La cronología de la relación entre Genoveva Casanova y la duquesa de Alba: «La vi llorar»
La exnuera de Cayetana Fitz-James Stuart habla con total sinceridad de la estrecha relación que las unió durante años

Genoveva Casanova | Gtres
El primer centenario del nacimiento de la duquesa de Alba ha dado lugar a un emotivo documental en Canal Sur, titulado La duquesa de todos, que ha reunido los testimonios más cercanos a Cayetana Fitz-James Stuart. Entre todas las voces que han participado en este proyecto, la que más ha impactado al público ha sido la de Genoveva Casanova, expareja de Cayetano Martínez de Irujo y madre de dos de los nietos de la aristócrata: Luis y Amina. Con una franqueza poco habitual, Casanova ha ofrecido un retrato íntimo y profundamente humano de quien fuera su suegra, desvelando conversaciones privadas que revelan una faceta desconocida de la gran dama de la aristocracia española.
Una mujer fuerte con una soledad silenciosa
A pesar de la imagen de fortaleza y carisma que proyectaba en público, la duquesa de Alba guardaba en su interior momentos de profunda tristeza que muy pocos conocieron. Genoveva Casanova fue una de las personas privilegiadas que tuvo acceso a esa dimensión más vulnerable de Cayetana. «La vi llorar muchísimas veces. Llorar mucho por sus hijos. Llorar mucho porque se sentía sola… Llorar mucho porque echaba de menos a sus maridos. A los tres», confesaba Genoveva con una media sonrisa en la que se mezclaban la tristeza y la nostalgia al evocar el recuerdo de la aristócrata.
Estas palabras ponen de manifiesto que detrás de la figura pública de la Grande de España existía una mujer que amó profundamente y que sufrió en silencio. La relación entre Genoveva y la duquesa no fue una mera convivencia familiar obligada por el matrimonio, sino una unión marcada por la confianza mutua y el afecto genuino, que se fue construyendo a lo largo de los años que compartieron.

El dolor de perder a su madre siendo niña
Entre las muchas confidencias que la duquesa compartió con Genoveva, una de las más emotivas fue la que giraba en torno a la muerte prematura de su madre, María del Rosario de Silva y Gurtubay, quien falleció a los 33 años a causa de una tuberculosis. Una pérdida que marcó de forma indeleble la infancia de Cayetana y que ella misma recordaba con notable intensidad emocional.
«Recuerdo que le afectó mucho cuando su madre enfermó», explicaba Casanova, añadiendo que la duquesa le contaba cómo María del Rosario «le lanzaba las zapatillas para que no se acercara a su cama», con el único propósito de evitar que la pequeña Cayetana se contagiara de la enfermedad. Un gesto que, aunque nacido del amor maternal, resultaba incomprensible para una niña que solo deseaba estar cerca de su madre.

Genoveva señalaba que aquella situación sumió a la futura duquesa en una gran confusión: «No entendía lo que estaba pasando. Esa imposibilidad que tenía de poder acercarse a su madre, de no poder hacerle un gesto de cariño…». Sin embargo, aquella experiencia traumática también forjó su carácter. Según Casanova, «lo primero y lo principal que heredó de su padre, el duque Jacobo, fue la responsabilidad y el compromiso con la monarquía y con la casa de Alba».
El exilio que marcó su infancia
Otro de los capítulos más duros que Cayetana compartió con su entonces nuera fue el del exilio que vivió durante sus primeros años. Aquella etapa fuera de España dejó una huella imborrable en su personalidad y en su manera de entender la vida.«Lo llevó muy mal. Me contó lo duro que fue para ella estar fuera de España y eso define mucho lo que fue su niñez», declaraba Genoveva, resumiendo en pocas palabras el peso que aquella experiencia tuvo en la formación de la aristócrata. La distancia forzada de su país natal durante la infancia contribuyó a desarrollar en ella un apego profundo a España, a sus tradiciones y a su pueblo, algo que quedaría reflejado a lo largo de toda su trayectoria vital.

Cuando los Alba regresaron a España, uno de los grandes proyectos de la duquesa fue la restauración del Palacio de Liria. Genoveva recordaba con detalle cómo Cayetana le contaba cada avance con entusiasmo: «Un día me empezó a contar cómo habían hecho las nuevas cortinas para el salón de baile». También le contó que su primer esposo, Luis, y su padre habían ido recuperando piezas en anticuarios para ir recomponiendo el patrimonio familiar.f
Una aristócrata que no se arrepentía de nada
El documental también cuenta con la participación de Alfonso Díez, quien fuera el último marido de Cayetana, con quien estuvo casada entre 2011 y 2014. Su descripción de la aristócrata sintetiza a la perfección el carácter que la hizo única: «Tomaba nota de lo que se había equivocado, pero no se arrepentía de nada». Una visión que refuerza la imagen de una mujer que vivió con plena convicción cada una de sus decisiones, sin rendirse a los juicios ajenos ni a las convenciones sociales.

Su hijo Carlos Fitz-James Stuart, actual duque de Alba, la recuerda como «una gran señora muy vinculada al pueblo y con mucha personalidad en todo». En lo que respecta a los matrimonios de su madre, Carlos no esconde su opinión: considera que «el único que aportó mucho fue mi padre. Los demás matrimonios, pues no».
La ausencia del primer esposo, una herida para toda la familia
Por su parte, Cayetano Martínez de Irujo también tuvo palabras muy emocionadas para recordar a su progenitor. Con la voz cargada de sentimiento, el duque de Arjona confesó: «Hablo de él y lloro. Su ausencia, cuando murió, fue tan monumental. Para la casa, para mi madre y para nosotros». Unas palabras que evidencian hasta qué punto la pérdida de Luis Martínez de Irujo supuso un punto de inflexión en la vida de la familia Alba.

Un centenario para recordar a la Grande de España
El 28 de marzo de 2026 se cumple un siglo del nacimiento de Cayetana Fitz-James Stuart, y la familia ha querido honrar su memoria con una serie de acciones conmemorativas entre las que destaca este documental de Canal Sur. La aristócrata fue una de las figuras más singulares e irrepetibles de la historia reciente de España, conocida tanto por su descomunal patrimonio como por su carácter abierto, directo y ajeno a los protocolos rígidos que suelen caracterizar a la nobleza.
Con el paso de los años, la duquesa se convirtió en un rostro habitual de la televisión y las revistas, mostrándose siempre sin filtros y con una autenticidad que la hizo ganarse el cariño del gran público. El documental incluye imágenes inéditas de la familia y un conjunto de testimonios que permiten acercarse a quién era Cayetana de Alba más allá de los titulares.
Además del documental, sus hijos han querido dedicarle palabras emotivas en las redes sociales para conmemorar esta fecha tan especial. El conjunto de estas acciones forma parte del esfuerzo de la Casa de Alba por preservar y difundir la memoria de una mujer que, pese a haber nacido en la más alta aristocracia, supo conectar de manera natural y cercana con la gente de a pie.
El testimonio de Genoveva Casanova ha resultado especialmente valioso en este contexto, ya que aporta una perspectiva íntima que va más allá de los actos públicos y las anécdotas conocidas. A través de sus palabras, la duquesa de Alba aparece como una mujer de carne y hueso: capaz de reír y de llorar, de amar con intensidad y de sentir profundamente la soledad. Un legado humano que, en este centenario, cobra más fuerza que nunca.
