THE OBJECTIVE
Cristina Casabón

La novela que no sirve

«Gabo se prometió que no volvería a España hasta que Franco muriese, pero un día cayó en la cuenta de que nunca estiraría la pata, y él se quedaría sin ver este magnífico país»

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La novela que no sirve

Gabriel García Márquez. | EP

García Márquez vuelve a la actualidad porque está publicando la novela guardada en el cajón, porque cumple años publicando y porque lo de publicar «la novela que no sirve», es una idea genial de García Márquez, con o sin permiso del autor. Es una solución inteligente, porque las nuevas generaciones acabarán leyéndolo por error y quizá las publicaciones póstumas remuevan todas las aguas de su obra. Un escritor importante, como García Márquez, no puede admitir el olvido. Seguramente le hubiera gustado verla en las librerías de Madrid. Recuerdo una entrevista de TVE en la que le preguntan qué le gustaría ver por un agujerito sin ser visto. «La vida desde la muerte. Es mi gran sueño, poder ver la vida después de la muerte. Lo único que acepto es no morirme», dice Gabo.

«El Nobel de García Márquez acabó con el boom americano del realismo mágico»

Y aquí sigue, tocando la rosa de su estilo, de su manera personalísima, de sus acumulaciones y de su talento en un último cuento. El Nobel de García Márquez acabó con el boom americano del realismo mágico. Cortázar optó por morirse, Borges también, Juan Rulfo se la pasa charlando con su compañero de tumba, y Vargas Llosa, que parece el más vivaz de los supervivientes, acaba de dejar su columna de El País. 

Gabo se prometió que no volvería a España hasta que Franco muriese, pero un día cayó en la cuenta de que nunca estiraría la pata, y él se quedaría sin conocer este magnífico país. Desde entonces, su estilo a veces nos recuerda a los escritores castellanos, en esa manera sabia de ver la vida. Generalmente, el novelista que recurre a escribir su infancia la trae al presente y es fiel a la memoria de la vida sin renunciar a lo sobrenatural o lo extraordinario. El acierto de García Márquez fue contarlo todo sin matar al niño que cuenta, es decir, que conserva siempre esa magia primeriza en sus novelas, empezando por el padre o abuelo (Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo…).

Esta manera narrativa requiere imaginación, interés por lo sobrenatural y memoria. En los últimos años, la pérdida de memoria le hizo dudar de sus posibilidades de seguir escribiendo. Gabo decía que la memoria era a la vez su materia prima y su herramienta. En cualquier caso leemos mejor un García Márquez póstumo conociendo estos lapsus desmemoriados, que comentan sus hijos en el prólogo. En un acto de traición, también se resuelve que la novela póstuma debe ser publicada, pese al deseo o sentencia final de Gabo. No sabemos desde qué agujero observa su vida póstuma García Márquez, pero está muy presente con su novela de agosto y sus nuevos cien años de perpetuidad. Y muchos más que cumplirá el maestro de los millones de lectores gracias a este cuento largo.

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