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Paula Martin

¿Una sonrisa cuesta poco?

Miro la fotografía y veo protección, tristeza y llamada de socorro. La joven de más edad sonríe, llaman la atención sus ojos brillantes y de un color precioso. Sonríe quizá en un intento desesperado de calmar la inquietud que sufre la pequeña que sostiene en brazos… ¡Ay, los pequeños!, siempre tan sinceros, siempre tan reveladores…

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¿Una sonrisa cuesta poco?

Miro la fotografía y veo protección, tristeza y llamada de socorro. La joven de más edad sonríe, llaman la atención sus ojos brillantes y de un color precioso. Sonríe quizá en un intento desesperado de calmar la inquietud que sufre la pequeña que sostiene en brazos… ¡Ay, los pequeños!, siempre tan sinceros, siempre tan reveladores…

Chaplin decía: “una sonrisa no cuesta nada y produce mucho. Enriquece a quienes la reciben sin empobrecer a quienes la dan. No dura más que un instante, pero su recuerdo a veces es eterno. Nadie es demasiado rico para prescindir de ella. Nadie es demasiado pobre para no merecerla.
Da felicidad en el hogar y apoyo en el trabajo. Es el símbolo de la amistad. Una sonrisa da reposo al cansado. Anima a los más deprimidos. No se puede comprar, ni prestar, ni robar, pues es una cosa que no tiene valor, hasta el momento en que se da. Y si alguna vez se tropieza con alguien que no sabe dar una sonrisa más, sea generoso y déle la suya… Porque nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa como el que no puede dársela a los demás”.

Miro la fotografía y veo protección, tristeza y llamada de socorro. La joven de más edad sonríe, llaman la atención sus ojos brillantes y de un color precioso. Sonríe quizá en un intento desesperado de calmar la inquietud que sufre la pequeña que sostiene en brazos… ¡Ay, los pequeños!, siempre tan sinceros, siempre tan reveladores… Me llama la atención también el cabello pelirrojo de la más pequeña, sus ojos -también brillantes- advierten del miedo que siente por dentro, se agarra a la otra joven, siendo probablemente conocedora de que el porvenir no aguarda muchas sonrisas… Y ella no sonríe. Es prudente… o quizá realista.

Akthar Mansour -nuevo líder talibán- ha anunciado que no habrá paz (para los malvados que son propaganda del enemigo según él) y que luchará sin cesar hasta que impere la ley islámica.

Ahora entiendo a la pequeña y la ausencia de su sonrisa… ¿Es que acaso no cuesta demasiado sonreír cuando el caos, la guerra y el miedo acechan sin cesar?
Quizá no recuerde cómo hacerlo porque crecer con la carencia de inocencia que todo niño debe poseer tiene un precio…

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