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Connie Yowell: "Los diplomas deberían tener fecha de expiración"

Ana Laya

Foto: Ana Laya
The Objective

Escuchar a Connie Yowell hablar acerca del futuro de la educación es refrescante. Sus ideas, sus planes y sobre todo sus acciones pueden lograr que hasta el académico más conservador o el más escéptico empiecen a replantearse ciertas certezas, y se sitúen ante el cambio no solo como espectadores que inmóviles asienten o niegan con la cabeza mientras miran a los paradigmas resquebrajarse, sino como protagonistas, como agentes de cambio, con renovado entusiasmo y ganas de contribuir activamente a ese futuro que Yowell describe.

Connie Yowell es una investigadora especializada en Educación y Psicología, graduada en las Universidades de Yale y Stanford que durante más de 30 años se ha dedicado a estudiar cuál es el mejor tipo de aprendizaje para el siglo XXI y cuál es el mejor uso de los nuevos medios digitales en educación. Antes de embarcarse en su nuevo proyecto, Collective Shift, una organización cuya misión es catalizar el cambio social a través de la educación y la tecnología, Yowell gestionó el programa educativo de la Fundación MacArthur durante 15 años, un programa de 150 millones de dólares sobre medios digitales y aprendizaje. Los insights recopilados durante esos 15 años dieron lugar a esa nueva iniciativa y reafirmaron su visión acerca de la necesidad de una educación innovadora, flexible, continua y no monopolizada por la escuelas o las universidades.

LRNG – “The Evolution of Learning” from LRNG on Vimeo.

Aprovechando su presencia en Madrid para participar en el ciclo ‘Tech & Society’ organizado por Aspen Institute España y la Fundación Telefónica, conversé con Connie Yowell la mañana previa a su charla titulada “El futuro del aprendizaje en la era digital”. La conversación empezó con la afirmación de que en la actualidad, en la mayoría de los casos, el acercamiento académico es obsoleto a la hora de formar a los estudiantes en las herramientas concretas que requiere el mercado laboral, y que son la industria y las instituciones privadas las que terminan rellenando ese vacío.

Es decir, los estudiantes se gradúan y obtienen un título solo para tener que seguir estudiando… y, en la mayoría de los casos, teniendo que invertir más dinero. Yowell, a través de Collective Shift propone un acercamiento diferente en el que es la ciudad, con sus instituciones académicas, sus bibliotecas, sus museos, sus industrias, trabajando de manera concertada, las que educan a los individuos. Lo llaman “Aprendizaje conectado” (connected learning), aquí empiezan pues las preguntas.

¿Cómo surge el término aprendizaje conectado

La principal conclusión del trabajo que realicé en la Fundación MacArthur acerca de cómo mejorar los procesos de aprendizaje, aprovechando los nuevos medios digitales, se puede resumir con el término “aprendizaje conectado” y se puede explicar de manera bastante sencilla, el mejor aprendizaje ocurre cuando el estudiante logra conecta tres cosas: su pasión, eso en lo que más desea convertirse; un grupo que comparta el mismo interés, para que puedan trabajar en ello juntos, el aprendizaje es algo social; y que esa pasión, ese oficio, esa profesión, tenga algún impacto en el mundo real, que esté conectado con algo relevante, desde conseguir un buen trabajo o lograr una publicación, hasta ayudar a construir una mejor comunidad… la base de todo es que la pasión al unirse con el esfuerzo compartido tenga un impacto tangible. Eso es el aprendizaje conectado.

Parece tan lógico que resulta extraño que esto no sea lo que sucede actualmente… ¿no?

Exacto, actualmente ni los institutos ni las universidades están preparando a los alumnos alrededor de sus pasiones, el método educativo es estandarizado (todos los alumnos estudian exactamente lo mismo) y antiguo, ni siquiera la disposición -en filas- de los alumnos en las aulas propicia el aprendizaje en grupo. Por otra parte, nuestras ciudades no están trabajando de forma coordinada para lograr que los estudiantes que los colegios y las universidades forman consigan hacer algo relevante con su formación, ni siquiera lo más simple que es encontrar un empleo.

Lo emocionante es que ahora -en la era digital- tenemos las herramientas que nos permiten promover la participación. Las herramientas digitales hacen que sea mucho más sencillo participar e impactar a lo grande. ¿Cuánto cuesta convertirse en creador de cosas, de productos de audio o visuales? Es mucho más barato y más sencillo. Ahora hasta los niños pueden hacer películas. Y también contamos con las redes, bien sea Facebook o Google o la que elijamos para conectarnos con el mundo.

Lo increíble es que nuestras escuelas no están aprovechando esos recursos de la mejor manera. Las escuelas, en el mejor de los casos, te hacen ser mejor en algo, pero ese ‘algo’ no está necesariamente conectado con algo que realmente le interese a los chicos; no está conectado a un grupo de compañeros con el que desarrollar el aprendizaje; y tampoco está conectado con el mundo real. Esa conexión perdida es la que necesitamos que suceda en las ciudades, en nuestras comunidades, y lo que observé fue que hacía falta una estructura tecnológica que se encargara de unir los puntos, de eso se trata la iniciativa LRNG de Collective Shift, de proveer la plataforma para crear conexiones y sinergia.

LRNG – “The Connect” from LRNG on Vimeo.

¿Cómo entran las ciudades en la ecuación?

Trabajamos con los alcaldes. Para comenzar tenemos que tener un grupo político que apoye la idea, esos son los alcaldes. Pero también trabajamos con las organizaciones existentes en las diferentes ciudades, con las escuelas, las bibliotecas, los museos y, por supuesto, con los potenciales empleadores. Cada una de estas fuerzas con gran potencial educativo ahora mismo están separadas y necesitamos que trabajen juntas. Eso es lo que nuestra estructura tecnológica propicia. Si tienes un programa determinado, una charla, un taller, en donde sea que este esté y sea quien sea el que lo imparte, nosotros lo hacemos visible para que los estudiantes puedan encontrarlo.

Ahora mismo, si eres un estudiante y quieres encontrar un curso vas a Google y lo que encuentras de vuelta es un desastre, una lista desordenada de cosas. Nosotros, además de proveer un sistema que selecciona, organiza y agrega oportunidades de aprendizaje que no necesariamente ocurren en la escuela, vamos un poco más allá. Parte de nuestra labor es trabajar con los empleadores y preguntarles acerca de los trabajos que ofrecerán en el futuro y cuáles son las habilidades y competencias que un empleado potencial necesitará para poder hacer esos trabajos, y así organizamos con las comunidades múltiples oportunidades de aprendizaje que hagan que el estudiante adquiera esas habilidades.

Además, creamos una especie de “micro-credencial” al que hemos llamado “badge” (chapa en inglés) que implica que cualquiera que participe en cualquiera de los cursos, talleres, charlas o exposiciones, obtendrá esa micro-credencial a manera de reconocimiento. Creemos que en un futuro, finalmente los diplomas y los grados serán reemplazados por estas “badges” y que será más fácil para las compañías identificar las habilidades que necesitan.

Suena realmente ambicioso ¿cuándo comenzará este gran cambio?

El cambio ya está ocurriendo. Ya estamos trabajando en 10 ciudades de Estados Unidos. Creo que llevará unos 10 años terminar de cambiar el paradigma en una comunidad completa, en una ciudad grande como Chicago, pero ya está sucediendo en pequeños fragmentos. En la parte en la que nos estamos enfocando ahora mismo es el llamado “skills gap”, esto puede ser traducido, en este contexto, como la distancia que hay entre las habilidades reales que los jóvenes adquieren en la escuela y las deseables por el mercado laboral.

Uno de los mayores retos que esto representa es que estas habilidades no son permanentes, no son fijas, en la era digital estarán cambiando constante y rápidamente, y no podemos predecir con exactitud cuáles serán. Eso significa que tenemos que convertirnos en estudiantes de por vida, y tenemos que estar aprendiendo en todas partes y todo el tiempo. Un poco como funciona actualmente el mundo de la medicina. Un médico no puede salir de la universidad e ignorar todos los avances tecnológicos porque sería negligente, tiene que seguir aprendiendo y preparándose. En ese sentido, los diplomas deberían tener fecha de expiración. Ese es el gran cambio y las escuelas no están preparadas para asumir eso.

Si piensas en las escuelas verás que la educación comienza a una edad particular, a una hora determinada del día, sucede de una manera particular y luego termina. También termina a una edad determinada y luego ya estamos fuera del sistema educativo. Eso no es suficiente para el futuro al que nos dirigimos porque el mundo está cambiando dramáticamente y, para mí, es inevitable que el cambio en el aprendizaje sea igualmente dramático.

Ahora mismo, en Estados Unidos, por ejemplo, el gobierno y las universidades invierten miles de millones de dólares en educación superior y resulta que las compañías están invirtiendo aún más dinero para educar a sus empleados. Y eso es un problema, eso significa que algo no está funcionando de manera coordinada. El sistema educativo tiene entonces que cambiar dramáticamente si quiere seguir siendo relevante y llenar ese “skills gap”.

Connie Yowell: "Los diplomas deberían tener fecha de expiración" 2
Así luce la plataforma LRNG.

Esto significa ceder un montón del poder de las instituciones educativas a una red, y eso de alguna manera altera su modelo de negocios ¿Han recibido feedback de escuelas o personas relevantes en el campo educativo?

Sí, están en estado de pánico. Pánico total. Pero en realidad creo que siempre tendremos universidades de élite, que cuestan mucho, pero que educan a menos del 1% de nuestra población. Las universidades que están en pánico son las que están debajo de esa distinción de élite; las pequeñas universidades privadas, las universidades estatales, temen al cambio y cualquier opción que permita a los estudiantes aprender de manera alternativa, desde estudios en línea o en MOOCs (Massive Open Online Courses, cursos masivos abiertos online) o en sitios alternativos. Además, ahora existen compañías que están dispuestas a contratar empleados basándose en lo que pueden hacer, no en el diploma que tengan.

Este aprendizaje conectado está relacionado con lo que llamamos “aprendizaje casual” y “aprendizaje social”… ¿como ir a un bar a escuchar una charla acerca de arte posmoderno o neurociencia?

Exactamente así es como creo que será el aprendizaje del futuro y lo que nuestra iniciativa pretende hacer es seleccionar y organizar ese tipo de eventos e integrarlos en rutas. En lugar de tener planes de estudio y libros de texto, tendremos una aproximación mucho más personalizada al aprendizaje, que estará guiada por aquellas cosas que llaman tu atención. Si estás interesado en ciencia, por ejemplo, podrás encontrar una serie de eventos, actividades y experiencias que podrán ser seleccionadas y conectadas de manera que funcionen para ti, considerando desde tu itinerario y tus horarios, hasta tus competencias y habilidades. La idea es ayudarte a diseñar la manera en la que puedes aprender más o adquirir más habilidades acerca del tema particular que te interesa y luego integrar las micro-credenciales en esa ruta que estás siguiendo para que además puedas tener un portafolio, un historial de tu aprendizaje, que le puedes enseñar a un empleador y decirle: “esto es lo que he estado aprendiendo y esto es lo que sé hacer.”

Las micro-credenciales y la capacidad de enfocar todas las experiencias hacia un fin concreto es lo que hace la diferencia… ¿no?

Sí, vivimos en un tiempo de abundancia de conocimiento, no hay escasez en ese sentido; el reto es encontrar esas oportunidades de aprendizaje, organizarlas e integrarlas en una vía, una ruta concreta hacia una meta, hacia un esfuerzo enfocado y no disperso.

Es increíble que las escuelas se sigan quejando de no tener suficientes recursos, cuando vivimos en un mundo de hiperabundancia. Es obvio que necesitamos un nuevo sistema, una nueva estructura, para que sea posible para todos acceder a esa abundancia de una manera personalizada, relevante, y que se conecte a un trabajo real.

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Connie Yowell en su charla en la Fundación Telefónica hablando de la disposición de los chicos en el salón de clase. | Foto: Ana Laya / The Objective.

¿Con qué grupo etario están trabajando actualmente?

Con el grupo de 15 a 25 años, los post-millennials. Creemos que son ellos quienes están más capacitados ahora mismo para convertirse en estudiantes independientes. Tienen habilidades digitales, están deseosos de ser empoderados para hacerse cargo de su aprendizaje y además son los que tienen el mayor potencial de estar desempleados en los próximos 4 ó 5 años.

Cuando se habla de los millennials en el mercado laboral, de hecho se dice que la capacidad de reinventarse continuamente es una de las cosas que más aprecian en una compañía ¿cuál ha sido la respuesta de las compañías al acercamiento que vosotros proponéis?

Las compañías han respondido de manera muy positiva, pero también están bastante confundidas. Una de las razones es porque una parte de la compañía, Recursos Humanos, que está a cargo de las contrataciones, es probablemente una de las más convencionales y menos innovadoras, y no necesariamente entiende lo que están buscando. Su trabajo, en esta época, es relativamente sencillo porque por el alto nivel de desempleo reciben cientos de CV, pero fallan al basar su búsqueda en un diploma que resalte de una universidad de élite. No están por la labor de complicar ese proceso que ya tienen bien estandarizado.

Por otra parte, los gerentes y los directores están realmente entusiasmados porque saben que este cambio les permitirá quedarse con la gente que contraten, lo que hace que -a corto y medio plazo- sus costos asociados a la contratación bajen. Y para los millennials, dado lo que sabemos de ellos, que no les gusta demasiado el trabajo repetitivo y que aprecian una compañía que les permita crear un cambio positivo en su comunidad, este sistema les permitiría formar parte de esa red de aprendizaje conectado, tal vez dando charlas, compartiendo su conocimiento.

Ese es parte del puente que queremos construir, no se trata solamente de preguntarle a las compañías qué habilidades y competencias necesitan, sino también de darles la oportunidad de conectar a sus empleados con esa gran red de aprendizaje en la comunidad en la que viven.

Finalmente, cuando hablamos de aprender basándonos en algo que nos apasiona ¿crees que la implementación de la Renta Básica Universal juega algún rol importante en este cambio de paradigma?

Diría que sí, pero soy estadounidense y considerando el presidente que acabamos de elegir no es algo que vea que pueda pasar pronto, por lo menos en Estados Unidos. Creo que es absolutamente necesario e inevitable, pero altamente contencioso políticamente y que nos tomará décadas llegar ahí. Como americana pienso que no va a suceder pronto en Estados Unidos, va a seguir sucediendo en Europa u otros países antes que en EEUU por cuestiones estrictamente políticas.

Connie Yowell está convencida de que sí es posible cambiar el paradigma educativo, convertir a las ciudades en grandes ambientes de aprendizaje, y así, con trabajo y cambio sostenido y continuo… cambiar finalmente el mundo. Sabe que es algo que no sucederá de la noche a la mañana, pero está trabajando para que ocurra pronto.  Su entusiasmo es contagioso y la seguridad con la que transmite sus ideas y sus planes es alentadora. Aquí dejamos su charla en la Fundación Telefónica para los que aún sientan curiosidad.

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Lea Vélez: "Escribo para mi genealogía"

Anna Maria Iglesia

Foto: Asís Ayerbe

Después de El jardín de la memoria, la escritora y guionista publica Nuestra casa en el árbol (Destino), una novela, en gran parte, autobiográfica en torno a una madre y sus tres hijos, dos niños y una niña de altas capacidades intelectuales en una pequeña localidad inglesa, donde los cuatro se trasladan fallecer el padre. Vélez hace de la novela un canto a la infancia como un momento crucial de la vida de todo ser humano; un momento, nos dice Vélez, donde todo es posible, donde la felicidad debería ser plena y donde el aprendizaje es siempre diversión y descubrimiento, un juego motivador. Lea Vélez muestra la realidad de los niños con altas capacidades intelectuales, muestra su genialidad y, a la vez, la incomprensión a la que se enfrentan cada día. Crítica con el sistema educativo, Vélez defiende una educación basada en la motivación, en lo lúdico y en la libertad de expresarse a través de las propias pasiones.

¿Cuánto le debe Nuestra casa en el árbol a tu novela anterior, El jardín de la memoria, donde abordabas también temas autobiográficos?

Creo que siempre hay un plan, a veces puedes inconsciente y a veces consciente, a veces, incluso invisible al propio autor, pero creo que siempre hay un plan que unifica las obras. Además, en mi caso, busco que haya una coherencia entre todo lo que escribo trato de que todo tenga una conexión, aunque, al mismo tiempo, quiero que toda novela pueda funcionar en desconexión, es decir, autónomamente. En este caso concreto, quería que todo aquel que no haya leído El jardín de la memoria, pudiera leer y entender como un ente independiente Nuestra casa en el árbol. Al mismo tiempo, para aquel que sí ha leído El jardín de la memoria, me gustaba la idea de que esta novela fuera un guiño, porque los dos libros forman parte de algo que superior que las une. Me gusta la imagen de las matrioshkas y que cada novela sea una parte de algo que las engloba a todas.

En efecto, el narrado de la novela define la novela como una cartografía de ese yo llamado Lea Vélez.

Yo tengo la teoría de que haciendo la cartografía de Lea Vélez, a lo mejor, no sirvo al mundo, pero sí puedo servir a mi familia y a mi entorno. Pienso en lo que decía García Márquez: escribo para mis amigos. Yo escribo para mi genealogía, para mis hijos, para mis padres y para los que vendrán. Una cartografía que no fuese la mía me resultaría muy complicada, inabarcable, aunque estoy convencida de que, en cierta manera, la cartografía de uno mismo es la de todos: si narras los hechos más potentes de una vida estás narrando la vida de millones de personas. Al fin y al cabo, no somos tan distintos los unos de los otros.

Es verdad, pero al mismo tiempo en tu novela nos presentas a tus hijos, escondidos tras unos personajes de ficción, que destacan por su capacidad intelectual por encima de la media.

Sí, esto es cierto. La casualidad o la genética, que es otra forma de casualidad, han querido yo me haya encontrado con unos personajes de ficción en mi propia vida, unos personajes fabulosos. Como madre, esto no hay que decirlo, pero sí como autora, pues a poca percepción que tengas, te das cuenta de que tienes oro puro en las conversaciones con los niños y en sus enseñanzas. Los niños, no solo los míos, sino tantos otros como ellos, reflexionan sobre la vida, sobre cómo somos y nos comportamos, reflejan la realidad a través de sus palabras y nos la hacen ver. Son como una radiofrecuencia de lo que está en la televisión, en el ambiente… Al ser mis hijos de esta manera, me permitieron crear unos personajes muy parecidos a ellos, aunque con alguna diferencia. Por todo esto, quería llevar a la novela esa voz –la de mis hijos- que, como autora, me resultaba tan novedosa y, a la vez, tan universal, porque todos hemos sido niños y hemos vivido la infancia.

Lea Vélez: "escribo para mi genealogía"
Foto familiar cortesía de Lea Vélez.

¿La novela hubiera sido posible sin estos niños tan geniales?

Creo que no, aunque. seguramente, otros niños menos geniales me habrían dado también una mirada interesante, porque, como suele decirse, todos los niños son geniales. Y sí se dice esto, es por alguna razón, es porque los niños tienen una mirada distinta. De hecho, todos los padres, cuando escuchan a sus hijos, reciben una enseñanza y una visión del mundo y de la vida completamente distinta a la que ellos, como adultos, pueden tener. En este sentido, creo que cualquier otro niño me hubiera podido dar una visión novedosa y profunda de la vida.

¿Hay una voluntad dar visibilidad a los niños de altas capacidades que, como apuntas en la novela, suelen pasar inadvertidos solo al sistema educativo, sino también a su entorno?

Sí, claro, ten en cuenta de que se trata de niños invisibles. No son famosos por lo que dicen, porque no hablan por televisión, porque no escriben en la prensa ni escriben novelas, y, por tanto, su pensamiento se queda en casa. Al mismo tiempo, en el colegio, todos los niños, no solo los de altas capacidades, terminan por comportarse igual porque están en un contexto muy definido y si están dado una asignatura en concreto, no hay espacio para otras divagaciones. Por ello, estos niños y todos los demás son invisibles, solo que en el caso de los niños con altas capacidades la invisibilidad es más frecuente. Son niños que tienen una grandísima capacidad de reflexión y voracidad por saber, necesitan que se les responda a todas esas preguntas sobre las cuales ellos reflexionan; sin embargo, si no encuentran el espacio donde se les da aquello que necesitan saber y donde pueden reflexionar sobre los temas que les preocupa, están condenados a la invisibilidad y no encajas en el sistema. Por todas estas razones, con Nuestra casa en el árbol quise darles la voz que no suelen tener.

La protagonista decide regresar a Inglaterra para educar a sus hijos y tú misma has optado por una escuela inglesa para ellos ¿Qué hay de admirable en el sistema educativo inglés que no haya en el español?

La sociedad inglesa tiene algo que la sociedad española no tiene y si no lo tuviera no se fugarían tantos cerebros a Estados Unidos y a Inglaterra. Cuando empecé a conocer cómo es el sistema educativo británico, admitiendo que hay cosas que son un poco repetitivas, me di cuenta de que la memoria se utiliza muy poco, casi nada; se usa la reflexión y la creatividad, se busca no solo que los niños reescriban tantas veces una palabra, ni que solo escriban frases casi iguales, intentan que escriban textos, que creen. En todas las actividades hay un algo más a lo que se hace aquí. Por esto, probé el sistema británico para mis hijos, también porque son mitad ingleses y se encuentran muy cómodos en el mundo anglosajón; de hecho, durante mucho tiempo me pregunté qué era mejor, educarles aquí o en Inglaterra.

Lea Vélez: "escribo para mi genealogía" 1
Hamble, UK. | Foto cortesía de Lea Vélez.

Eres muy crítica con el sistema educativo, que no se preocupa por las exigencias de los niños en su individualidad, sino tiende a la homogeneización, resultando poco productiva.

Todos los niños, aquellos con altas capacidades más, están mental e intelectualmente muy por encima del nivel del aula, del nivel del temario, de lo que se enseña y de cómo se enseña, con lo cual están todos adormecidos, aburridos, conscientes de que les están dando alpiste, mientras en casa posiblemente tengan solomillo. Yo no quiero criticar a los profesores en general, evidentemente hay algunos terribles y otros que son maravillosos; el problema es que no tienen las herramientas para detectar y entender a los niños con altas capacidades, para darse cuenta de que porque un niño con altas capacidades sea malo en lengua no significa que sea más torpe de los demás o que no se esté enterando. El problema no es este: el problema es que el niño va mal en lengua porque no le interesa, porque sus intereses son otros. Lo que hay que hacer es buscar maneras de entender a estos niños y esta es la lucha que lleva a cabo la protagonista de la novela, una lucha que, evidentemente, es muy autobiográfica.

Como se dice en tu novela: “¿Quién es más inteligente, un niño que saca ceros en lengua y dieces en física o una niña que saca dieces en lengua y ceros en física? Quizá la niña es Virginia Woolf y el niño es Isaac Newton”.

Yo todavía estoy aprendiendo todo lo que rodea las altas capacidades en los niños y estoy aprendiendo, sobre todo, a ver los talentos específicos como un aspecto más de las altas capacidades. Por lo general, si un niño tiene por la literatura y por las palabras, sentirá, por ejemplo, un completo desinterés por todo lo relacionado con los números. Esto no significa que sea peor o mejor, el problema es que, a pesar de su interés, durante años deberá enfrentarse a unas asignaturas que no le interesan y que, además, se dan de manera que no le interesen. Al final, el niño destacará ya de mayor cuando pueda concentrarse verdaderamente en lo que le interesa y le gusta. Esto nos pasa a todos. Lo que sucede en el caso de los niños con grandes capacidades es que tienen altas motivaciones por eso que les gusta, tan altas que a veces llegan a ser obsesiva y todo lo demás lo odian. Tienen una forma casi instintiva de rechazo, es como si su cuerpo ya supiera a qué se van a dedicar, cuál es su objetivo.

Sin embargo, también podría decirse que este orden e, incluso, esta imposición de tareas o asignaturas que no gustan es una forma de aprendizaje para la vida adulta.

Por supuesto, el problema es que este aprendizaje no está bien enfocado. Si a mí de pequeña no me gustaban las matemáticas no es porque no fueran bellísimas, sino porque las matemáticas que me trataban de enseñar en el colegio era: 3×4, 4×4, 5×6…. Algo completamente repetitivo y así durante todos los años escolásticos. No era de extrañar que, llegada a segundo de BUP, las matemáticas para mí eran sinónimo de lo peor. El otro día, me contaba un amigo que da talleres de matemáticas que en sus talleres usan para la enseñanza un método completamente distinto, donde se hacen esquemas en 3D, donde los números se visualizan en todas las dimensiones a través de construcciones que los niños hacen… En definitiva, un método fabuloso que nada tiene que ver con coger la tabla de multiplicar y memorizarla. Y con esto no digo que no haya cosas que se deban memorizar, pero el método basado la memorización es terrible. Como niña sufres el sistema educativo y lo vuelves a sufrir como madre y te das cuenta de que no hemos avanzado nada. Evidentemente que hay estudiar matemáticas y lengua, aunque no te gusten, pero hay que aprender y estudiarlas de una manera que incorporen tu motivación.  Si desmotivas, no estás enseñando nada.

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“Me he planteado la educación, pero siempre me ha dado terror, porque no sabría cómo hacerlo.” | Foto: Asís Ayerbe.

Ha habido muchas teorías en torno a la idea del niño feliz, del niño crecido en libertad, pero también hay quien dice que el niño no debe crecer en un mundo ideal, sino que debe aprender que no siempre hará lo que le gusta, a que padecerá frustraciones y tendrá obligaciones.

Yo no estoy de acuerdo con esta idea de aprender a asumir frustraciones y obligaciones. La idea de que hay que aprender a apechugar con las frustraciones es una idea judeo-cristiana. Creo que no podemos borrar las frustraciones de nadie, ni las de los niños ni las de los adultos, pero tampoco creo que decir que hacer felices a los niños sea un acto de auto indulgencia y una forma de malcriarlos. Esto es lo que piensa la mayor parte de la sociedad, pero en cambio yo estoy convencida de que se puede educar en libertad y no malcriarlos, al contrario. Eso sí, educar en libertad no significa permitir al niño que haga lo que quiera. Evidentemente el niño necesita una guía, necesita la ayuda de los adultos para buscar sus motivaciones y la manera de estructurar sus motivaciones, pero existe la manera de que los niños sean felices en las escuelas y una de las maneras de conseguirlo es hacerlos trabajar desde la motivación.

En este sentido y a pesar de las críticas, sigues creyendo en la escuela.

Efectivamente y, de hecho, en mi novela la madre no los saca del colegio, pero sí pelea para compensar todo aquello que hace infelices a los niños con una serie de actividades lúdicas. Todo esto, evidentemente, solo se entiende si hablamos de niños pequeños, no de adolescentes. Hay que tener en cuenta que los niños pequeños no entienden el concepto de responsabilidad, no lo computan y no sirve de nada decirles que tienen que hacer algo por su bien o por su futuro, a ellos el futuro les queda muy lejos. Hay que hacer felices a los niños en las edades tempranas, pero los adultos, porque nos hemos olvidado de la infancia o porque no se enseña en las facultades de magisterio, tratamos de inculcarles la nuestra disciplina, la disciplina de un oficinista. Y esto con los niños no funciona. Evidentemente, con los años deberán ir incorporando una cierta disciplina y los adolescentes de bachillerato son otro mundo.

¿Alguna vez te has planteado la educación?

Es una cosa compleja. Yo me lo planteé, pero siempre me ha dado terror, porque no sabría cómo hacerlo. Me parecía un mundo demasiado complicado, aunque, al final, no lo es tanto y, de hecho, mucha más gente de la que creemos educa sus hijos en casa. Preferí optar por el sistema inglés, porque quiero que mis hijos se socialicen en el colegio, quiero que se acostumbren a la sociedad y, como decías antes tú, a un cierto grado de frustración. ¿Sí el colegio durase cuatro horas y no ocho sería mejor? Para mí, sin duda, porque con tantas horas se ha diluido mucho la enseñanza esencial y no me refiero a leer a escribir, sino a aquello que les va a servir siempre, más allá de las asignaturas. Este aprendizaje está diluido y los niños no entienden exactamente por qué están en el colegio y qué aprenden allí; el colegio, al final, es un conjunto de estratos muy débiles de pintura que se resquiebran durante el verano.

Sin embargo, para reducir las horas escolares hay que reorganizar el horario laboral de los padres.

Sin duda. Hay una cosa clara: en el momento en que se cambia algo de una manera radical, toda la sociedad se tiene que reestructurar. Si estamos de acuerdo de que los niños están siendo torturados ocho horas cada día fuera de sus casas -evidentemente nadie lo dirá-, entonces hay que cambiar el horario.  Cuando se está cometiendo un crimen hay que pararlo, aunque la sociedad se esté beneficiando de ello. Además, incluso con el horario que tenemos, sin ninguna reducción, son muchos los padres que se sacrifican para poder estar con ellos. ¿Cuántas madres reducen su jornada de trabajo para poder estar con ellos? Los niños salen a las 17:30, cuando todavía los padres trabajan, pues en muchos casos no salen hasta las 20:00. Hay que dejarse de las estupideces: el horario del niño debe coincidir con el horario del padre. Y así mejoramos también la vida de las personas, porque lo que tenemos en España son horarios inmundos que no tiene nadie en Europa. En España somos así de estupendos.

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Portada de Nuestra casa en el árbol | Editorial Destino.

En la novela planteas el juego como una forma de aprendizaje

Por supuesto. Los adultos jugamos todo el rato. El arte, la literatura, el trabajo remunerado pero hecho con gusto es una forma de juego. Yo veo el juego como una forma de perpetuar la especie, de adquirir los roles de los adultos, de aprender todo tipo de cosas…el apasionarse por una serie o una película y reinterpretar a los personajes es una manera de desarrollar una creatividad literaria, es una forma de crear historias.

Los dos niños protagonistas son tus dos hijos, Richard y Michael, pero decides incorporar una tercera voz, la de una niña, ¿por qué?

Primero, porque quería incorporar la voz de una niña que también es muy inteligente y tiene los mismos deseos que cualquier niño y de cualquier hombre. Hay que tener en cuenta que las niñas de altas capacidades son, incluso, más invisibles que los niños, porque las rodea el machismo inconsciente que llevamos todos dentro y por el cual todavía hoy cuesta pensar a las mujeres teniendo espíritu científico e imaginarlas como científicas a la par que a los hombres. El segundo motivo es que quería incorporar aquello que decía mi hijo Richard cuando era muy pequeño y no lo podía hacer si no era a través de un tercer personaje de esa edad. Y, por último, porque yo recuerdo muy bien mi infancia e incorporar esa voz era una manera de añadir mi visión del mundo desde los recuerdos de mi infancia.

La voz de la niña y la voz de la madre comparte una reivindicación de la capacidad de la mujer, una capacidad que se plasma en la casa en el árbol que la madre construye para sus hijos.

Todavía hoy la mujer es muy insegura. A lo mejor vuestra generación, que es más joven, tenéis más seguridad en vosotras mismas, puesto que el caldo de cultivo social en el que os habéis educado era más igualitario, habéis crecido viendo a más mujeres en roles de poder o en el campo científico y, por tanto, tenéis un mayor sentimiento de “yo puedo y soy igual que un hombre”. Sin embargo, mi generación estaba bastante atrás en todas estas cosas. Si bien yo he sido educada para no depender de un hombre y nunca he dependido de ninguno, irremediablemente al perder a mi marido, me di cuenta de la cantidad de cosas “de hombre” que él hacía y que le había cedido porque yo hacía cosas más “de mujer”. Con esto no digo que yo limpiaba la casa y él se ocupaba solo de los arreglos domésticos, pero sí que había una separación de faenas que respondía en parte a la visión clásica de los roles. Cuando me quedé sin él, me di cuenta de que tenía que hacer una serie de cosas sola y descubrí que el adquirir ese otro rol y el realizar todas aquellas otras actividades me da una sensación de libertad absoluta. Me di cuenta, entonces, de que dependía mucho de él, más de lo que sospechaba.

¿Entre esos roles que te toca asumir está el de padre?

Sí, también. Consciente o inconscientemente quieres compensar a los hijos por la pérdida de la figura paterna.  No les llevo al fútbol, pero sí les aproximo a lo que yo considero que son retos personales y que yo puedo asumir; por ejemplo, construir la casa en el árbol.

La casa en el árbol representa un mundo bucólico, ¿un desiderátum, una arcadia que en verdad no existe?

Un ideal, sí, un mundo inexistente. La literatura, para mí, funciona en dos niveles que se complementan: el primer nivel es aquel del relato de los hechos que te han sucedido y que quieres plasmar en las novelas como forma de memoria y el segundo nivel es el de la literatura como ex voto, como deseo lanzado o mapa imaginario de un lugar al que ir. Creo que estos dos niveles funcionan en todo tipo de arte; habrá otros niveles, porque el arte es muy complejo, pero estos dos son los que yo tengo identificados y en ellos enmarco mi narrativa.

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Las apariencias no engañan, pero los elefantes sí

Gregorio Luri

Foto: Marcelo del Pozo
Reuters

Otro día hablaré de cómo la selectividad penaliza gravemente a los centros más exigentes. Hoy no. Hoy estoy escribiendo en un chiringuito de la playa de Ocata, rodeado de muchachas en flor para las que soy completamente invisible y me voy a limitar a expresar el deseo de que nuestros alumnos de selectividad cometan en sus exámenes de filosofía “errores” semejantes a los siguientes de los alumnos franceses. Juzguen ustedes:

“¿Las percepciones pueden educarse?” Los profes de filosofía se creen con derecho a todo. Habría que recordarles que ellos también son funcionarios y que sus colegas que trabajan con percepciones son tan educados como ellos.

“¿Se puede probar una hipótesis científica?” Si no has leído las obras completas de los hermanos Bogdanov, no puedes entender nada de este asunto. Hipótesis: los hermanos Bogdanov son los más grandes científicos franceses de todos los tiempos. La prueba: son los que más invitaciones reciben para ir a la televisión. Después de eso, no hay mucho que añadir.

“¿La cultura desnaturaliza al hombre?” Lo que es seguro es que a veces puede manchar. Estás invitado a un vernissage. Hay mucha gente. Un desconocido te empuja y ya tienes una mancha de vino tinto en la camisa. Vas corriendo al baño, tratando de limpiar la mancha: el vino tinto no se va así como así y te encuentras metido en un lío. La cultura no desnaturaliza al hombre, ¡pero vaya como mancha!

“¿Podemos tener razón en contra de los hechos?” Con un buen abogado, claro que sí.

“¿La libertad se ve amenazada por la igualdad?” Teniendo en cuenta que ni la igualdad ni la libertad existen, esto simplifica las cosas. En un mundo en el que reinara la igualdad, todo el mundo comería patatas fritas al mediodía. Pero si todo el mundo come patatas fritas, ¿dónde está mi libertad de elegir lo que quiero comer? Así que vamos a tomar el ejemplo inverso: en un mundo en el que reinara la libertad, todo el mundo podría comer lo que quisiera, así que todos a comer patatas fritas en la cantina. Por lo tanto, podemos concluir que la libertad y la igualdad tienen que ver con las patatas fritas.

“¿El arte es menos necesario que la ciencia?” No, absolutamente no. El arte es mucho más necesario que la ciencia: se debería haber subvencionado a artistas para decorar la planta de Fukushima, en lugar de ocuparse de la seguridad del reactor.

“¿El dominio de uno mismo depende del conocimiento de uno mismo?” Cuando Sócrates recorría el ágora ateniense proclamando “¡Conócete a ti mismo!”, a menudo le respondían: “¡Eso, tu madre!” Pues bien, Sócrates fue capaz de dominarse. No sólo porque era un poco mariquita y no se atrevía a provocar a nadie, sino porque el tipo tenía un gran dominio de sí mismo.

¿Se puede hablar sin decir nada? Sí.

¿Hay otros medios diferentes a la demostración para establecer una verdad? Sí. El martillo.

¿Se puede desear sin sufrir? Claro que sí. Si, por ejemplo, a los cincuenta años, eres un profesor de filosofía empeñado en corregir exámenes sin tener medios para comprarte un Rolex, es que te has equivocado de vida.

“No te puedes bañar dos veces en el mismo río”. Heráclito. ¡Evidentemente! Sobre todo después de comer.

¿La pregunta “¿Quién soy yo?” admite una respuesta exacta? Sí. Sobre todo si la pregunta te la dirige amablemente un representante de las fuerzas del orden.

¿Las apariencias engañan? No necesariamente, pero los elefantes, sí, mucho.

Apple revela su secreto peor guardado: está creando un sistema de conducción automática

Redacción TO

Foto: Stephen Lam
Reuters

Tras años tratando de mantener en secreto, aunque sin mucho éxito, sus proyectos en el sector de la automoción, Apple ha confirmado finalmente que está trabajando en la tecnología de conducción automática.

“Nos estamos centrando en los sistemas autónomos”, ha confirmado Tim Cook, el director ejecutivo de Apple, a Bloomberg News. “Lo vemos como la madre de todos los proyectos de inteligencia artificial”, ha añadido, y lo ha calificado como “uno de los proyectos de inteligencia artificial más difíciles para trabajar en él”.

Sin embargo, el directivo de Apple no ha querido concretar más sobre el objetivo de la compañía con el desarrollo de este tipo de tecnología. “No estamos realmente diciendo lo que vamos a hacer desde el punto de vista del producto, pero somos sinceros en que es una tecnología central que consideramos muy importante”, ha añadido Cook.

“Lo vemos como la madre de todos los proyectos de inteligencia artificial”

Esta noticia no es ninguna sorpresa para quienes han seguido los proyectos de Apple ya que, aunque la compañía nunca había dicho abiertamente cuál era el objetivo de sus aplicaciones, sus últimos movimientos en el sector y algunas informaciones que han sido filtradas han dejado bastante claras sus intenciones.

Un coche de Apple

Antes de priorizar la tecnología para una conducción autónoma, la idea inicial de Apple era construir su propio coche. El gigante de la tecnología contrató en 2014 a más de 1.000 ingenieros para trabajar en el conocido internamente como ‘Proyecto Titán’. Pero Cook no ha querido revelar si finalmente se construirá este coche, un proyecto en el que se recortó una gran cantidad de personal cuando Bob Mansfield fue puesto al mando. Su intención era, al parecer, centrarse en la creación de un sistema de conducción autónoma en lugar de en el desarrollo de un coche propio.

Sin embargo, la compañía pidió un permiso del Departamento de Vehículos a Motor de California para probar tres coches de conducción autónoma. Media docena de vehículos trataron de probar a escondidas esta estos sistemas autónomos en carreteras públicas alrededor de la Bahía de San Francisco durante al menos un año, aunque no lograron tampoco mantener en secreto esta operación.

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Los coches de conducción autónoma son un mercado en crecimiento. | Foto: Jared Wickerham/AP

Unos meses antes, en diciembre, el director de integridad del producto de Apple, Steve Kenner, envió una carta a la Administración Nacional de Seguridad en el Tráfico en las Carreteras en la que manifestaba el interés de la compañía en el potencial de los sistemas autónomos en sectores como el del transporte. La carta, que se dio a conocer poco después al ser publicada en una página web federal, explicaba que “la compañía está haciendo fuertes inversiones en el aprendizaje de las máquinas y la automatización y está entusiasmada con el potencial de los sistemas de automatización en muchas áreas, incluido el transporte”.

¿Colaborar con otras empresas?

En este sector en crecimiento, la colaboración entre empresas para crear la tecnología necesaria para sacar al mercado un coche de conducción autónoma es cada vez más común. Un ejemplo de ello es la unión de Waymo con fiat Chrysler Automobiles y con Lyft Inc. para hacerse un hueco en este competitivo mundo.

Otras compañías, como BMW o General Motors, han optado por crear oficinas en Silicon Valley de un tamaño considerable o invertir millones de dólares en comprar startups dedicadas a los vehículos autónomos.

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Waymo se unió con Fiat para crear tecnología de conducción autónoma. | Foto: Eric Risberg/AP

El hecho de que Apple decidiera, en un principio, desarrollar su propio coche, hace pensar que buscar socios para entrar en este creciente mercado no es una de sus opciones. “Parece que Apple ha decidido que desarrollar su propio sistema autónomo es preferible a tener socios”, ha dicho un investigador de ABI Research, James Hodgson.

Los coches eléctricos y los servicios de transporte

Además de la conducción automática, Cook ha hablado del futuro de los coches eléctricos, sobre el que se siente optimista. “Es una sensación maravillosa no tener que parar en la gasolinera”, ha explicado.

Cook ha descrito el proyecto de Apple de crear su propio coche como la combinación de tres factores: los coches de conducción autónoma, los vehículos eléctricos y el ride-hailing (servicios de transporte como Uber o Cabify). Asegura que son estos tres elementos los que hacen que la industria de los coches sea interesante otra vez.

Respecto a los servicios de transporte con conductor, Apple también lo considera realmente interesante, tanto que ha invertido 1.000 millones de dólares en Didi Chuxing, la compañía de ride-hailing más grande en China.

Playstation vs. Xbox, la realidad virtual contra la calidad de imagen

Juanma Rodríguez

Foto: Mike Blake
Reuters

Largas tardes de invierno y cálidas noches de verano son las que han pasado millones de jóvenes (y no tan jóvenes) pegados a la pantalla de un televisor con un mando entre las manos y unos cascos para aislarse del mundo exterior. A veces gritan de alegría, de rabia, de desesperación, de miedo…  la pasión que desatan las consolas ha llegado hasta el punto de retransmitir por televisión campeonatos virtuales de Call Of Duty, Counter Strike o Fifa. Se trata de un mercado que atrae a mucho público y llama la atención de muchos inversores en publicidad que ven un gran filón para llegar a un target muy amplio. Sin embargo, siempre ha existido un pique entre los usuarios entre dos tipos de consolas. ¿Tú de qué eres, de Playstation o Xbox?

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Mando de Playstation Dualshock. | Foto: Mike Blake / Reuters

Durante el evento E3 (Electronic Entertainment Expo), que se está celebrando en Los Ángeles hasta el 15 de junio, la feria de videojuegos más grande del mundo, las principales compañías de videojuegos y consolas presentan sus nuevos proyectos bajo la atenta mirada de periodistas, fans, curiosos y aficionados a las consolas que incluso pueden disfrutar del evento desde cualquier parte del mundo, en su retrasmisión en streaming. Xbox ha presentado su nueva consola, con la que quiere competir contra la superioridad casi abismal de la Playstation 4.

El poder de la realidad virtual de Playstation

Desde el lanzamiento de la octava generación de la consola de Sony, en noviembre de 2013, la empresa japonesa ha logrado vender más de 60 millones de consolas en todo el mundo, según asegura Financial Times. Además, la compañía nipona calcula que hay unas 78 millones de unidades distribuidas para finales del año fiscal 2017/2018. Aquí hay que matizar que la distribución no significa venta, pero igualmente estas unidades están en el mercado esperando a sus compradores. Lo que sí está seguro, es que se han vendido para Sony 487,4 millones de juegos. Estas cifras demuestran el poder de esta empresa japonesa en el mercado, logrando así el primer puesto de ventas y de usuarios en todo el mundo. Playstation Plus, según los datos de marzo arrojados por esta empresa, cuenta con unos 26 millones de usuarios. Sin embargo, el número de jugadores en activo asciende a 70 millones, con más de 600 millones de horas de juego total por semana.

Playstation v.s. Xbox, la realidad virtual contra la calidad de imagen
Botones de Playstation en el E3. | Foto: Mike Blake / Reuters

El éxito aplastante de Playstation lo resalta Andrew House, CEO de Sony Interactive Entertainment, en la revista Time : “Salieron tres piezas de hardware en unos 60 días. Funcionó muy bien, pero no volveremos a hacer eso”. Hace tres años, durante esos 60 días, Sony sacó al mercado la Playstation 4 Slim (PS4 Slim), que era prácticamente igual que la primera, salvo por su capacidad de memoria que aumentó de 500 GB a 1 TB, a un precio de 299 dólares; la PS4 Pro, con capacidad de calidad de imagen 4K a 399 dólares; y la PS4 Virtual Reality (VR), la joya de la corona de Sony, que no es más que un complemento, un casco que permite jugar en experiencia de realidad virtual utilizando la propia consola usual, a un “módico” precio de 399 dólares. Esta última, que salió el otoño pasado, cuenta con un millón de unidades vendidas en todo el mundo. “No lo vemos como una moda, es un nuevo medio, no sólo para el entretenimiento de juegos, sino para el entretenimiento sin juego”, ha asegurado Shawn Layden, director de desarrollo de Sony, sobre este nuevo gadget de Realidad Virtual a Time. Las ventas del resto de unidades tampoco dejan a nadie indiferente: de cada cinco PS4, una de ellas es PS4 Pro, y en comparación con Xbox, en Estados Unidos, por cada dos Playstation hay una Xbox y en la Unión Europea por cada tres consolas de Sony hay una de Microsoft.

Con estas consolas, Sony pretende prolongar la vida de utilidad de la PS4, sacándole el máximo rendimiento a la misma, y para ello cuenta con el valor y el poder de atracción de la Realidad Virtual en los videojuegos.

 

Xbox One X: la consola 4K más potente de la historia

Microsoft utilizó su stand en el E3 para presentar su consola estrella y la cuarta de toda su historia. La Xbox One X, que salió con el nombre en clave de Project Scorpio, estará en todos los puestos de venta a partir del 7 de noviembre de este año, a 499 dólares. Según han asegurado desde Microsoft, es “la consola de videojuegos más potente hasta la fecha”.

Esta consola tiene unas características que no tienen nada que envidiar a las tecnologías de Sony. La consola ha nacido con compatibilidad con todos los juegos de las versiones antiguas de la Xbox, recordando que ya en el 2013 con la Xbox One pudieron establecer un sistema de compatibilidad únicamente con los juegos de la Xbox 360, pero con esta última todos los juegos serán bienvenidos. Además, es la máquina más pequeña de la compañía, con capacidad de reproducir juegos en 4K con calidad de video HDR y un sonido mejor que el de la PS4 de Sony contando con un sistema Premium Doldy Atmos, con el fin, según ha asegurado la misma empresa, de mantener una experiencia de entretenimiento en vivo.

Al precio de salida de esta consola se le suma la cámara Kinect que viene incorporada para poder captar movimientos y jugar a los juegos de movilidad sin necesidad de adquirir la cámara adicionalmente. Sin embargo, esto tampoco ha convencido mucho a los usuarios, según destaca la revista TechCrunch, ya que lo único que hace es aumentar el precio de venta del producto por un sistema de juegos que no ha llegado a triunfar entre los usuarios de Xbox.

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Presentación nueva consola de Microsoft. | Foto: Kevork Djansezian / Reuters

A pesar de que la Xbox One estaba a medio camino de su ciclo de vida, Microsoft se ha lanzado a la piscina y ha sacado a la luz su nueva consola, con el fin de repuntar sus ventas y recortar distancia de ventas y usuarios con respecto a Playstation, que se ha impuesto desde hace años en un duelo clásico entre los defensores de las consolas de Sony y los amantes de Xbox.

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