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El escenario Asens

"La historia nos recuerda que el camino para llegar a la Arcadia de un nuevo régimen pasa por socavar el poder político y destruir el aura del mito fundacional"

Foto: Ajuntament Barcelona | Flickr con licencia de Creative Commons

Conviene que nos hagamos cargo de las palabras, porque las palabras siempre terminan haciéndose cargo de nosotros. Acudamos por un momento a la hemeroteca. El 4 de mayo de 2016, Jaume Asens, el hombre fuerte de Pablo Iglesias en Cataluña, planteaba en una columna del periódico Ara un escenario político que quizá vayamos a presenciar en los próximos meses: la actuación coordinada, en Madrid y Barcelona, de los distintos movimientos que buscan desbordar la Constitución. “Están sucediendo cosas inimaginables hace un tiempo –escribía Asens aquella jornada–. En el terreno cultural, el marco mental que proviene de la Transición se ha roto. Han contribuido a ello dos de las más grandes movilizaciones de la historia. La del soberanismo catalán que salió a la calle con motivo de los recortes del Estatut. Y la del 15-M que ocupó las principales ciudades de todo el Estado. Aunque el nacionalismo conservador intente desvincularlas, ambas son expresión de un mismo mar de fondo, de una misma crisis de régimen. La dos tuvieron lugar en 2011. Una con epicentro en Cataluña y la otra en Madrid”.

Las palabras expresan ideas y las ideas proyectan a su alrededor un mundo que nos puede atraer más o menos. Asens, en su artículo, no ocultaba sus cartas sino que sencillamente ponía sobre el tapete la realidad: el independentismo fracasará si no abandona el pensamiento mágico de la unilateralidad. Pero también resulta ingenuo creer que la potente arquitectura del 78 puede ser liquidada con los medios de los que dispone Unidas Podemos. “Los dos proyectos de ruptura –explicaba en dicho artículo– están condenados a apoyarse mutuamente más de lo que seguramente muchos imaginan. Y mucho más de lo que les gustaría a las elites españolas o catalanas”. Se trata, en efecto, de un texto transparente hasta la obviedad: la voladura del marco constitucional y su sustitución por una nueva realidad jurídica caracterizada por lo que el populismo denomina “radicalidad democrática” sólo será posible si se provoca un colapso general del sistema.

Es precisamente la fortaleza del Estado de derecho –y no su debilidad– lo que fuerza una alianza táctica entre dos movimientos afines que comparten además el mismo enemigo. “Este escenario –sostiene Asens– no puede consistir en una simple reedición del Pacto de San Sebastián en 1930 entre las fuerzas republicanas de uno y otro lado. No nos encontramos en el mismo momento histórico. Han sucedido demasiadas cosas. La independencia puede no producirse, pero tendrán que asumir [refiriéndose a sus compañeros españoles] una premisa incuestionable: que tendrán que ser los catalanes y las catalanas los que decidan; que son las urnas las que tienen que mandar”.

Por supuesto, la historia nos recuerda que el camino para llegar a la Arcadia de un nuevo régimen pasa por socavar el poder político y destruir el aura del mito fundacional. Y para ello hay que perseverar en el trabajo de deslegitimación de las instituciones democráticas. Si tras el pacto del PSOE con Unidas Podemos se confirma finalmente el apoyo de ERC al gobierno de Pedro Sánchez, el escenario Asens adquirirá mayores visos de verosimilitud. Como ya sabemos la escritura precede a la realidad. Una vez más.

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