The Objective
Segismundo Álvarez

El acuerdo con Irán y los límites de la fuerza

«Era cuestión de tiempo que Trump claudicara, aburrido de no obtener lo que quiere y de verse empantanado en otra de las 'forever wars' que tanto había criticado»

Opinión
El acuerdo con Irán y los límites de la fuerza

Ilustración de Alejandra Svriz

Poco después de la intervención en Venezuela, Trump y su acólito Stephen Miller proclamaban la fuerza como única ley del derecho internacional. Aplicando esta —supuestamente— nueva teoría, Trump decidió dos meses después utilizar toda su fuerza contra Irán, con los objetivos declarados de parar su programa nuclear, impedir su intervención en otros países a través de grupos afines, y reducir su capacidad militar. Pero apenas unos días después se dieron de bruces con una realidad de la que algunos habíamos advertido: cuando la fuerza es la única ley y la aplicas sin restricción, pronto los demás descubren los límites de esa fuerza.

En efecto, a pesar de los bombardeos, EEUU no ha sido capaz de evitar que Irán enviara drones y misiles sobre sus vecinos y descubrió que además podía, con escaso coste, bloquear selectivamente el estrecho de Ormuz, con graves consecuencias económicas. La única opción para cambiar el régimen y destruir la capacidad nuclear y militar pasaba por una invasión terrestre, algo casi imposible militarmente, y absolutamente inviable políticamente.

De esta forma, los defensores del poder desnudo revelaron a Irán —y al mundo— hasta dónde llegaba su fuerza, y en consecuencia su debilidad. Una vez descubiertos los límites políticos y militares de Trump, la victoria correspondía claramente al régimen teocrático y criminal de Irán, al que no le importan las privaciones y sufrimiento de su población ni tiene que enfrentarse a unas elecciones en noviembre. Era cuestión de tiempo que Trump claudicara, aburrido de no obtener lo que quiere y de verse empantanado en otra de las forever wars que tanto había criticado.

Aunque se veía venir, el acuerdo sorprendió por ser prácticamente una claudicación. Parece obtener el compromiso de Irán de no obtener armamento nuclear, pero eso ya lo decía antes, aunque hiciera lo contrario. La apertura del estrecho de Ormuz es una vuelta a la situación anterior, o algo peor, porque la referencia a la gestión del estrecho por Irán y Omán indica que el tráfico puede no volver a ser libre y gratuito, lo que parecen confirmar los últimos acontecimientos.

Nada se dice en el acuerdo sobre el resto de las armas de Irán, de las que parece seguir teniendo stock más que suficiente para volver a atacar a sus vecinos. Nada sobre su apoyo a grupos terroristas en la región. Pero si EEUU apenas obtiene nada, Irán sí lo hace, sobre todo económicamente: progresivo levantamiento de sanciones y congelación de fondos, y la promoción de un fondo de ayuda de 300.000 millones para la reconstrucción (que equivale nada menos que al PIB de Irán). Aunque EEUU no se compromete a aportar ninguna cantidad en concreto, es una enormidad.

«Lo peor del acuerdo es su absoluta inmoralidad. No hay nada sobre el respeto a los derechos humanos en Irán»

Sin duda, lo peor del acuerdo no es su desequilibrio, sino su absoluta inmoralidad. Por supuesto, no hay nada en el acuerdo sobre el respeto a los derechos humanos en Irán, ni de reparaciones a los socios del Golfo que han sido atacados por Irán como represalia a los ataques de EEUU. Más bien parece que Trump piensa que serán ellos los que pongan el dinero para reconstruir el país que los agredió y puede seguir haciéndolo. Como ha señalado The Economist, Trump parece haber decidido que, si no puede matar a todos los ayatolás, quizás los puede comprar, de ser posible con el dinero de otros.

Esta falta de ética tiene consecuencias, que no han tardado en manifestarse. Si seguimos la línea de pensamiento que va de Aristóteles a Santo Tomás, y de este a Vitoria, sabemos que lo propio de la naturaleza humana es la colaboración. Pero también que no es posible la colaboración sin confianza, y no es posible la confianza sin reglas ni ética. Trump —y seguramente Irán— rechazan la idea de Vitoria de que existe una comunidad de Estados y unas reglas que se han de respetar.

Pero si la única base del acuerdo es la fuerza, sólo puede durar hasta que una de las partes considere que tiene más fuerza que la otra. La «paz», por tanto, es solo una etapa de la guerra perpetua, como se está viendo ya con la ruptura de la tregua.

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