Gregorio Morán: sentimientos intempestivos
«El rigor periodístico y la deontología profesional se han democratizado tanto que ahora son individuales, horizontales e igualitarios»

Gregorio Morán, columnista de TO.
Mi padre, Gregorio Morán, escribió en relación con los libros de autoayuda: «Por muy estúpido e ignorante que seas, tendrás algún valor que desconoces, que te convierte en un genio, sin tener que dejar de ser un imbécil». Él era un periodista y escritor de raza, pero puedes comprenderlo desde la transición al coaching emocional o la consultoría política si quieres. (1.ª salida. Leer hasta aquí ofendiditos de piel fina y lengua gruesa, perfeccionistas defectuosos y empáticos de cero autocrítica).
Ni 76 ni 79: murió el 23 de febrero de 2026 con 78 años, 6 meses y 18 días. Para cábalas y coincidencias puedes consultar el oráculo o a la IA según creencias y capacidades, pero no los uses para contrastar informaciones: se equivocan.
Entiendo que nos pasa a todos y algunos además buscamos respuestas, pero lo importante es la intención: Wikipedia le quita días de vida y sus compañeros de profesión le ponen años. ¿Cómo era aquello de entender como estupideces lo que pueden ser maldades? A veces es necesaria «La navaja de Hanlon», pero literalmente, para cortar por lo sano.
Tenía ni uno, ni dos ni tres, sino 3 hijos varones. También en esto se han equivocado: dos y no tres hijos, e incluso una hija única llamada Irene Morán (¿?), que según Gémini colaboró estrechamente con él en sus artículos y memorias (¿?) y que solo ella lo sabe porque era muy celoso de su intimidad. Aquí lo ha clavado: lo único cierto. Papá, no me maldigas por hablar de nosotros; te quiero, perdóname.
En el camino de la noticia a Madrid se confundió todo y ya empezamos… Para continuar calificando Landasinluces al difunto de «feliz izquierdista» con el derechoso linaje de la mujer del hijo faltante.
¡Presente!
Así está el gremio.
Ella se dirá que alguien tiene que hacerlo, como los sicarios.
Yo me digo que hay que tener cortas entendederas y mala intención, como la navaja. Politizar desde la cama del hijo a la tumba del padre con tendenciosos titulares no es por buscar coherencia entre sus ideales y los amoríos familiares.
A los difuntos, más respeto y menos reivindicaciones.
Causa de su muerte: hemorragia interna. Muerte en su vida: hemorragia externa. Diagnóstico final: más sangró él. Tratamiento: tiritas en el alma.
Hasta aquí los datos contrastados que molestan casi como las opiniones equivocadas. Juntapalabras precocinados para analfabetos funcionales: abstenerse de tragar lo que te echen, digerirlo en forma de libro y excretarlo con premio literario.
Nota mental: su bibliografía sigue abierta y su biblioteca, cerrada.
El rigor periodístico y la deontología profesional se han democratizado tanto que ahora son individuales, horizontales e igualitarios. Sensacionalismo superfluo y manipulación voluntaria con todo el derecho propio y lleno de respeto ajeno, a mí desde luego.
Hoy, en los medios, el triple filtro de Sócrates (verdad, bondad y utilidad) puede hacerte dudar y perder el curro. Los escritos de Gregorio Morán podían faltar a la bondad con los que carecen de ella, pero eran verdades como un puñetazo en la boca y tan útiles como mirarse al espejo por la mañana. El problema lo tiene el reflejo, que nos enseña moratones y no nos dice lo guapos que somos aún con las legañas. Menudo percal.
La verdad es qué mano me paga y qué mano me pega, así que todos a diferenciar bien la izquierda y la derecha. Nuestro padre nos dijo que en su sector nos caerían muchas hostias. Así que nosotros, mejor a otra cosa.
Onde va a parar el que puede prometer y cumple… al menos con los suyos.
(2.ª salida. Leer hasta aquí los bienquedas de sentimientos asépticos, valoraciones estéticas, comentarios inapropiados y visitas protocolarias sin ningún protocolo, que somos progresistas).
Él despellejaba sus piezas en el momento, como cualquier buen cazador debe hacer.
Si no, se calientan y pudren y solo sirven de inútil trofeo para los de pegar tiros al aire.
Su última presa —conozco que conoce el honor de haber sido cazada—, Manuel Escribano, el cocinero sin catalán de la Generalitat; las «mandonguilles» alimentan más que las albóndigas, aunque siempre puedes normalizar «almóndigas» como palabra de clase no discriminatoria y comer requetebién hablando requetemal.
El periodismo es crítico o complaciente, insobornable o cómplice.
La política parece no tener estas opciones para los animales que viven de ella.
Él llamaba mandarines a los «artesanos del consenso». Son tus excusas y pretextos.
No le llames «cáustico» por desnudar tus desvergüenzas y no hables de relaciones de conveniencia: lo que son, son lecciones de amor sin clases, que nunca aprenderán los maniqueos sin su manual de montaje.
La violencia verbal es el último recurso para la justicia poética.
Él pudo gritar guapa a su mujer y, seguro, «hijo de puta» a tu político favorito.
La acidez como medio de defensa o la rabia que sale antes que las lágrimas.
Parezco enfadado porque lo estoy y es mi martirio, pero sin penitencia, ojo.
No es revancha, sino solo mi respuesta. Mi terapia a tu absurda guerra.
Siguen hablando de deudas en pesetas que les pagó con su desprecio.
Llamarle atrabiliario o, mejor, abiertamente violento. Nos da igual…
Lo que estaba es un poco huérfano. Y ahora nosotros, un mucho solos.
(3.ª salida. Leer hasta aquí los de «pensar me da pereza», «pensar cansa» y «películas para no pensar»).
Tenemos que valorar como una victoria cada iniciativa de personas como él, con principios, honestas y comprometidas. Debemos desacreditar los falsos triunfos de fanfarrones con intereses hipócritas y finalidades ocultas.
Solo defendemos nuestro espacio para disfrutarlo en paz. Eso no es lo mismo que ir atacando a los demás.
La diferencia es salomónica: ¿qué estás dispuesto a perder?
Ya no hay más salidas disponibles.
Ahora que estamos todos y, aprovechando que la espiritualidad es un tinte de pelo, un piercing con crucecita colgando o un concierto pop, yo confieso que me tatuaría una lágrima en el ojo, pero no tengo tanta piel para lo que se me viene encima y no quiero dar el cante a los simples de las etiquetas, las banderitas y esos pines en la solapa de vaya usted a saber qué, que somos nacionalistas.
Solo voy a dar las explicaciones de este texto, aunque nadie me las haya pedido, ya que se bastan y sobran. Esto me sirve para escribirle y llorarle un poquito todos los días.
No es fácil superar esto sin Dios, ni Patria ni Amo. No es fácil asumir esto sin intentar entenderlo, sin rechistar al menos o sin mandarlo todo a tomar por culo.
Mi mundo individual se desmorona y no digamos el colectivo, pero no levantes la voz, que pierdes la razón.
Mejor pongamos la otra mejilla en lugar de echar a los mercaderes del templo:
Anticatalanista que ama la Cataluña que le han robado y vendido mil veces, pero siempre algún cándido y muchos bandidos han vuelto a comprar y vender. Asturiano que canta el Patria Querida en el exilio hasta que la muerte le abra por fin las puertas de su paraíso natural. Español de nacimiento y comunista de adopción, excomulgado de los sillones, soltero en la boda de las ideas y voluntarioso notario en el fingido divorcio de las conveniencias de cada cual.
Autónomo con cargas sin cargo: pagaba la mejor de las Españas como la mejor de las personas para cobrar en culpas cainitas de acomodados funcionarios.
No tenía carné de conducir, pero andaba atropellando a ambos lados, en sentido único y contra la doble dirección: del centro a la periferia acabó dando vueltas en una puta rotonda mientras le pitan los soberbios y seguros desnortados.
Todavía tiene dos recursos a los que de nada a nadie tendrá que acudir, gracias a Cachos de Vanguardia con mucho público al que servir.
Estaba dispuesto a hablar y arrepentirse, pero eso, a estas alturas, es debilidad y duda.
Mejor reivindicar tu modo de vida para que te den para vivir.
A él le negaron las dos cosas.
A mí, que soy zurdo total (de ojo, mano y pie), se me aparece diestro en el espejo. Nos vemos aquí y allá, así que no quiero romper el cristal.
Nos dejará su recuerdo y su fuerza, su sonrisa sincera y su mirada clara.
Serviremos su especialidad: lengua estofada con puré de patatas y salsa de zanahoria (traducción e interpretación no disponibles). Deberá masticar poco, pero usted solito, y que no se le atraganten las palabras, que las carga el Diablo.
La buena uva para un buen vino nace del áspero páramo, no de la fértil vega.
Otra cosa es meter los pies en remojo en la orilla del río… le recuerdo así los domingos de infancia, pero nunca sus sabatinas profesionales.
De postre, el arroz con la mala leche de la abuela.
Yo, por lo menos, ya estoy bastante quemado para chamuscar natillas y el médico dice que no las merecemos.
Vamos a decirle la verdad: acabaremos con copa y puro.
Para terminar, intentaré acertar —esta vez sí— con los tiempos verbales:
Él era el mejor. Él es nuestro padre. Él será el maestro en el erial.
Si has llegado hasta aquí, es tan fácil como cerrar al salir y no volver si no querías haber venido. Estate callado o lávate la boca después de hablar mierdas.
Si solo es por llevar la contraria, serás bienvenido al Club de Amigos de Gregorio Morán.
Con exceso de aforo y ahora cerrado por defunción, el de enemigos puede ahorrarse los comentarios. Además, él nunca los leyó.
A modo de homenaje, pondré los obituarios, el del gran maestro el primero: Francisco de Quevedo y su «amor constante, más allá de la muerte».
Gracias, papá, y D. E. P., Gregorio Morán.