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Trump desafía a Sánchez con nuevos vuelos a Irán que atraviesan el espacio aéreo español

El bombardeo del miércoles pasó por la península ibérica 48 horas después del veto del Gobierno

Trump desafía a Sánchez con nuevos vuelos a Irán que atraviesan el espacio aéreo español

Carga de municiones para bombas, en los aviones bombarderos B1 Lancer en RAF Fairford. | Simon Chapman / Zuma Press

La advertencia del Gobierno español a Estados Unidos de no utilizar los cielos nacionales para los ataques sobre Irán ha durado apenas 48 horas. El pasado miércoles, 1 de abril, el bombardeo número 51 de la operación estadounidense reactivó rutas que vuelven a discurrir por el espacio aéreo español.

El movimiento no es menor. Hasta ahora, las misiones estadounidenses lanzadas desde la base británica de RAF Fairford habían optado sistemáticamente por la ruta más directa a través de Francia, más corta y eficiente en términos de consumo de combustible. En esta ocasión, sin embargo, el itinerario se desvió hacia el suroeste, introduciendo un recorrido más largo que obliga a un mayor apoyo logístico en vuelo.

A Washington no parece haberle importado ese sobrecoste operativo. La necesidad de un repostaje adicional no ha frenado el cambio de ruta, lo que sugiere una adaptación deliberada de los vuelos más allá de criterios puramente técnicos. Un rodeo más caro, pero políticamente más elocuente.

La fórmula, según reconstrucciones basadas en fuentes abiertas, es sencilla: afirmar que se vuela «por Gibraltar». Una etiqueta que, en la práctica, permite sortear el debate político sin despejar del todo la incógnita técnica.

Según información reconstruida a partir de Osint y difundida por la comunidad de seguimiento aéreo militar, la misión conocida como Bomber Mission 51 partió el pasado 1 de abril desde la base militar de RAF Fairford, en Reino Unido, con al menos dos bombarderos estratégicos B-1B Lancer. La ruta elegida evitó el paso directo por Francia, como había ocurrido en las últimas operaciones, y descendió hacia el suroeste, atravesando la vertical de la península ibérica y proyectándose hacia el sur español antes de continuar hacia el Mediterráneo oriental en dirección a Irán.

Este cambio de trayectoria se produce además después de que la ministra de Defensa, Margarita Robles, dejara clara la posición del Gobierno: «No se autorizan las bases y por supuesto tampoco se autoriza la utilización del espacio aéreo español para actuaciones que tengan que ver con la guerra en Irán». Sin embargo, la realidad operativa está siendo otra.

«Es muy difícil impedirlo»

Fuentes expertas en control aéreo consultadas por este medio apuntan a las limitaciones reales de ese veto. «El espacio aéreo está teóricamente vinculado al territorio y a las 12 millas, pero eso en la práctica es muy poco margen. Son apenas unos kilómetros», explican.

Ruta del bombardeo del 1 de abril atravesando espacio aéreo español. | @DefenceGeek

En ese contexto, sostienen que resulta extremadamente complicado impedir el tránsito de aeronaves militares que operan a gran altitud y que pueden modificar sus rutas con facilidad. «Puedes decir que no pasen, pero controlar eso en términos reales es muy difícil. Hay múltiples alternativas y corredores», señalan.

Además, subrayan que el paso por el entorno de Gibraltar introduce un elemento adicional de ambigüedad. Aunque España no reconoce la soberanía aérea británica sobre el Peñón, el tráfico en esa zona se gestiona dentro del área de información de vuelo correspondiente al sur peninsular, coordinada desde Sevilla.

Zonas del espacio aéreo español. | Controladores Aéreos

«Por mucho que se diga que van por Gibraltar, hay una parte del control que sigue dependiendo de España. Eso no cambia», explican estas fuentes.

Coordinación técnica, ambigüedad política

Las misiones también evidencian una sofisticada red logística. En la fase de salida, los bombarderos estadounidenses enlazaron con aviones cisterna desplegados en la portuguesa Base Aérea de Lajes, mientras que en el regreso se apoyaron en aeronaves con base en el Aeropuerto de Bucarest Henri Coandă.

Este despliegue permite a Estados Unidos mantener su capacidad operativa sin necesidad de utilizar directamente instalaciones en territorio español, como las bases de Rota o Morón, cuyo uso ha sido igualmente restringido por el Gobierno.

«Desde el punto de vista militar, tienen alternativas de sobra. Pueden operar desde Reino Unido, Italia o cualquier otro punto aliado. Lo que hacen es optimizar rutas», explican las fuentes consultadas.

Sin embargo, añaden un matiz relevante: «Una cosa es lo que se comunica públicamente y otra cómo funciona realmente el sistema. Hay una parte política y otra operativa que no siempre coinciden».

El Estrecho como punto crítico

El uso reiterado de la ruta del estrecho de Gibraltar consolida esta zona como un punto clave en las operaciones hacia Oriente Próximo. No solo por su posición estratégica, sino también por la complejidad jurídica que implica.

El espacio aéreo en esa área forma parte de la estructura de gestión internacional asignada por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), lo que implica que el control del tráfico no equivale necesariamente a soberanía plena en términos políticos.

Aun así, el hecho de que estas rutas discurran por áreas gestionadas desde España, como puede verse en la imagen inferior, introduce un elemento de tensión evidente con el discurso del Gobierno.

El episodio pone de relieve las dificultades de trasladar una decisión política al plano técnico en un entorno como el aéreo, donde confluyen normativas internacionales, acuerdos militares y limitaciones físicas.

Mientras el Gobierno insiste en su rechazo frontal a la guerra y en su voluntad de desvincular a España de cualquier implicación, Estados Unidos continúa adaptando sus operaciones para mantener su presencia en el conflicto.

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