The Objective
Román Cendoya

Progresismo zombi

«Tanta historia y tanta presión para que la transformación social acabe en manos de Pedro Sánchez es el síntoma de los estertores de un movimiento político»

Opinión
Progresismo zombi

Ilustración generada con IA.

El mundo tiene futuro. Una convocatoria como la del Global Progressive Mobilisation podría preocupar, en la coyuntura actual del mundo, por lo que supone de división y ruptura de la sociedad. Sería una visualización de bloques enfrentados con el deterioro que ello provoca. Ahora bien, cuando ves el nivel de tan rimbombante convocatoria y analizas el peso político de los asistentes, en realidad te produce una gran emoción porque el mundo tiene futuro.

¿Quién podía pensar que el progresismo oficial mundial podía caer tan bajo como para que el líder de ese movimiento fuera Pedro Sánchez? Tanta historia, tanta influencia política y tanta presión para que la transformación social acabe en manos de Pedro Sánchez es el síntoma de los estertores de un movimiento político que fue fundamental a finales del siglo XX y primeros años del siglo XXI. El movimiento progresista está liderado por un personaje capaz de comprar su supervivencia política con herederos de terroristas, xenófobos nacionalistas y extremas derechas identitarias porque ha perdido todas las elecciones a las que ha concurrido desde 2023. Pedro Sánchez, líder de la mobilisation, llegaba a Barcelona después de mostrar su vasallaje y sometimiento al tirano dictador de la China, Xi Jinping.

El casting no podía ser más intrascendente. Nadie de Europa, porque el progresismo en Europa, entendido como lo practica Pedro Sánchez, es un movimiento en modo zombi. El progresismo no puede ser mujer imputada por cinco delitos de corrupción, el hermano cuatro, sus números dos mucho más de lo mismo, regularizaciones masivas al margen de la UE, posiciones insolidarias con los socios, alineamiento con los enemigos de Occidente, cuando no leyes de amnistía a golpistas, que reducen la pena a agresores sexuales y violadores e incluso excarcelaciones de sanguinarios terroristas. Ese es el balance político del líder del Global Progressive Mobilisation.

A un personaje así le acompañan líderes de su pelaje. Lula da Silva, quien salió de la cárcel tras su encarcelamiento por corrupción pasiva y blanqueo de fondos. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, representante de los pueblos originarios de México. Esos que, como todo el mundo sabe, son de origen judío de las tribus de Lituania y Bulgaria. Ella que sí que tiene fotografías recientes con el mayor narco de su país. También está Gustavo Petro, famoso por defecar en la cara de sus secuestrados cuando era terrorista antes de tener vínculos con el poder narco de Venezuela. Y se le han acabado los presidentes.

No hay nadie más interesado en estos saraos que los expresidentes, como el chileno Boric, en busca de su futuro. También es fijo en estas reuniones José Luis Rodríguez Zapatero. Porque no hay nada más progresista que el lobismo. Esa dedicación de Zapatero que busca influir en las decisiones de los poderes públicos afines —gobiernos y parlamentos— para defender intereses específicos de empresas a las que cobrarles enormes cantidades de dinero por sus gestiones. Por el uso y abuso de traficar con su poder e influencias, Zapatero cada día está más cerca de su imputación judicial. Hacer negocios con la narcodictadura venezolana tiene esas cosas.

«El progresismo no puede ser mujer imputada por cinco delitos de corrupción, el hermano cuatro, sus ‘números dos’ mucho más de lo mismo, regularizaciones masivas al margen de la UE»

El resto de asistentes han sido palmeros y de menores cuantías, como Illa, Cuerpo y personal de obligatoria asistencia. Es curioso que no haya contado con su vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, ni con los socios de su pacto de investidura.

Lógicamente, viendo el nivel de los asistentes y su trayectoria, otros presidentes de la órbita progresista han declinado la asistencia. Por ejemplo, el presidente de República Dominicana, Luis Abinader, progresista, que no encaja en lo personal y en su práctica con los antecedentes de los citados. Por ello, envió una respetable delegación.

En el mundo de la política empieza a producir pánico todo aquello que toca Pedro Sánchez. Hay que tener en consideración que, desde que Pedro Sánchez se convirtió en el líder mundial de la Internacional Socialista, el socialismo ha entrado en un espectacular retroceso mundial.

Quizás sea porque se está tomando conciencia de que Pedro Sánchez sea «gafe sotanillo», como con tanto detalle lo calificó el añorado Alfonso Ussía. El gafe sotanillo es el más peligroso de todos los gafes porque provoca todos los males al desgraciado que se topa con él sin él sufrir por la adversidad.

La verdadera reunión progresista es la que se ha celebrado alrededor de la premio nobel de la paz, María Corina Machado. Reconocimientos oficiales y homenajes. La paz en forma de Premio Nobel siempre se ha considerado algo muy progresista. Hasta que Pedro Sánchez decidió no felicitarla —menos mal, le habría pasado algo peor de lo que ya lleva sufrido— porque perjudicaba a la dictadura de Maduro y a los negocios de Zapatero.

El mundo ha cambiado tanto que lo progresista, en el formato clásico, resulta rancio, vacío, obsoleto y sin contenido. Pedro Sánchez.

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