María Casas, nutricionista: «Para reducir tu colesterol y las grasas saturadas, sustituye el atún rojo por sardinas, merluza o bacalao»
Hay pescados mucho más beneficiosos que otros y si quieres saber cuáles son atento a los consejos de los expertos

María Casas | Instagram
A menudo se piensa que una de las mejores comidas que existen es el pescado, sobre todo en el ámbito de lo saludable. Por eso es mucho más común de lo que parece creer que cualquier tipo de esta familia es bueno y beneficioso. Sin embargo, es importante saber que no todos los tipos de pescado que compramos nos afectan igual, y que hay algunos que son mucho mejores que otros en cuanto a salud se refiere. La nutricionista María Casas lo ha dejado claro en sus redes sociales: si quieres cuidar tu corazón y reducir el colesterol, debes empezar a consumir menos atún rojo.
¿Por qué el atún rojo no es la mejor opción?
A pesar de que este pescado es uno de los más populares, es importante conocer que también es uno de los «menos recomendables» según la ciencia. Esto se debe principalmente a su tamaño y longevidad, ya que son peces grandes que además suelen vivir muchos años, lo que hace que acumulen una gran cantidad de metales pesados como el mercurio. Por eso, comprarlos no es una de las mejores opciones, sobre todo si se hace pensando en que se está comiendo de manera sana.
Pero este no es el único problema, sino que también puede afectar de manera directa a tu salud, concretamente aumentando el colesterol. María Casas advierte que estos pescados «suelen tener más colesterol y grasas saturadas que otros pescados», lo que los sitúa en el nivel más bajo de su ranking de salud.
La clave para elegir buenos pescados
Una de las ideas claves que la experta da en el video es «elegir los pescados de menor tamaño». Pero aun así comparte una lista de opciones clave (de la menos a la más saludable) por las que sustituir pescados como el atún:
Cambia el atún por el pescado azul pequeño, como sardinas o caballa
En este caso la nutricionista aclara lo beneficioso que sería dejar atrás el atún y empezar a comer sardinas, caballa o salmón salvaje. Esto se debe a que el tamaño de estos peces es mucho menor, lo que significa que viven menos tiempo y por lo tanto tienen menos cantidad de metales pesados en su interior, convirtiéndolos en pescados mucho menos contaminados.
La mejor opción de todas: el pescado magro
Si lo que buscas es minimizar al máximo la cantidad de metales y de grasas saturadas la mejor opción sin duda son mercados como la merluza, el bacalao fresco, el rape o la pescadilla.
«Aquí incluiríamos pescados magros, con muy poquita grasa saturada y colesterol… No son los más populares, pero sí los que más te pueden beneficiar a largo plazo», concluye María.
¿Por qué deberías incluir las sardinas en tu dieta?

Todo lo explicado por la nutricionista María Casas coincide con la opinión del cardiólogo Aurelio Rojas, quien destaca que en muchas ocasiones buscamos suplementos caros con el objetivo de estar sanos cuando la verdadera solución la podemos encontrar de manera fácil y económica en la pescadería. Rojas, al igual que María, señala que las sardinas son un alimento bajo en metales pesados gracias a su pequeño tamaño, y añade que además son muy beneficiosas gracias a su gran actuación a nivel celular. Según el cardiólogo, el consumo de pescado azul pequeño puede ayudar a:
- Mejorar la presión arterial gracias a su contenido en taurina.
- Proteger el cerebro frente al deterioro cognitivo.
- Reducir los triglicéridos (grasas acumuladas) en pocas semanas.

«Las sardinas contienen taurina, un aminoácido que mejora la presión arterial, protege el corazón y facilita el equilibrio del sistema nervioso. Si quieres aprovechar los beneficios de las sardinas, consúmelas dos veces por semana junto con un poco de tomate natural, que tiene licopeno y se combina con el omega-3 para potenciar sus efectos. En un mundo donde nos complicamos con suplementos, dietas imposibles y productos fit, a veces lo más eficaz es también lo más simple», detalla.
