THE OBJECTIVE
Miguel Ángel Benedicto

La UE es guerrera

«Una Europa que se creó para evitar la guerra y dirimir conflictos en mesas de negociación, necesita un cambio de ADN»

Opinión
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La UE es guerrera

Úrsula Von der Leyen. | Alejandra Svriz

¡Uh!, ¡ah! La UE es guerrera. Es el hit que Úrsula Von der Leyen llevará a las elecciones europeas de junio una vez elegida cabeza de lista del Partido Popular Europeo. Su pasado como ministra de Defensa alemana le dejó huella y no ha dudado coger el fusil al estilo Delacroix frente a Putin en un momento de estancamiento en la guerra de Ucrania. 

Ante el más que posible ascenso de la extrema derecha en los próximos comicios, la presidenta de la Comisión quiere estar preparada por si hay que darles entrada en las instituciones. Von der Leyen no dudará, en un ejercicio de transgenerismo político, en mutar del verde en su lucha contra el clima a flexibilizar sus posturas frente a los agricultores, o cambiar de recibir un millón de refugiados en el gobierno Merkel del que formaba parte en 2015 a endurecer su postura frente a la inmigración en la busca de terceros países «seguros» como Turquía, Túnez o Mauritania para los solicitantes de asilo que quieran llegar a Europa.

Pero, como decíamos al principio, si en algo destaca Von der Leyen es en el ardor guerrero que transmite al apostar por la Europa de la Defensa. Una idea, dos años después del inicio de la agresión rusa a Ucrania, en la que no dejan de insistir líderes europeos como Macron. El presidente francés parece dispuesto a cambiar de su mano tendida a Putin antes de la guerra a ponerse la sudadera verde oliva de Zelenski y amenazar si es necesario con el arsenal atómico francés para disuadir al presidente ruso

Sin embargo, esto requiere un cambio en la mentalidad europea. Una Europa que se creó para evitar la guerra y dirimir conflictos en mesas de negociación, necesita un cambio de ADN. La genética europea no parece tan avanzada como para mutar de la noche a la mañana sus cromosomas pacifistas por los militares. Los muertos en las calles ucranianas como antaño en los Balcanes han sido un shock para los europeos, un despertar geopolítico para el que no estábamos preparados pese a los discursos políticos y la aprobación de múltiples instrumentos para avanzar en la defensa europea desde 2015. La Europa geopolítica que hable el lenguaje del poder con la que sueña Borrell no parece estar tan cercana. Las culturas estratégicas de los 27 Estados miembros difieren demasiado, pese al esfuerzo del Alto Representante por unificar amenazas y maneras de responder a las mismas. No siente lo mismo frente a Moscú un báltico que un italiano; o un español frente a Marruecos o el Sahel que un finlandés. Y a la hora de intervenir militarmente no es lo mismo ser francés o británico, acostumbrados a que sus gobiernos lo hagan, que un alemán o un español cuyas coaliciones de gobierno rechinarían o difícilmente se llevaría a nuestro Parlamento un debate sobre la necesidad de enviar soldados a Ucrania.

«Desde los años 50, Bruselas renunció a crear la Comunidad Europea de la Defensa y puso la defensa territorial del continente en manos de la OTAN»

Lo que Von der Leyen nos quiere decir con su idea de crear el puesto de comisario de Defensa o de avanzar en la estrategia industrial militar europea es que las opiniones públicas europeas deberían confluir en una para confrontar el autoritarismo ruso que pone en jaque los valores europeos. En Bruselas y resto de capitales europeas por fin se han dado cuenta que frente a Putin no solo vale con la potencia comercial o normativa de la UE, sino que es necesario el poder duro militar. Desde los años 50, Bruselas renunció a crear la Comunidad Europea de la Defensa y puso la defensa territorial del continente en manos de la OTAN. El problema es que, pese a la entrada de Finlandia y Suecia en la Alianza, la falta de confianza en nuestro aliado transatlántico es patente. Un presidente gagá al que Putin pone a prueba con el asesinato de Navalny, que puede significar para Biden lo que fue Siria para Obama tras el uso de armas químicas por parte de Assad; o un partido Republicano cada vez más remiso a descongelar 60.000 millones para ayudar a Kiev al estar secuestrado por un Trump que, si llega a la Casa Blanca, ya ha amenazado con dejar de lado a aquellos países europeos que no inviertan el 2% de su PIB en defensa

Europa pese a tener un conflicto en sus puertas desde hace dos años no ha preparado su economía para la guerra. Aunque ha puesto en marcha mecanismos para prestar ayuda militar a terceros países como Ucrania, los 27 todavía debaten si es necesario emitir deuda para crear un fondo con el que invertir en seguridad y defensa o si deben cambiar el proceso de toma de decisiones a mayoría cualificada en cuestiones militares o de política exterior; sin que nadie se ponga de acuerdo en cómo ponerle el cascabel al gato de la reforma de los tratados. Esa falta voluntad política en los Estados miembros ralentiza las decisiones del elefante europeo que, en momentos de inestabilidad y desorden, no son rápidas al moverse con la lentitud de la unanimidad.

Europa desarrolló su economía social de mercado gracias a las importaciones de gas y petróleo barato desde Rusia, la compra de mercancías baratas a China y una defensa dependiente de los Estados Unidos. Esa mesa de tres patas se tambalea y los carpinteros de Bruselas intentan sustituirla por la autonomía estratégica abierta, una manera de llamar a la búsqueda de una menor dependencia de la UE a nivel sanitario, alimentario, tecnológico o militar. La pandemia y la guerra en Ucrania lo han cambiado todo. Del mundo multilateral en el que la UE se movía como pez en el agua, se ha pasado uno geopolítico donde la unilateralidad, el proteccionismo y la anarquía requieren también de tanques y no solo de mantequilla. 

Las sanciones económicas le han pasado a Moscú menor factura de la esperada. Rusia cuenta con el apoyo militar de Corea del Norte e Irán y el económico de China, que le han permitido capear el temporal igual o mejor que la UE. El Sur Global también se ha mostrado neutral con el conflicto y en ocasiones cercano a Putin al acusar a Bruselas de doble rasero por su posición hacia Israel en la guerra de Gaza. A nivel militar Rusia ha incrementado su presupuesto militar y en los últimos meses ha conseguido avances que dejan la guerra en tablas o con ventaja para Moscú con una Ucrania que no recibe las armas prometidas por Occidente y una opinión pública europea que comienza a cansarse de un conflicto que ha subido los precios y ha hecho mella en los bolsillos de los ciudadanos. 

El llamamiento a las armas de Von der Leyen y Macron podría ser el canto del cisne de la Europa que defiende la democracia y el orden liberal, pero que no logra avanzar de las palabras a los hechos en una sociedad adormecida por el opio postmaterialista a la que le cuesta ver que su propia supervivencia está en juego. 

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