Del cero al infinito
«Es un paso decisivo —y agresivo— para imponer el euskera a los ciudadanos»

Ilustración generada con la IA.
Cuando la enseñanza se pudre, el contagio al resto del cuerpo social resulta inevitable, más a corto que a largo plazo. Hoy, en Venezuela, la población damnificada se da cuenta, viendo su capital en ruinas, de que ese es el evidente y ya inevitable resultado de la gobernanza fracasada de Chávez y Maduro. Inútil lamentarse, es tarde: ahora toca reconstruirlo todo, partiendo de los palotes donde se aprenden las primeras letras.
En España también podemos ver los dramáticos efectos de una educación pervertida por la ideología, según impone el nacionalismo en las regiones que ha fagocitado. En el País Vasco se ha dado últimamente una llamativa alarma que puede servir para rastrear la deriva del propósito educativo en las manos sectarias (y, por tanto, torpes y falseadoras) de los separatistas (que son, nunca viene mal repetirlo, los mayores y peores enemigos de la democracia liberal). En las pruebas de PAU, para acceso a los estudios universitarios, un número exageradamente elevado de postulantes ha obtenido cero como calificación en euskera. Un cero: más que una calificación, una descalificación que les dejaba sin oportunidades para seguir estudios en la universidad.
Debe haber varias explicaciones para esta arbitrariedad aniquiladora, empezando por la personalidad vesánica de la profesora que corrigió todos esos ejercicios. Pero lo más significativo es que esta masacre académica coincide con el pacto parlamentario entre PNV y EH Bildu, es decir, una especie de Lizarra lingüística que excluye a los castellanohablantes, un pacto según el cual será cada una de las instituciones vascas la que determinará por su cuenta y riesgo, sin consultar a nadie, qué nivel de euskera se exigirá a cada funcionario. Es un paso decisivo —y agresivo— para imponer el euskera a todos los ciudadanos, quieran o no, sobre todo si no quieren (como la mayoría de ellos), aplastando socialmente a los que hablan castellano.
¿Para qué sirve en la práctica esta decisión claramente totalitaria y, a mi juicio, anticonstitucional de toda evidencia? Pues, sencillamente, para producir vascos de diseño. La educación en Euskadi no servirá para preparar laboral y socialmente a los ciudadanos hoy empadronados en el País Vasco, sino para producir un modelo de vascuence que responda al ideal nacionalista. Y, claro, el vasco ideal debe hablar en euskera, para que no quede duda de que no es un español como los demás, sino una mutación fabricada con tiempo y mimo en las ikastolas. Sinceramente, no creo que la raza mejore mucho con este tratamiento. Me parece que seguirá más cerca del cero del que parte que del infinito milagroso al que espera llegar: fíjense en ellos, fíjense.