The Objective
José María Rotellar

Sánchez contra Cos: el resentimiento de la mediocridad

«Es triste que los méritos que reúne Hernández de Cos para presidir el BCE —rigor, independencia— sean los que provoquen que el Gobierno no apoye su candidatura»

Opinión
Sánchez contra Cos: el resentimiento de la mediocridad

Ilustración de Alejandra Svriz

Este periódico publicó hace unos días que el Gobierno no va a apoyar a Pablo Hernández de Cos como candidato a la presidencia del Banco Central Europeo (BCE), puesto para el que tiene opciones y, desde luego, sobrados conocimiento y experiencia, tras su brillante desempeño como gobernador del Banco de España. Tal y como se relata en la noticia publicada por THE OBJECTIVE, Sánchez no le perdona que no alabase sus políticas, que considera como una oposición en toda regla a él, cuando Cos solo cumplía con su deber, no por criticar a Sánchez, sino por señalar los problemas económicos que la política fiscal aplicada podía causar en la economía española. Según dicha información, tampoco Escrivá quiere a Cos como presidente del BCE y solo Cuerpo lo defendería, pero es indiferente lo que piense cada miembro del Gobierno, porque se impondrá el criterio de su número uno.

En un momento en el que la política monetaria vuelve a situarse en el centro del debate económico europeo, la elección del próximo presidente del Banco Central Europeo no es una cuestión menor. La estabilidad de precios, la credibilidad institucional y la correcta transmisión de la política monetaria dependen, en gran medida, de la capacidad técnica, independencia y criterio de quien ocupe ese cargo. En ese contexto, la candidatura de Pablo Hernández de Cos es una opción sólida, coherente y altamente deseable tanto para la eurozona como para España.

Hernández de Cos no es un desconocido en los circuitos de la política monetaria internacional. Su trayectoria al frente del Banco de España ha estado marcada por el rigor analítico, la prudencia en la toma de decisiones y una defensa constante de la ortodoxia económica. En un entorno caracterizado por tensiones inflacionistas, incertidumbre geopolítica y retos estructurales, su perfil encaja con lo que el BCE necesita: un gestor que priorice la estabilidad y que entienda la política monetaria no como una herramienta política, sino como un instrumento técnico al servicio del equilibrio macroeconómico.

Uno de los rasgos más destacados de Hernández de Cos es su sólida preparación académica y técnica. Economista de formación rigurosa, con una amplia experiencia en análisis macroeconómico y política monetaria, ha demostrado una capacidad notable para interpretar la complejidad del entorno económico global. No se trata únicamente de conocimiento teórico, sino de su aplicación práctica en la toma de decisiones. Bajo su dirección, el Banco de España ha reforzado su papel como institución de referencia en el análisis económico, con informes que han ganado en profundidad, claridad y relevancia.

A ello se suma un elemento esencial en cualquier autoridad monetaria: la independencia. Hernández de Cos ha sabido mantener una posición autónoma frente a las presiones políticas, defendiendo en todo momento criterios técnicos, incluso cuando éstos resultaban incómodos para el Poder Ejecutivo. Esa independencia no es un atributo menor; es la base sobre la que se construye la credibilidad de un banco central. Sin ella, las expectativas de los agentes económicos se desanclan y la eficacia de la política monetaria se resiente.

«Su gestión al frente del Banco de España ha sido un ejemplo de equilibrio entre prudencia y firmeza»

Su prestigio internacional es otro de los factores que refuerzan su candidatura. No solo es respetado en los foros europeos, sino que su voz ha sido escuchada y valorada en organismos multilaterales. La interlocución en el seno del BCE exige no solo conocimiento, sino también capacidad de generar consensos y de influir en el debate. Hernández de Cos ha demostrado ambas cualidades, consolidando una imagen de gestor solvente y de interlocutor fiable.

Además, su gestión al frente del Banco de España ha sido, en términos generales, un ejemplo de equilibrio entre prudencia y firmeza. Ha alertado de los riesgos fiscales, ha señalado las debilidades estructurales de la economía española y ha defendido la necesidad de reformas que impulsen el crecimiento potencial. Todo ello sin caer en el alarmismo, pero sin renunciar a la claridad. Ese saber hacer es precisamente lo que se espera de quien aspire a dirigir el BCE: una combinación de diagnóstico certero y capacidad de actuación.

Si Sánchez decide no apoyar la candidatura de Hernández de Cos, cometerá un gran error. No por no apoyar a un español, sino por no apoyar a quien, probablemente, sea la persona que mejor puede cubrir dicha posición. Ahora bien, si Sánchez no lo apoya no será, precisamente, por resentimiento hacia el antiguo gobernador, por hacer bien su trabajo, por señalar los desequilibrios de las políticas aplicadas y alertar de sus peligros. Es triste que los méritos profesionales que reúne Hernández de Cos para presidir el BCE sean los que provoquen que el Gobierno, es decir, Sánchez, no apoye su candidatura, si es que finalmente decide no hacerlo. Esa negación del apoyo solo se entiende desde un afán vengativo que solo puede emanar del resentimiento propio de la mediocridad.

Sea o no presidente del BCE, Hernández de Cos será recordado como un gran gobernador del Banco de España, un magnífico economista que puede ir a desempeñar su profesión donde quiera, porque es valorado, apreciado y respetado. Otros solo serán recordados por su mediocridad, que nutre su complejo, por una urna detrás de una cortina, por unos pactos realizados hasta con el antiguo brazo político de ETA, por una amnistía que viola la Constitución, por la corrupción que los rodea, por el revuelo de una tesis y por una política económica dañina para la estructura de la economía en el medio a largo plazo, en una suerte de pan para hoy y hambre para mañana. Es la diferencia que hay entre los brillantes y los mediocres.

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