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John Steinbeck y las narraciones migratorias que necesitan ser contadas más a menudo

Foto: John Steinbeck (1902 - 1968) | Hulton Archive

En una década en donde la inmigración y el movimiento de las masas hacia otros  países se entrena con las noticias diarias, hay historias que permanecen con más resonancia que otras: la de la familia que camina durante días para cruzar la frontera, la de la hija que deja su país para no morir de hambre, la del esposo que se une a una caravana de miles de personas que huyen de la crisis y la inhumanidad de su presente.

Este año se cumplen cinco décadas del fallecimiento de uno de los narradores de estas historias quien, por darle hondura a la realidad o simple sentido común hizo de la protesta social, la inmigración laboral y la narrativa de nuevos comienzos obligados un hilo de denuncia para estados bastante tempranos de conciencia social. John Steinbeck, quien falleció un 20 de diciembre hace ya cincuenta años, es esa pluma que con el paralelismo de las décadas que lo separan de la actualidad, se empeñó en recordarle a sus lectores la lucha de los trabajadores rurales y las condiciones de vida de los trabajadores migrantes.

La Gran Depresión, la desgarrada lucha contra la nulidad laboral y el insoportable desempleo que se prolonga en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial, desembocando en una crisis económica sin precedentes para entonces, son los suplicios iniciales vividos por el mismo Steinbeck que lo llevan a escribir novelas seminales internacionalmente como Las uvas de la ira y De ratones y hombres. Entre otras 27 obras que, aunque solitarias en su individualidad, tuvieron el gran punto común de exponer no solo sus visiones políticas sino su propia versión de la historia que protagonizaron por lo menos unos 300 mil migrantes durante eventos como el Dust Bowl nombre dado a la sequía excesiva que afectó las tierras del Medio Oeste ocasionando grandes tormentas de polvo y obligando a los trabajadores a irse de sus tierras, o las denominadas novelas de California también ambientadas en la época de la Depresión.   

La migración laboral, la lucha de los trabajadores y la rutina del desplazamiento son términos que se unen en la obra de Steinbeck para retratar no solo las durezas del trabajo de campo sino el reflejo de una América golpeada por las injusticias y el desplazamiento humano que continúa siendo noticia en la actualidad.

 

John Steinbeck y las narraciones migratorias que necesitan ser contadas más a menudo

Portada de Las uvas de la ira | Imagen vía Alianza Editorial

 

Biografía de una infancia en California

Steinbeck pasó su infancia en Salinas, California y junto con su tránsito incompleto por la Universidad de Stanford y su experiencia como freelancer en la ciudad de Nueva York reunió una serie de vivencias necesarias para novelas como Tortilla Flat, De ratones y hombres -sobre un par de trabajadores migrantes que laboran en el suelo de California, o Las uvas de la ira, por la cual ganó el Premio Nobel de Literatura en 1962, por su “escritura realista e imaginativa y su aguda percepción social”.

Steinbeck vivía en un pueblo rural en medio de tierras fértiles y un asentamiento fronterizo y desde temprana edad experimenta la situación de los trabajadores migrantes en el rancho, así como las injusticias que estos sufrían.

Steinbeck fue además reportero “social”. Como escritor viajó a Vietnam para informar sobre la guerra; escribió una serie de artículos para San Francisco News llamada “Harvest Gypsies” a partir de la cual comienza a escribir Las uvas de la ira; y visitó campos de migración en donde entiende las miserables condiciones de vida de los trabajadores y por ende los asentamientos en donde trabajaban.

El escritor desvela en sus libros la supervivencia de estas personas que eran catalogadas de forasteros en California. “Okies” era el apodo despreciativo que se añadía a los malos tratos que sufrían por parte de los locales.  Y aunque sus condiciones mejoraron levemente luego de que el gobierno federal prestara atención a su situación, la dignidad de aquellas personas quedó marcada por la falta de condiciones y derechos básicos para trabajar y vivir. 

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Foto de los ganadores del Premio Nobel en 1962 de izquierda a derecha: Maurice Wilkins, Max F. Perutz, Francis Crick, John Steinbeck (literatura), James Watson y John C. Kendrew. | Foto via Standford Press

Entre sus obras posteriores se encuentran novelas como Al este del Edén, El invierno de nuestro descontento y un diario de viaje en el que Steinbeck recorre durante tres meses en un camión cuarenta estados americanos. En lucha incierta, que trata sobre las huelgas de los recolectores de frutas migratorias en las plantaciones de California y Las uvas de la ira, una historia de granjeros de Oklahoma que se mudan a California en condición de trabajadores migratorios, son otras de sus obras más conocidas.

La narrativa de Steinbeck se ganó a la crítica gracias a su posición contraria ante el capitalismo y su empatía ante la difícil situación de los trabajadores, y por otra parte, el retrato de testimonios, reportajes y humillaciones por parte de los terratenientes californianos ante los trabajadores, la pobreza extrema y la peregrinación que experimentaban en aras de ganarse el mínimo necesario para vivir ubicaron su narrativa en una especie de categoría social.

El hilo de situaciones económicas y agrarias que, con las distancias que guardan los años, exhiben el declive moral de un país y la desesperación de cientos de personas que hoy en día tienen otros nombres y caras pero continúan siendo parte de un desplazamiento humano que se esperaría arcaico para la época, pero lamentablemente no lo es, son parte de esa categoría “social” que sigue siendo relevante en el presente.

El escritor está delegado para declarar y celebrar la capacidad demostrada del hombre para la grandeza de corazón y espíritu (…) para la galantería en la derrota, para el valor, la compasión y el amor. En la guerra interminable contra la debilidad y la desesperación, estas son las brillantes banderas de la esperanza y la emulación. Sostengo que un escritor que no cree en la perfección del hombre no tiene dedicación ni membresía en la literatura” Discurso de aceptación del Premio Nobel de John Steinbeck

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