The Objective
Anna Grau

¿Hacia la Gaza del Caribe?

«Una ya no sabe qué debe dar más miedo en Venezuela: si ser víctima del monstruoso terremoto, o de las monstruosidades que están pasando después»

Opinión
¿Hacia la Gaza del Caribe?

Ilustración de Alejandra Svriz.

Una ya no sabe qué debe dar más miedo en Venezuela: si ser víctima del monstruoso terremoto, o de las monstruosidades que están pasando después. Policías chavistas encabezando el vandalismo, robando a manos llenas en los centros comerciales. Ayuda humanitaria bloqueada por razones políticas, sea por miedo a que las FARC de la vecina Colombia arrasen con todo, sea por no admitir que Israel se ha volcado con los judíos venezolanos. Y con los venezolanos que no son judíos también, aunque eso la prensa woke antisemita no lo recoja. Esa prensa que se declara partidaria de que Delcy Rodríguez rechace la mismísima ayuda norteamericana «para no dar argumentos a la oposición de derecha radical de María Corina Machado» (sic). Que mejor afronte el desastre ella solita, con la probidad y eficacia demostradas por su regimentucho durante décadas. ¿Cuántos muertos y desaparecidos extra son aceptables para que ningún bolivariano, sea del tipo iluminado, del tipo aprovechado o directamente del tipo Zapatero, reconozca el fracaso?

«Es el fin de Venezuela, la van a convertir en la Gaza del Caribe», me dice con enorme amargura alguien que no se puede permitir el lujo de engañarse sobre lo que allí acaece. La frase agita en mi cerebro el recuerdo del libro que Josep Pla escribió después de visitar Israel en 1957. Una maravilla de libro, ¿saben? La prosa de Pla no solo embelesa por su elegancia, sino por su precisión quirúrgica tratando un tema y una situación que todavía no se habían envenenado de la propaganda actual. Aunque el maestro Pla ya oía resoplar de lejos a la ballena. Tras la batalla del Sinaí y la crisis del canal de Suez, ya constató que el mundo árabe, tras fracasar en sus designios de borrar el Estado judío del mapa, se había dedicado a fabricar una crisis humanitaria atroz, perpetua, y a revestirla de un nivel de manipulación y tergiversación digno de Goebbels.

Vale la pena leer Israel, de Pla, el que tenga tiempo y presencia de ánimo, porque pocas veces se ven cuestiones tan complicadas (o enmarañadas adrede) explicadas con esa sucinta claridad. A saber: el maestro Pla describe cómo la guerra de 1948 no fue entre judíos y palestinos, sino entre judíos y árabes. Palestinos eran entonces todos los que vivían en Palestina, y no fueron los judíos los que se negaron a convivir allí con los árabes, sino, al revés, fueron cinco potencias árabes las que intentaron arrojar a los israelíes al mar. De haberlo conseguido, nadie hablaría ahora de ningún «Estado palestino». Lo que ahora se reivindica como tal sería hace tiempo un trozo de Egipto o de Jordania.

Pero como ni cinco ejércitos, cinco, con oficiales británicos al mando, fueron capaces de cargarse un Estado neonato, diminuto, mas resuelto a sobrevivir de una vez por todas, entonces se les ocurrió inventarse la «causa palestina». Los únicos árabes inteligentes y afortunados de la zona fueron los que se quedaron a vivir como ciudadanos de Israel, obteniendo así más derechos que casi ningún árabe de su entorno. Los que no quisieron quedarse, ¿fueron recibidos con los brazos abiertos por sus hermanos de religión? Qué va. Les fabricaron un infierno a medida y les mandaron a pudrirse en él para siempre, en calidad de refugiados perpetuos, dementemente convencidos de que Israel es desechable y de que eso solucionaría todos sus problemas. Nada más les faltó convencerse de que la Tierra es plana.

Pla no dejaba de observar, ya en 1957, que potencias occidentales como Reino Unido y Estados Unidos eran perfectamente conscientes de este engaño, así como de otros muchos que se han ido acumulando en la leyenda negra antisemita. «Saben que los árabes mienten, pero miran para otro lado para no poner en peligro los intereses petroleros», escribe casi textualmente Pla (perdón por citarle de memoria, no tengo el libro aquí). Peor aún: la ONU se apresuró a crear la UNRWA, la agencia «humanitaria» para estos refugiados de laboratorio y de diseño. Jugada maestra de los árabes: no solo los «palestinos» no les costaban dinero, sino que se lo hacían ganar, pagando Occidente (nosotros). Jugada maestra.

Como todo es susceptible de empeorar y, ya lo habrá notado el lector astuto, la corrupción llama a la corrupción, esta UNRWA que empezó como una mezcla de majadería y cobardía acabó erigiéndose en un monumento al cinismo y al trinque institucionalizado. Sobre todo desde que Hamás tomó el control en Gaza, hurtando descaradamente toda la ayuda humanitaria para pulírsela en túneles y en vicios, los «profesionales humanitarios» de la zona, por llamarlos de alguna manera, o callan y otorgan para que no les echen (o algo peor), o son cómplices entusiastas del saqueo. Igual que no movieron ni un dedo para auxiliar a los rehenes israelíes del 7 de octubre, o para denunciar el uso de hospitales como guaridas de terroristas.

¿Entienden ahora el alcance de vaticinar que Venezuela vaya camino de convertirse en la Gaza del Caribe? Duele el corazón ver que te llegan invitaciones a donar algo para ayudar… y que, por otro lado, gente que está puesta en la materia te advierta del peligro de que todo lo que dones vaya a parar a las entrañas del mismo monstruo que está a punto de escupir los últimos huesecillos del que una vez fue uno de los países más bellos y más naturalmente ricos de América Latina.

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