Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

Ser cristiano y homosexual

Néstor Villamor

Cuando no es por una charla organizada por el arzobispado de Barcelona en la que un católico homosexual recomienda el celibato a los gays es por un autobús conducido por el grupo católico Hazte Oír que va echando humo y un mensaje tránsfobo por la carretera. La relación entre Cristianismo y homosexualidad siempre ha sido tensa. Y esta tensión es más difícil para las personas que pertenecen a ambos colectivos, que muchas veces tienen que resolver un dilema mayor: conjugar su religión con su sexualidad.

Es el caso de Óscar Cardeña, un homosexual de 43 años natural de Navalcarnero que durante años estuvo “muy metido” en la Iglesia Católica. Desde niño, siempre supo que era gay. También supo que era “muy espiritual”. Aunque no venía de una familia especialmente católica, tras fallecer su madre, teniendo él 14 años, miró hacia la Iglesia. Incluso empezó a estudiar Teología, cuenta, y estuvo “a punto” de irse a un monasterio. Pero ser católico no le permitía “compaginar” su religión con su sexualidad, lamenta. Su decisión fue vivir en secreto.

“Rezaba todos los días para que Dios me cambiara”

Llegué a tener novias”, explica, “rezaba todos los días para que Dios me cambiara y me he pasado horas rezando para que me diera una familia”. Ahora, Cardeña ha cambiado, pero no en el sentido que él esperaba. Lo hizo motivado por su descubrimiento de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana, una confesión ecuménica que fundó en 1968 en Estados Unidos un reverendo homosexual para dar cobijo a la diversidad. Hoy, ICM cuenta con más de 400 congregaciones en 40 países, según la organización. Incluso Nancy Wilson, la anterior líder del credo, fue durante el mandato de Obama asesora de la White House Office on Faith-Based and Neighborhood Partnerships, un organismo que estructura la relación entre el Gobierno y las obras sociales relacionadas con la religión.

En España, la ICM tiene una congregación en Madrid activa desde 2010, liderada por Alejandro Medel, que oficia cultos todos los domingos a las 11:00 en la iglesia de El Salvador, en el número 5 de la calle del Noviciado, un templo que comparte con la Iglesia Evangélica Española. Medel asegura que muchos homosexuales que acuden a su iglesia llegan con “heridas” abiertas por la postura oficial de la Iglesia Católica con el colectivo LGTB. Él propone un enfoque diferente. Para Ia ICM, “todos somos hijos de Dios Padre y Madre” ya que “Dios no tiene género”, razona Medel. La apertura hacia las minorías sexuales y las mujeres es notable (ellas suponen más del 50% de los pastores de esta confesión, según datos de la propia ICM). Además de los cultos, llevan una escuela dominical y organizan estudios bíblicos para los adultos. Incluso ofician bodas religiosas entre parejas del mismo sexo.

Para Cardeña, el encuentro con la ICM propició su salida del armario y el descubrimiento de una nueva forma de vivir la religión. “Yo pensé que moriría católico, pero al conocerlos vi que podía ser cristiano y seguir siendo yo mismo”, se alegra. Y resume: “En ICM encontré mi casa”. Hoy, Cardeña tiene novio estable y una vida espiritual en la que esa relación tiene cabida: “Yo antes no podía tener con Dios la relación que tengo ahora, porque ni me aceptaba yo ni aceptaba el amor de Dios como él quería manifestármelo”. Y no titubea al decir: “Si me caso, me va a casar Alejandro”.

Tanto Medel como Cardeña se muestran críticos con el papa Francisco, al que muchos han aplaudido por su supuesto aperturismo. Un ejemplo ocurrió en 2011 cuando el pontífice cuestionó: “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgar?”. “A mi entender, era un poco de marketing”, valora el pastor de la ICM, “porque en el fondo la Iglesia Católica no ha cambiado ni una coma en la doctrina sobre el colectivo LGTB”. Y en la misma línea se muestra su feligrés: “Me parece un falso”, determina.

Además de celebrar cultos y de organizar la escuela dominical y los estudios bíblicos, la Iglesia de la Comunidad Metropolitana colabora en diversas actividades con Crismhom (Cristianos Madrileños Homosexuales). Este colectivo, con sede en el número 18 de la madrileña calle de Barbieri, nació en 2006 con el objetivo de ofrecer un espacio a los miembros del colectivo LGTB con fe cristiana porque “determinada jerarquía de la Iglesia Católica no ofrece ese espacio”, explica Óscar Escolano, secretario de la Junta Directiva. A pesar de ser una entidad ecuménica, todos los sábados a las 20:30 acude un cura a dar una misa católica (comunión con oblea incluida). Escolano prefiere mantener en el anonimato el nombre del sacerdote, pero aclara que en estas misas “se incide en temas LGTB”. Lamenta, asimismo, que entre los dogmas de la Iglesia Católica no esté “la aceptación de la diversidad de género”. Y subraya: “Nosotros tendemos puentes”.

Continúa leyendo: Sí, la bisexualidad existe

Sí, la bisexualidad existe

Néstor Villamor

Foto: Stefanie Loos
Reuters

…y está en el cerebro, no donde tú piensas

El debate todavía continúa bien entrado el siglo XXI, incluso entre miembros de la comunidad LGTB: ¿Existe realmente la B? ¿Hay bisexuales en el mundo o son solo homosexuales con la puerta del armario a medio abrir? Esta pregunta ya tiene respuesta científica: la bisexualidad sí existe y, además, no se encuentra en los genitales, sino en el cerebro. Lo confirma un estudio publicado en febrero en la web de la revista Nature que concluye que las personas de esta orientación tienen una respuesta cerebral propia y distintiva ante los impulsos eróticos. La investigación, titulada “Neural Correlates of Sexual Orientation in Heterosexual, Bisexual, and Homosexual Men (of escorts london)”(“Correlaciones neuronales de la orientación sexual en hombres heterosexuales, bisexuales y homosexuales”), estuvo coordinada por el profesor de Neurociencia Adam Safron y supervisada por la Universidad Northwestern.

“Los hombres bisexuales no muestran diferencias significativas en sus respuestas a los estímulos masculinos y femeninos”

El estudio se ha centrado solamente en varones, pero el resultado está claro: “Los hombres bisexuales no muestran diferencias significativas en sus respuestas a los estímulos masculinos y femeninos”. Durante el experimento, las respuestas se midieron mediante resonancias magnéticas que mostraban la reacción del VS, una región del cerebro asociada con la motivación de incentivos. ¿Resultado? Los cerebros de aquellos que se habían definido previamente como bisexuales respondían de forma similar a pechos y abdominales, mientras que las respuestas de los heterosexuales y homosexuales variaban mucho ante uno y otro estímulo.

Estudio avalado con el sello de calidad del porno

La metodología fue tan simple como efectiva: los investigadores convocaron por la web de anuncios clasificados Craigslist a 79 hombres de entre 25 y 50 años y de origen étnico diverso (26 heterosexuales, 28 bisexuales y 25 homosexuales) y les mostraron fotografías y vídeos pornográficos tanto de hombres como de mujeres. De esa forma, establecieron que la respuesta cerebral de los participantes concordaba con la sexualidad con que previamente se habían identificado.

Otra cuestión que zanja el estudio, y que también es objeto de polémica de barra de bar, es que, aunque poco significativa, la respuesta sexual siempre es superior ante estímulos de un sexo o de otro. En otras palabras: a los los bi siempre les tira (un poco) más la carne o el pescado.

Este es el primer estudio de estas características, señala la publicación de Nature, que explora la actividad cerebral de los bisexuales con imágenes neuronales, ya que, según los investigadores, no existían resultados consistentes en personas de esta orientación.

El factor que el estudio deja abierto a la duda es el temporal: los investigadores reconocen no haber examinado la duración de estos estímulos a lo largo de la vida ni la edad a la que aparecen. Se plantean, además, que puede ser “éticamente problemático” realizar un estudio de estas características con “participantes más jóvenes”.

Continúa leyendo: Siete películas LGTB premiadas en la Berlinale que no te puedes perder

Siete películas LGTB premiadas en la Berlinale que no te puedes perder

Néstor Villamor

Hoy es común, en los grandes festivales de cine, ver una sección dedicada a las películas de temática LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales): La Mostra de Venecia otorga desde 2007 el premio Queer Lion, el Festival de Cannes entrega desde 2010 la Queer Palm… Pero en 1987 dar un premio a los mejores filmes de temática homosexual no era pan de cada día. La Berlinale fue de los primeros certámenes generalistas en hacerlo. Hoy, 30 años más tarde, el Teddy Award es una referencia en la cultura LGTB (además de un impagable escaparate para las cintas premiadas). En esta edición, que se celebra entre el 9 y el 18 de febrero, algunas de las 37 obras que competirán por llevarse el osito en las distintas categorías son el documental estadounidense Bones of Contention (que explora la memoria histórica española a través de la figura de Federico García Lorca), la alemana The Misandrists, una propuesta feminista del siempre polémico Bruce LaBruce, y la española Pieles, el primer largometraje de Eduardo Casanova, protagonizado por Ana Polvorosa, Candela Peña, Carmen Machi y Macarena Gómez. Para conocer a las ganadoras habrá que esperar hasta el 17 de febrero, pero, de momento, podemos disfrutar de las premiadas de las ediciones anteriores. Estas son algunas:

La ley del deseo (1987)

Con la movida madrileña dando sus últimos coletazos, Pedro Almodóvar se plantó en Berlín con La ley del deseo (un triángulo amoroso protagonizado por Antonio Banderas, Eusebio Poncela y Miguel Molina), que se llevó el premio al mejor largometraje en la primera edición de la Berlinale que entregó los Teddy. Imposible no acordarse de aquel “¡Riégueme!” que suplicaba Carmen Maura encarnando a una mujer transexual.

Poison (1991)

Drama, ciencia ficción, terror y homosexualidad. Uno de los ejemplos más tempranos y notables del llamado New queer cinema (corriente indie que intenta presentar una imagen del mundo LGTB alejada de la que proporciona el cine mainstream) . Todd Haynes, un nombre mucho más famoso después de rodar la multipremiada Carol, debutó en el largometraje con esta película de difícil clasificación pero clasificada, no obstante, en tres partes: “Hero”, “Horror”, “Homo”.

The watermelon woman (1996)

Cheryl (Cheryl Dunye) es una mujer afroamericana y lesbiana que trabaja en un videoclub pero cuya ambición es rodar un documental sobre una actriz que la impresionó en una película y que aparecía acreditada simplemente como “The watermelon woman” (“La mujer sandía”). Uno de los momentos cumbre de la película llegó a ser descrito por la crítica como “la escena de sexo entre bolleras más tórrida jamás rodada en el celuloide”.

Hedwig and the angry inch (2001)

Película de culto entre la comunidad LGTB, este musical rock cuenta la enrevesadísima historia de Hedwig, una drag queen que decide dar el paso definitivo y operarse. Pero la cirugía no sale como cabría esperar… El éxito del filme hizo que incluso tuviera su propia adaptación teatral protagonizada por Neil Patrick Harris en el mismísimo Broadway neoyorkino (premio Tony incluido).

Los chicos están bien (2010)

Una pareja de lesbianas interpretadas por Julianne Moore y Annette Bening acude a un banco de esperma para formar una familia. Años más tarde, los hijos (la mayor a punto de entrar en la universidad) deciden buscar a su padre biológico. Un éxito en Sundance, la película le valió a Bening un Globo de Oro e incluso recibió cuatro nominaciones a los Oscar (entre ellas, a la mejor película).

Keep the lights on (2012)

Una conflictiva relación abierta entre dos hombres que mezcla sexo, rupturas, cine y drogas (sobre todo, drogas) a lo largo de varios años. Su director, Ira Sachs, que estrenó esta película en Sundance, se basó en su propia relación con un exnovio que, a su vez, había publicado sus memorias con el joyceano título de Portrait of an Addict as a Young Man (Retrato del adicto adolescente).

A primera vista (2014)

Una entrañable historia adolescente entre dos estudiantes de instituto en Brasil. La rutina de Leonardo (Ghilherme Lobo), un joven ciego al que todos los días acompaña de regreso a casa una amiga, cambia ligera pero sustancialmente cuando llega a clase un chico nuevo, Gabriel (Fabio Audi), que será el nuevo encargado de llevarlo de vuelta a casa. Dirigida por Daniel Ribeiro, está basada en un cortometraje del mismo realizador, Eu Não Quero Voltar Sozinho (No quiero volver solo).

Continúa leyendo: ¿En qué países del mundo se trabaja más horas?

¿En qué países del mundo se trabaja más horas?

Whitney Leach

Foto: Al Ghazali
Unsplash

Entre el país que más horas trabaja en el mundo y el que menos hay un diferencia de 892 horas. Es decir, más de 37 días trabajo al año de diferencia. Ese es el panorama de desigualdad en la jornada laboral que ha ilustrado el nuevo informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), compuesta por 35 países entre los que se incluye gran parte del mundo desarrollado y algunas naciones en desarrollo. La media de horas trabajadas en el OCDE es de 1.760 en un año.

Los mexicanos son los que trabajan más horas, de media un trabajador cumple 2.255 horas al año, lo que equivale a unas 43 horas a la semana. En el otro lado de la tabla tenemos a Alemania: los alemanes trabajan solo 1.363 horas al año, unas 26 horas a la semanas, es decir, cinco al día, según los datos de la OCDE. Los trabajadores de Estados Unidos están en el medio de la tabla con 1.783 horas. Países como India o China no aparecen en el informe.

En Europa, los griegos son los que trabajan más horas: un promedio de 2.035 horas por año; seguidos por Polonia y Letonia. Los españoles trabajan por debajo de la media de la OCDE e incluso por debajo de Canadá: menos de 1.700 horas de media al año. Es decir, unas 33 horas de trabajo a la semana. Una cifra que contrasta con algunos otros datos aportados también por la OCDE en la que sitúan a España a la cola en la lucha por los derechos laborales y contra la pobreza, o el cuarto país con más niños en hogares sin empleo.

¿En qué países del mundo se trabaja más horas? 2
Gráfico elaborado con datos de la OCDE sobre las horas trabajadas en el mundo. | Foto: World Economic Forum/OCDE

La falta de leyes laborales fuertes repercute en el trabajo

Las diferentes actitudes culturales y los factores socioeconómicos juegan un papel clave en la cantidad de horas que los empleadores esperan de los trabajadores. En México, los temores sobre el desempleo, junto con leyes laborales laxas, se traducen en que la semana laboral máxima de 48 horas rara vez se aplica.

En el tercer puesto de los que trabajan más horas está Corea del Sur, estas jornadas de trabajo tan largas han sido parte de un impulso para impulsar el crecimiento económico. Pero a raíz de las preocupaciones sobre los problemas sociales, incluida una baja tasa de natalidad y la disminución de la productividad, el presidente Moon Jae-in ha liderado un esfuerzo para reducir las horas de trabajo del país y dar a los trabajadores el “derecho al descanso”.

A pesar de tener hasta un término para describir la muerte por exceso de trabajo (“karoshi”), el trabajador japonés promedio hace 1.713 horas por año, por debajo del promedio de la OCDE. Esto podría ser una sorpresa a la luz de la reputación del país de tener una cultura adicta al trabajo, lo que ha llevado a instar al Gobierno a imponer un límite de horas extras.

¿En qué países del mundo se trabaja más horas? 1
Trabajadores frente a un ordenador. | Foto: Helloquence/ Unsplash

El caso ejemplar de Alemania

A pesar de ser el país miembro de la OCDE donde se pasan menos horas en el trabajo, Alemania logra mantener altos niveles de productividad. De hecho, el trabajador alemán promedio es un 27% más productivo que su homólogo británico.

Los holandeses, los franceses y los daneses también trabajan menos de 1.500 horas por año en promedio. Solo el 2% de los empleados daneses, que disfrutan del mejor equilibrio entre la vida laboral y personal en el mundo, realizan largas horas en comparación con el promedio de la OCDE del 13%.

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

Continúa leyendo: Los olvidados del síndrome tóxico

Los olvidados del síndrome tóxico

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Plataforma Síndrome Tóxico
Plataforma Síndrome Tóxico

Son los olvidados del síndrome tóxico, según se autodenominan. Llevan años denunciando que las autoridades sanitarias no atienden a sus peticiones, que no les dan el reconocimiento que merecen como enfermos y víctimas de la primera enfermedad rara en España, que ni siquiera les reciben.

“El número total de personas incluidas en el censo de afectados por el Síndrome del Aceite Tóxico (SAT), fue de 20.643 siendo la proporción de mujeres y de hombres de 1,5/1 y afectando a todos los grupos de edad”, según datos del Instituto Carlos III. Adscrito al Ministerio de Economía y Competitividad, y vinculado al Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, el organismo reconoce al SAT como “enfermedad crónica que afecta aún en la actualidad a un elevado número de pacientes que presentan secuelas severas pulmonares, cutáneas y neurológicas. En cuanto a la mortalidad de esta cohorte en los primeros 18 meses desde el comienzo del brote, cerca de 400 casos habían fallecido y en la actualidad se han registrado más de 3.800 fallecidos por todas las causas. Al tratarse de una enfermedad nueva, su evolución a largo plazo es desconocida, por lo que el seguimiento de estos pacientes es muy importante”.

Un seguimiento que los afectados dicen no tener de forma adecuada.

30 de abril de 1981

Una vivienda de Torrejón de Ardoz, en la zona este del cinturón de Madrid donde se encuentra la Base Aérea Militar compartida hasta 1992 con Estados Unidos. Jaime, de 8 años, se siente mal, le duele la tripa, tiene fiebre y vómitos. Sus padres, alarmados, le llevan al médico de urgencia. Una gripe, dice el médico que le atiende y que les manda de vuelta a casa con un jarabe para que el niño deje de vomitar. Pero en casa Jaime no sólo no mejora, sino que empeora. Sus padres le llevan al ambulatorio otra vez. Los médicos, de nuevo, aseguran que no es nada y que le den el jarabe al chico. Jaime Vaquero García pasa la noche en casa cada vez peor y a las ocho de la mañana, por fin, llega una ambulancia para llevarlo al hospital ante la insistencia de unos padres que saben que chiquillo está grave. Cuando apenas quedaban unos metros para llegar al hospital de La Paz, la vida del Jaime se apaga. Muere en brazos de su madre Carmen, según ha referido ella en diversas ocasiones a los medios de comunicación. Es 1 de mayo de 1981.

Han pasado más de tres décadas desde aquel aciago día para la familia de Jaime. Ha pasado mucho tiempo de aquellos primeros días en los que los hospitales se colapsaron con pacientes que llegaban con dolores en las extremidades, dolores de cabeza, con vómitos, picores en la piel, manchas o dificultad para respirar, pacientes de todas las edades. El balance es estremecedor: casi 4.000 muertos – en torno a 2.500 durante los primeros meses – y una cifra que supera los 20.000 afectados a causa del peor envenenamiento ocurrido en España.

Llama la atención que casi cuatro décadas después, los afectados sigan haciéndose todavía tantas preguntas. Y lo que es peor, que los afectados por SAT se hayan convertido en los grandes olvidados para las administraciones públicas y para una sociedad que cree que aquello del aceite de colza forma parte del pasado, que no entiende que se siga recordando porque, después de todo, los enfermos ya fueron indemnizados. Pero ellos siguen muriendo a consecuencia de la enfermedad, siguen sufriendo a diario las secuelas con una mala calidad de vida. Una enfermedad que destrozó y sigue destrozando muchas vidas y de la que nadie parece querer acordarse.

Hablamos con Jaime, con Mercedes y con Carmen. Todos afectados por la enfermedad, miembros de la Plataforma Síndrome del Aceite Tóxico en el que se integran varias asociaciones. Están cansados de una lucha que parece no tener fin, de ver cómo la administración les da largas, de no saber qué les destrozó sus vidas, porque hay casi tantas teorías sobre el origen del envenenamiento como víctimas. Está la versión oficial, la que mantiene que el SAT lo causó la ingesta de aceite de colza adulterado. Pero hay también otras teorías conspiratorias o no, que apuntan a una intoxicación por pesticidas o un experimento que salió mal en la base de Torrejón donde entonces estaban los americanos.

Además del aceite de colza, otras teorías apuntan a una intoxicación por pesticidas o un experimento que salió mal, como origen del síndrome tóxico

El ocultismo por parte de los distintos gobiernos españoles ha alimentado, sin duda, las diversas teorías, pero también las conclusiones de investigaciones médicas o incluso la sentencia del mayor juicio de la historia de España que admiten que se desconoce el agente que originó el síndrome tóxico.

Enfermedad rara

El SAT nunca se cura, todos los afectados empezaron en el mismo momento, en la misma época y “todos morimos con la enfermedad porque el síndrome es una enfermedad rara, es una enfermedad crónica que no tiene cura; lo que tienen paliativos son los síntomas que provoca el conjunto de enfermedades o dolencias. Es un conjunto de patologías, esa es la gran dificultad y la especificidad. Es la primera enfermedad rara de este país”, asegura Carmen, portavoz de la Plataforma SAT.

En casa de Carmen sólo ella cayó enferma. Ni su abuela, ni su madre, ni su hermana pequeña se vieron afectadas. Ella estaba estudiando y perdió el curso. La enfermedad le afectó al sistema neuromuscular sobre todo con dolores crónicos, aparte de las lesiones multiorgánicas que, como el resto de los pacientes, tuvieron todos en el primer momento, en el hígado, el corazón… “Ahora sólo tomo medicamentos para paliar el dolor” y recuerda que “lo primero que me vino fue el dolor, el picor; eso fue en el primer ingreso, los primeros síntomas que teníamos todos, en abril y mayo. Porque la enfermedad tuvo esa dos fases, la inicial que era con unos síntomas similares a una neumonía, por eso se empezó a diagnosticar como neumonía atípica, porque así lo indicaban las placas de tórax y demás, y posteriormente a esos síntomas iniciales, unos picores inmensos que no se pasaban con nada y dolores de cabeza”. Carmen vive en Vallecas y fue ingresada en el Hospital San Carlos.

Los olvidados del síndrome tóxico 1
Carmen Cortés, víctima del síndrome tóxico, en 1982. | Foto: Carmen Cortés

“La cuestión es que quienes hemos estado sometidos al mismo envenenamiento, los más débiles han fallecido y los más fuertes hemos sobrevivido pero dentro de ser los más fuertes, deberíamos ser los más débiles en la sociedad”, se lamenta.

La pregunta que se hacen los afectados es ¿por qué, ahora que se habla tanto de las enfermedades raras nunca se menciona el Síndrome Tóxico? ¿Por qué no se conoce, por qué la sociedad no lo sabe, por qué la comunidad científica no la traslada?

Del aceite adulterado a los plaguicidas

En este momento, a los afectados lo que les preocupa es el “ahora y el mañana, porque ya en los inicios de la enfermedad y posteriormente, lo más acuciante era saber la causa de la enfermedad, que se resarciera el daño que se había cometido y ahora mismo, lo más importante, es la calidad de vida”.

La plataforma ha entendido que se han perdido demasiadas energías, todas ellas válidas, en saber la causa “y se nos olvidaba lo que nos estaba ocurriendo, cuidar nuestra salud y ver cómo vamos viviendo, porque además, es una enfermedad degenerativa”.

No hay una opinión como tal sobre qué causó el síndrome tóxico, comenta Carmen. “Cada persona que integra esta plataforma tiene su propia creencia y eso es debido, fundamentalmente a que hay preguntas sin contestar. Y como hay preguntas sin responder, crea dudas, y cuando se crea la duda, cualquiera puede plantear o defender la hipótesis que crea más oportuna con lo que lee, con lo que escucha y con la capacidad que tiene el poder para cambiar cosas”.

El gobierno tardó 50 días en ofrecer una versión oficial sobre la enfermedad que, en un primer momento, ante la avalancha de pacientes que colapsaron los hospitales de Madrid, se diagnosticó como una neumonía atípica. La alarma ciudadana fue aumentando y tres semanas después de la muerte de Jaime Vaquero, el ministro de Trabajo, Sanidad y Seguridad Social, Jesús Sancho Rof, compareció en la televisión y soltó la frase que le perseguirá toda la vida y con la que, en vez de calmar a una sociedad cada vez más preocupada ante la falta de información sobre el origen de la epidemia, logró el efecto contrario: “Es menos grave que la gripe. Lo causa un bichito que conocemos el nombre y el primer apellido. Nos falta el segundo, pero es tan pequeño que si se cae de la mesa, se mata”. Después de aquello, Sancho Rof apenas duró nos meses en el ministerio.

Los olvidados del síndrome tóxico 2
Miles de ciudadanos entregaron las garrafas con aceite adulterado tras estallar la crisis sanitaria en 1981. | Foto: Archivo AP

Después, los investigadores relacionaron la enfermedad con la ingestión de aceite de colza desnaturalizado. Así que se pasó de la neumonía atípica a una intoxicación por el consumo de aceite no apto para el ser humano que se vendía en mercadillos ambulantes sin ningún control sanitario y cuyo precio era muy inferior al aceite vendido en los comercios. “Lo que está claro es que el Estado cometió un error, de la causa que fuese, ya nos da igual; hay un error”, mantienen los afectados.

El doctor Antonio Muro, fallecido en abril de 1985 a consecuencia de un cáncer, fue objeto de una intensa polémica y muy criticado por las autoridades sanitarias al mantener la tesis de que el envenenamiento masivo se debió a un producto químico aplicado de forma errónea en un cultivo de tomates que después fueron comercializados. A los pocos días de que la enfermedad llenara los centros de salud y los hospitales, aseguró que ésta se contraía por vía digestiva y no por vía aérea como aseguraban las autoridades sanitarias, y el 5 de mayo fue destituido de su cargo como director en funciones del Hospital del Rey.

En su última entrevista realizada en RNE dos días antes de su muerte mantenía su tesis. “Me gustaría también saber qué intereses hay debajo, porque todo el mundo sabe que a mí no me ha movido más interés que el descubrir la verdad, y sólo estaba detrás de la verdad y por la verdad en sí. Ahora, si hay otros que tienen otros intereses, que les obligan a afirmar, o mantener otras cosas, que nos digan qué intereses tienen detrás, y empezaremos a comprender algunas posturas”.

El macrojuicio

“Se separaron las dos causas; en principio, las víctimas denunciamos tanto a los empresarios como a la administración. En el año 84 tuvimos que hacer encierros de cuatro meses para que se abriese la causa porque al Estado no le interesó llevar la de los y la de la administración y que se sentasen en el banquillo conjuntamente. ¿Por qué? Todos sabemos el por qué. Motivos económicos. En el año 84 conseguimos que el juez Alfonso Barcala reabriese el caso contra la Administración y empezase la instrucción en la Audiencia Nacional. Y no pudimos sentar en el banquillo a los ministros que había en la época ni a los directores generales, ni a los secretarios de estado”, explica Mercedes, presidenta de la Asociación de Consumidores 1º de Mayo de Mostoles, que vivió en primera persona todo el proceso.

Cuando estalló la crisis, España estaba en pleno proceso de transición, con un golpe de Estado fallido ocurrido en febrero. Fueron culpados el responsable de aduanas “que fue el que firmó que el aceite ese se podía desnaturalizar, y otra persona, un funcionario, que en ningún momento pensaron que esa gente que traía un aceite que era de uso industrial podría reinvertirlo para el consumo humano. Y eso para mí fue terrorismo de Estado, por no saber velar por la salud de los ciudadanos”, añade Mercedes.

En su casa, de los seis que eran, tres fueron diagnosticadas con la enfermedad, aunque “mi padre estuvo ingresado también, pero diagnosticado de neumonía atípica y después le dijeron que no, que era un neumotórax”. Su hermano también estuvo enfermo por esa época y su abuela estaba enferma de cáncer en cama. “Con lo cual, tres somos víctimas, enfermas reconocidas: mi prima, que tenía 7 años, mi madre y yo. Yo tenía 21 años, estaba en el llamado paro juvenil y preparaba oposiciones para auxiliar administrativa, no tenía seguridad social y por eso no pude ingresar” en el hospital. En el mes de mayo le pusieron una ambulancia, su madre estaba con oxígeno en casa donde también estaba su prima, la abuela enferma de cáncer, y el padre ingresó en el hospital. “Yo me escapé de la ambulancia porque quería quedarme en casa. Si me iba a morir, que fuera en mi casa con los míos“.

“Para mí fue terrorismo de Estado, por no saber velar por la salud de los ciudadanos” – Mercedes

La madre de Mercedes le compró aceite a un vecino que se había quedado en paro y lo vendía por las casas. “Yo no fui de las primeras que enfermó a primeros de mayo, es a partir del día 15 cuando empiezo a sentir picores, insomnio y unos dolores tremendos. Era cerrar los ojos y me despertaba a gritos, llorando, hasta que 43 días después, la versión oficial dice que el causante de la enfermedad es el aceite; mi madre ya estaba diagnosticada, a mi no me pudieron diagnosticar porque no me atendieron en el centro de salud, tuve que ir a una clínica privada y sí que me preguntaron si había consumido aceite pero ya era la versión oficial y entonces me diagnosticaron síndrome tóxico, me lo hicieron todo por la privada, pruebas durante 15 días y luego ya fue el médico de mi madre de la Seguridad Social, el que me vio cuando acompañaba a mi madre. Me encontraba muy mal, me preguntó y le dije ‘no lo sé, un médico privado me ha dicho que tengo también esto que llaman neumonía atípica’ y él por su cuenta me dijo ‘no me importa que no tengas Seguridad Social, te voy a hacer una analítica’. Me la hizo y a los cuatro días me llamó personalmente y me dijo ‘vente para acá’. Ya estaban las unidades de seguimiento y yo acudía cada dos días a la de Alcorcón, donde nos hacían análisis, radiografías. Un año después nos pasaron a Móstoles”.

Mercedes tuvo que abandonar las oposiciones, “tuve que abandonar todo. No podía usar una máquina de escribir con los temblores que tenía, los calambres”. Todavía tiene tratamiento para sus temblores y para una lista innumerable de dolencias que sufre desde hace 36 años. Mercedes insiste: “lo que ocurrió fue terrorismo de Estado”.

Los olvidados del síndrome tóxico 3
Jaime, Mercedes y Carmen, miembros de la Mesa Multidisciplinar. | Foto: Plataforma Síndrome Tóxico

Jaime es también miembro de la plataforma de afectados del ST. “En mi casa todos menos mi padre nos vimos afectados. Mi abuela y mi madre ya han muerto aunque en teoría no por el SAT. En casa éramos cuatro. Mi abuela murió en el enero de 1987 pero no certificaron que fuera por síndrome tóxico aunque estuvo en el hospital muy mala. Le diagnosticaron SAT pero cuando falleció no lo vincularon al síndrome y dijeron que se había muerto por problemas de la edad. Ella, mi madre y yo estuvimos ingresados en el Hospital Ramón y Cajal”.

Carmen añade que no hay duda de que hubo un “pacto de silencio” por parte de los gobiernos de UCD y del PSOE. La falta de respuesta, el abandono en el que dicen encontrarse creen que tiene que ver con su condición humilde. La mayoría de los afectados por el SAT eran de clase humilde aunque en la plataforma puntualizan: “sabemos que hay personas importantes que también se vieron afectadas pero se mantienen en el anonimato porque ser un enfermo del SAT es una estigma“. “Declarados sólo estamos la gente obrera que no tenemos miedo ni nada que ocultar”, subrayan Carmen y Mercedes.

La sentencia mantiene que fue el aceite de colza manipulado el causante de las muertes aunque admite que “se desconoce el agente tóxico concreto que produjo la enfermedad”. Los aceiteros, algunos fueron absueltos y los que resultaron condenados lo fueron por adulterar el aceite para enriquecerse, no por cometer un crimen con resultado de muerte.

Es verdad que en el segundo juicio que se celebró después, la Audiencia Nacional condenó al Estado a pagar como responsable civil subsidiario y los afectados fueron indemnizados, pero les descontaron los gastos que habían tenido que ser “adelantados” por la Seguridad Social. “Y aún nos llaman aprovechados”, se lamenta Carmen.

Jaime asiente con la cabeza. “Lo perdí todo“, dice. “La primera vez estuve ingresado cinco días porque me salieron unas manchitas; como decían también que si el origen había sido en la Base Aérea de Torrejón y yo todos los días pasaba por ahí con el coche…Yo tenía mi vida resuelta, tenía mi novia, mi coche deportivo, mi empresa y todo se fue al garete. Mi vida se desmontó en pedazos”. Empezó a perder fuerzas y con 22 años se encontró con que un día no podía subir las escaleras de su casa y le ingresaron en el Hospital Ramón y Cajal donde le hicieron “miles de pruebas”. “Achacaron mi enfermedad al consumo de aceite adulterado, mi madre lo llevó para que lo analizaran y nunca más se supo. Lo cambiaron por otro. Perdí amigos…perdí mi vida”, cuenta Jaime quien admite que no ha podido superarlo y que aún hoy recibe tratamiento psicológico .

Estigma

El síndrome tóxico es una de las enfermedades más investigadas dentro y fuera de España. Desde el principio muchos médicos investigaron pero más de tres década después “los profesionales de la medicina desconocen cómo tratar” a los enfermos. “Vale que no lo conozcan pero al menos que no ataquen a los que tienen que tratar, porque a más de una víctima le ha han dicho ‘tú eres un aprovechado del sistema’. ¿Porque tenemos la farmacia que necesitamos gratis?”, pregunta Carmen.

“De la enfermedad se habló mucho al principio; el estado, los medios de comunicación…después ya se dejó de hablar de cómo nos encontramos desde el punto de vista sanitario”, y sólo se les mencionaba cuando salían a la calle para manifestarse reclamando lo que consideraban justo, de los viajes a Estrasburgo, de las reivindicaciones después del juicio y, luego, de lo que cobraron. “Todo eso crea una imagen prototipo diseñada para presentarla a la sociedad a la que le dicen que ‘ya les hemos dado lo que teníamos que darles‘”, denuncia Carmen. “Eso sí que ha sido manipulado y dirigido” y eso “te crea un estigma añadido al miedo inicial y al desprecio de los primeros momentos”.

Los olvidados del síndrome tóxico 4
Los afectados por el síndrome tóxico delante del Congreso de los Diputados. | Foto: Plataforma Síndrome Tóxico.

Desde la plataforma del SAT se han dirigido a la Federación de Enfermedades Raras (Feder) en dos ocasiones, “la primera, cuando iniciamos esta plataforma para saber qué sabían del SAT y no sabían nada, nos remitieron al Instituto Carlos III”; la segunda comunicación fue en 2017 para saber cómo podría el SAT formar parte de su federación pero los afectados del síndrome tóxico han optado por no entrar porque “tenemos voz propia, somos muchos afectados y tenemos entidad propia” ; además, puntualizan, “nadie nos subvenciona” y formar parte de Feder cuesta dinero. 

TOP