The Objective
El Gris Importa

En memoria de Jon González

‘El Gris Importa’ analiza el estado del debate público en nuestro país

Hasta hace bien poco, Jon González era un español anónimo a todos los efectos, porque Jon no es un nombre de pila precisamente raro, y no digamos ya el apellido González. Según el Instituto Nacional de Estadística, en España se llaman Jon 22.618 personas y se apellidan González 930.137.

Amparado en este semianonimato, Jon González se convirtió en una especie de Pimpinela Escarlata de la economía. Aparecía en X como @jongonzlz, desmontaba con sus gráficos y sus hilos la retórica triunfalista del Gobierno o los augurios apocalípticos de la oposición, y se daba a la fuga. Como escribía el jueves en El Mundo el profesor de la Universidad de las Hespérides Santiago Calvo, «a veces incomodaba a una mitad del país, a veces a la otra».

Esa es la virtud de los datos: te desnudan y te exhiben en la ropa interior de tus prejuicios ante la opinión pública.

Esto no le gusta a nadie, pero en algunos izquierdosos la incomodidad se transformó en pánico y organizaron una campaña para desenmascararlo y encontrar algo turbio que pudiera neutralizarlo. Porque, como muy bien escriben Jesús Fernández-Villaverde y Luis Garicano, en este país, «en lugar de hablar de números, se busca [siempre] descalificar al mensajero».

Bueno, pues hay que decir que la operación «Matar al Soldado Jon» ha tenido éxito. Un pelotón de la extrema izquierda denunció que trabajaba para el BBVA y tenía, por tanto, una agenda oculta: privatizar las pensiones para que su banco se forrara vendiendo planes.

En realidad, Jon González nunca ha defendido la privatización de las pensiones. Es partidario de un sistema público de reparto con cuentas nocionales, inspirado en los modelos de Suecia y Países Bajos.

Pero incluso aunque no fuera así y Jon González abogara por el modelo de capitalización chileno, ¿invalida sus datos el que trabaje para el BBVA? Estamos ante la vieja tesis marxista de que «en una sociedad erigida sobre la lucha de clases no puede haber una ciencia social imparcial». Y como este determinismo económico impide la verdad objetiva, incluida la marxista, pues dejamos el debate y los números a un lado y nos dedicamos a ejercer la coerción y la cancelación.

Eso fue exactamente lo que hicieron los detractores de Jon González. Empezaron a gritar: «¡Qué escándalo!» y a rasgarse las vestiduras en el nombre de una honestidad en la que no creen, aunque no sé para qué me entretengo en señalar estas contradicciones. Son peccata minuta para el auténtico revolucionario, que solo debe guiarse por los resultados. Como le dijo Lenin a Fernando de los Ríos: «Libertad, ¿para qué?». La prioridad es siempre eliminar al adversario por los medios que sean y, en el caso de Jon González, ha funcionado.

La semana pasada cerraba su cuenta en X, probablemente presionado por sus superiores. Los banqueros temen a las disputas más que a un nublado. Riesgo reputacional, dicen ellos. Una verdadera pena, decimos nosotros, y una clara señal del tipo de democracia que defienden quienes pretenden liberarnos del capitalismo.

De todo ello debaten el profesor del IESE Javier Díaz-Giménez y el corresponsal económico de THE OBJECTIVE Miguel Ors Villarejo en este nuevo episodio de El Gris Importa.

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