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Escritoras

Foto: AP | AP

Ayer fue el día de las escritoras, que se celebra en España desde 2016 con objeto de poner el foco en las mujeres que hacen cosas y cuya presencia, muchas veces por inercia, sigue siendo menor en la oficialidad de los premios y las mesas redondas que la de sus compañeros. Si somos la mitad de la población, por qué no somos la mitad de todo, es la pregunta que surge. La respuesta a esa pregunta es compleja, pero no se resuelve solo con el machismo. Es verdad que ellos vienen con un marchamo de seriedad aparentemente incuestionable y a ellas se les exige mucho más para alcanzar el mismo nivel; pero también es verdad que, en general, a ellos les importa mucho más el reconocimiento social que a ellas. Y eso puede ser una gran ayuda a la hora de lanzar una carrera como escritor.

Desde que leo, leo a mujeres y mi cerebro no tiene los libros escritos por mujeres en una estantería diferente, en la de literatura de mujeres. No termino de entender cuáles son los temas de esa presunta literatura femenina: Desgracia, la novela de Coetzee, es también una novela sobre la relación entre un padre y una hija; o en Sábado, la novela de McEwan, la familia tiene gran importancia. A veces me encuentro en Twitter con gente sacando pecho por hacer el gran esfuerzo de leer a mujeres. Siempre es como si estuvieran echando la bronca a los demás por un mal hábito que acaban de cambiar. Creen que son los primeros en llegar a todo y que su experiencia personal es una verdad universal.

Me llamo Aloma por la novela de Mercè Rodoreda, una de las escritoras favoritas de mi padre, que admira a un montón de escritoras, la primera, como no podía ser de otra manera siendo gallego y sensible, Rosalía de Castro. Algunas de mis escritoras favoritas (Isabel Bono, Cristina Grande, Valérie Mréjen, Joan Didion, Annie Ernaux, Natalia Ginzburg o Zadie Smith) las conocí gracias a recomendaciones de hombres. A otras las leí en la carrera (Teresa de Ahumada), a otras por trabajo (Jane Austen) y a algunas me las encontré como si llevara toda la vida buscándolas sin saberlo (Marguerite Duras). En todos los clubes de lectura en los que he participado las asistentes eran casi todo mujeres. En la literatura, como en otros ámbitos, también hay un techo de cristal que solo a veces se consigue romper (Alice Munro o Wislawa Szymborska, por ejemplo). A mis contemporáneas (Mercedes Cebrián, Natalia Carrero, Isabel González, Lara López, Sara Mesa, Elvira Navarro, Gabriela Ybarra, Elena Medel, Ana Llurba) las leo más que a ellos, igual que creo que ellos se leen más entre ellos. Algunas de mis escritoras favoritas ni siquiera son escritoras en el sentido estricto de la palabra, como Christina Rosenvinge y las Vainica Doble, pero a cambio de haber escrito Mi vida bajo el agua o Un metro cuadrado estaría dispuesta a renunciar a un dedo o incluso a mi melena.

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