THE OBJECTIVE
Antonio Elorza

Política ruin

«Llegamos a una crisis de máxima gravedad sin otro bagaje que un escorarse en contra de Israel cuando está en juego una escalada hacia la guerra total»

Opinión
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Política ruin

Alejandra Svriz

Hace ya muchos años, enseñé en la Universidad de Turín y en uno de sus muros, junto a la entrada de su Palacio Nuevo, había una curiosa pintada, que traducida venía a decir: «Los verdaderos revolucionarios comen mientras los demás duermen, duermen mientras los demás follan (scopano) y follan mientras los demás comen». He dado ahora su verdadero sentido, al buscar una explicación a la singular trayectoria de Pedro Sánchez sobre la crisis de Oriente Próximo. Son las ventajas de caminar con el pie cambiado, de modo que nadie perciba adónde vas.

Fue una trayectoria bien pensada desde un principio, para no comprometerse con la condena del genocidio en ciernes, cometido por Hamás y obtener ventajas para su imagen progresista en cuanto fuera posible. Así, a partir de la agresión yihadista del 7 de octubre, Sánchez omite una condena de inmediato y recibe el apoyo a su silencio de la rotunda declaración militante anti-israelí de Ione Belarra. Solo había que esperar al inevitable contrataque, entonces en forma de bombardeos masivos sobre Gaza, para que las piezas se ajustaran. El espíritu de venganza de Netanyahu ofrecía un asidero seguro.

Tanto las declaraciones políticas de Sánchez como el aparato informativo del Gobierno español se volcaron en la denuncia de la actuación del Tsahel, a favor de las imágenes innegables de una destrucción en curso de la ciudad de Gaza, pero limitando al máximo la condena a Hamás, primero al considerar lo del 7-O como un simple atentado terrorista y sobre todo olvidando en lo sucesivo, tanto el carácter genocida del ataque de Hamás, como la cuestión de los rehenes. Pedro Sánchez había escogido su campo, a favor de corriente de la opinión pública, y solo le faltaba dar con un eslogan que reforzase su opción: la exigencia de los dos Estados. Hasta aquí era la marginación del 7-O el aspecto más destacado de una toma de posición que se hizo merecedora del elogio de Hamás, bien significativo.

La sorpresa fue que la política de gestos no se tradujo en iniciativas aprovechando la presidencia española de la UE: una cosa era presentarse como el paladín de la causa palestina y otra bien diferente jugarse su imagen de presidente en Europa. Gestos y palabras, todos los que se quisiera, pensar en algo útil en favor de la paz, incluso de los palestinos, incluso de la calamitosa situación de Gaza, nada. Luego Sánchez siguió nadando a favor de corriente, con sus medios informando como siempre de manera unilateral, hasta que le dijeron que la crisis iba a subir de temperatura. Y ahí le tenemos de embajador del Estado palestino para conseguir un golpe de efecto con un puñado de adhesiones, mientras la amenaza de Irán, tras el golpe israelí en Damasco, pone la región al borde de la guerra. Es la utilidad de andar con el paso cambiado.

Mientras los demás piensan en cómo evitar la guerra, Pedro Sánchez se dedica a dorar el latón de su gesto pro-palestino, que por otra parte había tenido ya ocasión de convertir en decisión durante los meses pasados, confiriéndole entonces un valor ejemplar. Pero eso tenía sus costes en Europa. Aquí y ahora, ni tiene posibilidad de prosperar en la UE, ni sirve para otra cosa que para lanzar una piedra más contra Israel, algo que Netanyahu es ya un maestro en provocar.

«Sánchez se refugiará entonces como los niños en un ‘yo no he sido’, de exculpación por pasividad»

Así que llegamos a una crisis de máxima gravedad, sin otro bagaje que un escorarse en contra de Israel cuando el escenario es otro y está en juego una escalada hacia la guerra total, tras los cientos de proyectiles lanzados por Teherán. Pedro Sánchez se refugiará entonces como los niños en un «yo no he sido», de exculpación por pasividad, que nos deja fuera de toda iniciativa en un sistema de conflictos que guste o no, es más amplio y tiene como epicentro a la guerra de Ucrania.

Dada la postura de inhibición también aquí adoptada por el presidente, a pesar de sus protestas de europeísmo, sorprende favorablemente que los gestos hayan sido acompañados de envío de material militar. No solo Sánchez inaugura su presidencia europea con una visita a Kiev, sino que un reciente balance del Ministerio de Defensa habla de 60 envíos, cuya entidad real es sin embargo difícil de valorar.

Las deficiencias se localizan en otros dos campos, en la información a la opinión española de lo que está en juego y en el cumplimiento efectivo de las sanciones. El punto más necesario de esclarecimiento es la sustitución de las importaciones de gas natural de Argelia por masivas de gas procedente de Rusia. No ha importado mantener el grifo argelino semicerrado, con tal de preservar la inexplicable fidelidad a Mohamed VI, y en cambio favorecer los ingresos del agresor ruso. Tampoco parece seguro que en España, como en otros países de la UE, funcionen eficazmente las sanciones a los intereses rusos.

Desde la crisis del sistema soviético, había ido surgiendo una trama muy eficaz de explotación depredadora de la economía rusa, gestión de los beneficios desde plazas europeas y cauces de transferencia invisibles, que ahora ha permitido a Putin minimizar el coste de las sanciones y a los tiburones rusos seguir operando. Desde Gibraltar en vez de Londres, pongamos por caso. Silencio oficial, lo mismo que sucede en el plano de la información sobre la política excepcional requerida, cuando va gestándose de manera inevitable la derrota de Ucrania. Pedro Sánchez no piensa gastarse ni un gramo de imagen sobre este punto.

«Hay una singularidad española difícilmente explicable: la presencia en el Gobierno de personajes contra la política occidental»

Llegados aquí, hay una singularidad española difícilmente explicable: la presencia en el Gobierno de organizaciones y personajes militantes contra la política occidental, abiertamente alineados en nombre del «pacifismo» anti-OTAN en contra de los defensores de Ucrania y, por consiguiente, a favor del agresor. Es digno por su parte que el PCE, hoy marxista-leninista, integre la mayoría parlamentaria de Pedro Sánchez, sin renunciar a sus posiciones -ahí estuvo el rechazo a aplaudir en su día a Zelenski-, pero carece de sentido que forme parte de un Gobierno que está cumpliendo sus deberes de aliado. No es cuestión simbólica, ya que por esa presencia en el Gobierno tiene acceso a unos datos y a una política que su organización aspira abiertamente a destruir. Claro que a Pedro Sánchez si le votan, no le importan los riesgos que pudieran afectar al Estado o a Ucrania.

Resulta posible que por sus conexiones pasadas con la izquierda colombiana, en concreto con las FARC, el líder comunista aludido, Enrique Santiago, haya intervenido también en otra toma de posición de calado: la actitud del ministro de Cultura, Ernest Urtasun, desde un primer momento, a favor de las devoluciones en cuestión de piezas significativas en nuestros museos. El hecho es que una parte del Gobierno, Sumar, se ha movilizado por la devolución de la joya de la corona en el Museo de América, el tesoro de los Quimbayas, para enriquecer el museo del Oro de la capital colombiana. Desde el punto de vista de los peticionarios, la pretensión es lógica, y la enlazan con otras precedentes, del busto de Nefertiti a Berlín y del friso del Partenón a Londres. Ocurre, sin embargo, que el tesoro de esa tribu extinguida ya en el momento de la Conquista, fue objeto, no de una depredación, sino de una donación del presidente colombiano en 1892.

Lo preocupante es que sobre un fondo de negativa, Sumar y medios próximos al ministerio, hayan alentado una campaña por la devolución en nombre del anticolonialismo. Y que dado el antecedente catalán, no quepa excluir la sospecha de que Pedro Sánchez acabe decidiendo sobre el tema atendiendo al juego de sus intereses personales. Una política alicorta, ruin.

Y en cuanto al PP sobre tales cuestiones: nada, nada, nada.

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