, porque el puesto es vitalicio, así que la rotación es baja. Pero es que sigo hasta las audiencias del Senado para dar el aprobado a los nominados, y les digo que si las preguntas son interesantes, las respuestas… no imaginan.

Para rematarlo, estamos hablando del más alto tribunal de un país en el que la jurisprudencia es fuente fundamental de derecho y muchas de las argumentaciones en los juzgados emanan de sentencias emitidas por esta Corte.

¿Quieren una prueba más? Hay dos magistrados que, para mí, destacan. Un poco, porque hay muchísimo nivel, pero tengo debilidad por Louis Brandeis y Antonin Scalia.

Rarezas aparte, con esto quiero decir que siento un profundo respeto por el Poder Judicial. Primero porque creo que hay que estar muy preparado a nivel de conocimiento y gestión de la tensión para un puesto semejante. Segundo, porque creo que siempre debe haber una clave de control a cualquier poder.

«El poder judicial está para saber si una ley emanada tanto del Gobierno como del Parlamento se adecua a la Constitución»

El judicial está ahí, no sólo para dirimir divorcios (todo mi respeto y admiración también a esos jueces), sino para saber si una ley emanada tanto del Gobierno como del Parlamento se adecua al marco legislativo que es la Constitución.

Las mayorías cualificadas, los 3/5 que condiciona reformas en la Constitución o los 3/5 que permiten los nombramientos del Constitucional, no se establecieron para que las cosas fueran fáciles. Se establecieron, de hecho, para que las cosas fueran difíciles y forzar a la negociación.

Por eso la Constitución debe ser difícil de cambiar: porque cambiado el marco a favor de un interés particular, llega el abuso y tras el abuso… pues eso, el totalitarismo.

(Sé que esto está muy manido y que aquí esperan que hable de Venezuela, de Hitler… pero ya ustedes se hacen una idea y conocen ambas historias y los riesgos).

Porque la interpretación de las leyes no es ciencia y ahí radica la paradoja de la comunicación que ha realizado estos días el Gobierno.

Mediante el manejo de absolutos (complot, deslealtad con el electorado, debilitación del legislativo, golpe de estado…)  buscaba que todo sonara a evidente y lógico… pero, en realidad, no lo era tanto.

Pero si en una misma votación del Congreso llevas un emplaste legislativo que integra la abolición de la sedición y la rebaja de la malversación junto a la reforma de Constitucional y del CGPJ para quitártelo todo de un plumazo… lo lógico es que, habiendo vías ordinarias, el Constitucional te lo eche atrás.

Lo paradójico es que, tras la decisión del Constitucional, hablaron las dos autoridades del Estado que tenían sobre ellos la responsabilidad de que se llegase a un acuerdo respecto a la reforma del Judicial.

Meritxell Batet, presidenta del Congreso, admitió que no compartía la resolución, pero la acataba.

Ander Gil, presidente del Senado, hizo una declaración alineada al argumento de Batet, pero parafraseó a Ian Malcolm al decir que «la Constitución se abre paso».

Malcolm es un matemático y, más en concreto, es el papel que hace Jeff Goldblum en Parque Jurásico. En la película, viendo la falta de humildad que los creadores del parque mostraban al generar vida de dinosaurios extinguidos hace 65 millones de años y controlar su reproducción, afirmaba «la vida siempre se abre paso», y me juego lo que sea a que el que hizo la intervención del Sr. Gil es fan de Spielberg (yo también).

Pero la diferencia es que el presidente Gil no hablaba de un sistema en equilibrio como es la naturaleza, sino que se refería a ese desequilibrio que siempre es resultado de ponerle a alguien las cosas excesivamente fáciles.

Ya el miércoles por la mañana, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, volvió a quejarse de lo difícil que se lo pone la derecha mediática, judicial y política y dijo que, dentro de lo que permite la Constitución, él volvería a hacer lo imposible por deshacer el bloqueo del Judicial.

Vamos, que haría lo que la ley permita para renovar el Tribunal Constitucional.

Y lo que hizo fue activar el mecanismo ordinario reconocido y legal por el cual tramitar una reforma de la Ley que rige el Tribunal Constitucional.

Iniciar el procedimiento implicaba que el Gobierno aceptaba, tácitamente, que lo hecho el jueves y frenado el lunes por el Constitucional, pues… no estuvo ni bien planteado ni bien ejecutado.

«Ni la Constitución ni la ley hablan de que los magistrados hayan de representar una sensibilidad o una ideología»

De hecho, implicaba que el voto contrario de los seis magistrados progresistas del Constitucional el lunes, fue una decisión de alineamiento político (¿complot?), no de derecho, porque dudo mucho que se les escapara que el Gobierno tenía dos vías reconocidas para tramitar la reforma: una por iniciativa parlamentaria y otra por iniciativa del Gobierno.

Así que… bienvenidos al desierto de la realidad.

Insisto, las mayorías cualificadas, los 3/5, se pusieron para hacer las cosas difíciles, para potenciar el diálogo y el acuerdo. Cuando se diseñaron, se quería impedir a un solo partido, a una sola ideología, tomar posesión de la norma marco, la Constitución, o del Poder Judicial.

Es más: ni la Constitución ni la ley hablan de que los magistrados hayan de representar una sensibilidad o a una ideología o a una comunión. Solo habla de «reconocido prestigio». Otra cosa es quién reconozca qué.

Así que, para no fastidiar la solidez de la democracia el Legislativo y el Ejecutivo deberían vigilarse a sí mismos, ser responsables con las instituciones y, por tanto, no ponerse las cosas demasiado fáciles.

Publicidad
MyTO

Crea tu cuenta en The Objective

Mostrar contraseña
Mostrar contraseña

Recupera tu contraseña

Ingresa el correo electrónico con el que te registraste en The Objective

L M M J V S D