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Ilustres olvidados

Bernardo Cólogan, el español clave en los '55 días en Pekín'

Este embajador jugó un papel de relevancia en la historia que narra la famosa película de Nicholas Ray

Bernardo Cólogan, el español clave en los ’55 días en Pekín’

Retrato de Bernardo Cólogan, por Christian Frazan. | Embajada de España en Pekín

Los amantes del cine clásico seguramente recordarán la película 55 días en Pekín, dirigida en 1963 por Nicholas Ray. Con un reparto de ensueño, encabezado por Charlton Heston, Ava Gardner y David Niven, el filme narra el asedio al barrio de las embajadas extranjeras en Pekín durante el verano de 1900.

Este episodio se enmarca en la llamada «rebelión de los bóxers», un levantamiento violento que estalló en China en 1899. Esta revuelta campesina, de tintes nacionalistas y anticristianos, rechazaba la creciente influencia extranjera en el país, en el terreno político, militar y religioso. Este sentimiento antioccidental se canalizó, entre otros frentes, hacia los embajadores extranjeros acreditados en Pekín, hasta el punto de que los bóxers llegaron a sitiar el barrio diplomático de la capital.

Bernardo Cólogan, el verdadero protagonista de los 55 días en Pekín

Pero ¿qué tienen que ver con España la rebelión de los bóxers y 55 días en Pekín? Pues el hecho de que en aquellos hechos tuvo un papel destacado el embajador español en China, Bernardo Cólogan, a pesar de que la película pasa por encima su rol casi por completo. En efecto, en la película de Nicholas Ray, el diplomático español apenas cuenta con un par de planos y una frase de guion, minimizando su importancia. Por cierto, que el actor que le encarnó fue otro español, Alfredo Mayo, pero esa es otra historia.

El actor español Alfredo Mayo encarnó a Bernardo Cólogan en la película 55 días en Pekín. En la imagen, a la izquierda de David Niven.

El caso es que Bernardo Jacinto de Cólogan y Cólogan nació en Puerto de la Cruz, Tenerife, en 1847. De familia noble y origen irlandés, el joven Bernardo se educó en el Real Seminario de Vergara, institución patrocinada por la Sociedad Vascongada de Amigos del País, para después marchar a la Universidad de Oxford. Apenas cumplida la mayoría de edad, se inició en la carrera diplomática con diversos cargos en Grecia, China, Turquía, Venezuela, México y Colombia.

En 1894, es destinado a Pekín, en calidad de ministro plenipotenciario ante la emperatriz china Cixi. Esta era la posición de Cólogan cuando, en el contexto de la revuelta de los bóxers, iniciada nueve meses antes, la violencia se desencadena en Pekín en junio de 1900. Los ataques contra ciudadanos occidentales, con marcado cariz anticristiano, habían ido en aumento, hasta el punto de que las legaciones de estos países ordenaron a sus nacionales que se refugiasen en el barrio diplomático. Esto no aplacó la ira de los bóxers, que pusieron sitio a este sector de la ciudad.

Labor diplomática… y cultural

Comienzan entonces los famosos 55 días en Pekín, entre el 20 de junio y el 14 de agosto, durante los cuales el personal de las embajadas, tanto civil como militar, así como miles de cristianos chinos, sufrieron el asedio bóxer. Ese pequeño contingente de cooperación multinacional organizó una defensa improvisada para protegerse de la agresión hasta que una fuerza internacional rompió el cerco.

En ese escenario convulso, Bernardo Cólogan jugó un papel clave en calidad de decano del cuerpo diplomático, lo que le permitía acceso a la ‘ciudad prohibida’, residencia de la emperatriz, adonde no podían entrar los representantes de las grandes potencias occidentales. De hecho, Cólogan tuvo una destacada participación en la redacción del llamado protocolo Bóxer, que puso fin a la rebelión, hasta el punto de que el tratado se firmó en la embajada española y de que el diplomático canario fue el primero en estampar su firma.

Como curiosidad, durante la inactividad forzosa provocada por el asedio de los bóxers, Cólogan no se quedó ocioso. Muy al contrario, el embajador español dio rienda suelta a sus dotes musicales y compuso un vals para sobrellevar la tensión. A esa serenidad añadió la labor de documentar aquellos históricos acontecimientos mediante fotografías.

Tras los hechos de Pekín, Bernardo Cólogan continuó representando a España por el mundo. Lo hizo, por ejemplo, en la histórica inauguración del canal de Suez, así como en Tánger, Marruecos, Estados Unidos, México y finalmente Argentina. Por su papel en el asedio al barrio diplomático de Pekín, recibió diversos reconocimientos por parte de las cancillerías de Francia, Rusia, Suecia, Portugal, Prusia, Bélgica, Turquía, Venezuela y de la propia China. Un reconocimiento, eso sí, que no le otorgó Hollywood. Murió en Madrid en 1921.

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