The Objective
Mar Llera

El Real Madrid, Taiwán y la estrategia de la anaconda

«Nadie duda de que Riquelme es un individuo con talento, ambición y capacidad de riesgo que ha osado desafiar a Florentino Pérez»

Opinión
El Real Madrid, Taiwán y la estrategia de la anaconda

Ilustración generada por la IA.

A estas alturas, nadie duda de que Enrique Riquelme es un individuo con talento, ambición y capacidad de riesgo. Ha osado desafiar a Florentino Pérez, decano del empresariado deportivo español, y trata de arrebatarle la presidencia del Real Madrid desde una entidad, Coxabengoa, cuyo valor de mercado —inflado por las expectativas— duplica su patrimonio neto.

Ahora bien, la abrumadora diferencia entre los más de 33.000 millones de euros en que está valorada ACS, la corporación de Florentino, frente a los 1.140 millones de Cox; la negativa de la banca española a avalar al alicantino, o las sospechas acerca de su entorno y propósitos son factores, sin duda, elocuentes. Y hay más. En este litigio ha pasado inadvertida una vulnerabilidad estructural de alcance geopolítico. Riquelme ha decidido posicionarse, consciente o inconscientemente, en el epicentro del fuego cruzado entre China y la democracia taiwanesa.

Por una parte, el empresario levantino ha firmado acuerdos con las corporaciones chinas Hygreen Energy y Gotion High-Tech para desarrollar proyectos en Andalucía, con el aval de Chinalink ESG y del IDCPC. Esta última entidad es el brazo del Partido Comunista Chino encargado de influir en partidos políticos y élites extranjeras para alinear sus áreas de influencia con los intereses de Pekín. Ignoramos si al establecer esta alianza se han tomado en consideración las advertencias del Informe Draghi (2024) sobre las dependencias asimétricas que lastran nuestras relaciones con el gigante asiático y que están erosionando gravemente la competitividad industrial europea, como expuse en un reciente informe entregado a la Junta de Andalucía.

Al tiempo de estrechar lazos con organizaciones chinas, Coxabengoa se ha comprometido con la sociedad taiwanesa Kuo Toong para construir y operar la mayor desalinizadora de Taiwán a través de la Agencia de Recursos Hídricos (WRA), dependiente del gobierno democrático de Taipéi. Las instalaciones se ubicarán en el municipio de Tainan, un enclave costero particularmente expuesto a las hostilidades chinas. El objetivo prioritario de la planta es abastecer al Southern Taiwan Science Park (STSP), donde se encuentra una de las sedes de la corporación TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company), que requiere ingentes cantidades de agua para la fabricación de los microchips más avanzados del mundo. Se trata de un enclave geopolítico y geoeconómico incandescente.

Como es sabido, desde que en 2016 el Partido Democrático Progresista (PDP) recuperara el gobierno de Taipéi, Pekín viene desplegando una encarnizada ofensiva. La victoria de Lai Ching-te en 2024 —de la que fui testigo directo como observadora internacional— solo ha servido de pretexto para agravar las amenazas. La conjugación de tácticas «grey-zone» y de «amenazas híbridas» —que combinan hostigamiento militar, intimidación política, coerción económica, infiltración institucional, asedio digital y desinformación salvaje— está asfixiando a la primera democracia asiática como nunca antes en su historia. Se trata de la «Estrategia de la Anaconda» dirigida a posibilitar la anexión de Taiwán: la presión se vuelve crecientemente insoportable, las calles se llenan de indicaciones sobre refugios antiaéreos, se ofrece formación militar a la ciudadanía y se respira miedo.

En este contexto casi prebélico, Estados Unidos ya no se comporta como el principal bastión defensivo de la seguridad taiwanesa: la política transaccional de Trump y sus veleidades han socavado las garantías. De hecho, durante su reciente cumbre con el presidente chino Xi Jinping, lo que no ha trascendido se estima más elocuente que cualquier declaración pública. Nadie sabe con certeza de qué se trata, pero para Taiwán no pinta muy bien. Tan solo el «Silicon Shield» taiwanés, su admirable liderazgo global en la industria de semiconductores, con la corporación TSMC a la cabeza, representa todavía una sólida fortaleza ante las amenazas de uno, las inconsistencias de otro y la ambiciosa voracidad de ambos.

Desde estas premisas se hace evidente que, al construir, operar y mantener durante 15 años una infraestructura crítica en Taiwán, Riquelme no solo lleva a cabo una obra civil. Se convierte en un actor logístico vital para la industria que, además de sostener la economía de ese país, preserva tanto la seguridad nacional de una democracia aliada como la seguridad internacional y, por extensión, la estabilidad de las cadenas globales de suministro.

Quiero suponer que Coxabengoa ha llevado a cabo un pormenorizado análisis de riesgos y ha tomado todas las precauciones para que ningún componente, software o sistema de control de Hygreen Energy o de otros socios chinos pueda ser utilizado en la desalinizadora de Tainan. De lo contrario, podría abrirse una «backdoor» que posibilite el acceso a datos sensibles de infraestructuras imprescindibles para la supervivencia de la isla. Además, en caso de que el estrecho de Taiwán se convirtiera en objeto de un abierto conflicto militar, el suministro de repuestos o el soporte de software podrían quedar comprometidos. Quien tenga dudas sobre este tipo de amenazas debería consultar la abundante literatura científica y de inteligencia en torno a las prácticas sistémicas de infiltración y espionaje industrial por parte de actores chinos, sus iniciativas de penetración a través del Sharp Power, sus actuales ataques híbridos sobre la isla y su fusión de los ámbitos civil y militar en ciertos sectores estratégicos.

Ante un escenario de tal envergadura, aspirar a la presidencia del Real Madrid representa un riesgo de vértigo. La precariedad de la posición de Riquelme, el carácter todavía emergente de su sociedad, sus vulnerabilidades estructurales, sus ataduras financieras y sus contradictorias alianzas tienen implicaciones de alcance en el ámbito de la seguridad geoestratégica y geoeconómica que deberían ser objeto de prudente consideración —o de «diligencia debida», según la terminología jurídica—. Lamentablemente, dudo que se esté llevando a cabo un adecuado escrutinio, dada la habitual naïveté de nuestro entorno político y societario en lo que respecta a los propósitos y el modus operandi del coloso oriental.

En 2018, con ocasión de la visita de Xi Jinping a nuestro país, advertí que a China no le interesan tanto nuestras exportaciones cuanto nuestra posición geoestratégica, pieza clave en sus ambiciones comerciales y neoimperialistas. Mientras España busca comercio e inversiones, Pekín busca la hegemonía. Y lo hace a través del control de rutas comerciales, de materiales, tecnologías e infraestructuras críticas. Bruselas lo sabe; por eso ha reforzado los mecanismos de escrutinio de inversiones extranjeras (FDI) y está tratando de proteger nuestros sectores estratégicos frente a vulnerabilidades y dependencias asimétricas, en línea con el Informe Draghi. Ahora bien, a medida que el gigante asiático se integra en nuestros procesos de producción y en nuestra cadena de valor, como está sucediendo en el caso de Coxabengoa y en muchos otros, de poco sirve poner aranceles a las importaciones chinas, cuestionar su política de subsidios estatales o su sobrecapacidad industrial. Nuestras alianzas desdibujan los límites entre «nosotros» y «los otros» en un «nos-otros» híbrido y polisémico.

Durante los últimos años, el plan de China para proyectar autoridad diplomática y comercial se ha extendido a la conquista de legitimidad social y al control de redes de influencia; de ahí su estrategia de cooptación de élites. Pekín necesita figuras a un tiempo relevantes y vulnerables, como Riquelme, para conquistar las llaves del poder fáctico. El Real Madrid es, sin duda, una de las instituciones que vertebran tal poder en nuestro país. El palco del Bernabéu funciona como centro de gravedad del capitalismo español, un zoco donde confluyen reguladores, empresarios y autoridades políticas. Contar con un empresario emergente, ambicioso, que se encuentra en una posición de arriesgado equilibrio y mantiene alianzas estratégicas con entidades chinas abriría, sin duda, magníficas oportunidades a sus socios. Además de contrarrestar la desconfianza hacia la política industrial de Pekín y sus intenciones anexionistas respecto de Taiwán, Riquelme podría ser utilizado como una nueva puerta de entrada al capital chino en nuestro país, un capital que lleva años haciéndose con nuestros activos estratégicos sin el escrutinio debido.

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