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Sonia Sierra

Yo acuso

«Yo acuso, en fin, a todas y cada una de las personas que están convirtiendo Cataluña en un estercolero moral»

Opinión

Yo acuso
Manifestación contra el 25% de castellano en las escuelas catalanas.|David Zorrakino (Europa Press)

Vaya por delante que no pretendo emular al escritor francés, entre otras cosas porque no tengo ni su talento literario ni su capacidad de influencia y dudo mucho que al Jefe del Estado le importe demasiado lo que yo pueda escribir. Si tomo prestado el célebre «yo acuso» de Zola es porque creo que su contundencia es necesaria para señalar a los responsables de que en Cataluña pueda suceder algo tan terrible como que se organice una campaña de acoso contra una criatura de cinco añitos. Empiezo.

Yo acuso a las familias del centro Turó del Drac de Canet de Mar que se están movilizando para que  los alumnos no puedan disfrutar de su derecho a recibir un 25% de clases en español. Para ello se han dedicado, entre otras cosas, a recoger firmas para que no haya ni una sola hora de la lengua de Cervantes en la clase de sus hijos. Familias recogiendo firmas para que los alumnos de la escuela pública no reciban una educación bilingüe mientras que las familias pudientes van a la privada donde todos los centros tienen más de una lengua vehicular. Cuando se afirma sin ningún tipo de vergüenza que la mal llamada inmersión lingüística es un modelo de éxito, nadie parece reparar en el contrasentido que supone que ni uno solo de los colegios elitistas opte por el monilingüismo al que someten a los alumnos de las escuelas públicas. Y yo acuso a los sindicatos paniaguados y a las ONG paragubernamentales que se manifiestan para que se les nieguen derechos a los alumnos.

Yo acuso al presidente de la Generalitat, que rápidamente se puso del lado de las familias acosadoras. Yo acuso a la portavoz de su Gobierno que, cuando fue preguntada en rueda de prensa sobre el acoso a la familia de Canet, dijo desconocer el caso, pero aprovechó para cargar contra los padres que reclaman bilingüismo. Y, por supuesto, yo acuso a Laura Borràs, la supremacista presidenta del Parlamento de Cataluña que, como la mayoría de los separatistas, no nos considera catalanes a los que tenemos el español como lengua materna.

Yo acuso al consejero de Educación, González-Cambray, que el jueves se presentó en Canet para dejar claro su apoyo a las familias acosadoras. Cabe destacar que dicho Consejero está tan obsesionado con su batalla contra el español que se niega a responder en esa lengua a los periodistas y se ha inventado a unos comisarios políticos para que vayan a los centros a delatar a los alumnos y profesores que hablen español en los patios, comedores y actividades extraescolares. Y, mientras, ni una palabra sobre acabar con los barracones ni con las terribles cifras de abandono escolar de Cataluña.

Yo acuso a TV3. Desde la cadena que pagamos todos se ha defendido a las familias acosadoras y se ha atacado a la acosada. Además, uno de sus «humoristas» apareció en pantalla simulando limpiarse el trasero con la sentencia que reconoce el derecho a recibir un 25% de clases en español. Esta es la televisión pública catalana: zafia, grosera, y, sobre todo, hispanófoba. Y lo peor es que TV3 señala y los descerebrados ejecutan. Yo acuso al exprofesor de la UAB y colaborador de la ultrasubvencionada Vilaweb que escribió un tuit en el que reclamaba apedrear la casa de la familia de Canet. Y yo acuso al mosso y candidato de Junts per Catalunya que instó a dejar sola y aislada a esa criaturita de 5 años. Un destacado miembro de un partido político llamando a hacer bulliying a un crío sin que nadie de dicho partido lo haya desautorizado.

Yo acuso a Ada Colau y a los suyos, que no solo no defienden a las familias acosadas, sino que se suman gustosos a su discriminación ridiculizándolas y diciendo que quien quiera educación en español se pague una privada. Y yo acuso a todos los que sostienen que hay un gran consenso sobre la «inmersión» porque ya ven como consiguen ese falso consenso: acosando y amedrentando a todo aquel que osa pedir que haya bilingüismo en los centros públicos y concertados.

Yo acuso a los del PSC, grandes promotores de la inmersión lingüística, que no han tenido la decencia de salir en defensa de la familia acosada y que votan en contra de que se aplique la sentencia del 25%. Y por prestarse a participar en el Pacto Nacional por la Lengua, un invento nacionalista para seguir manteniendo el sistema educativo segregador que sufrimos en Cataluña.

Yo acuso a la portavoz de Gobierno, que al igual que su homóloga catalana y el Defensor del Pueblo –¡qué  casualidad!-, hizo ver que no sabía nada del caso de Canet. Yo acuso a la Ministra de Educación que, lejos de mostrar su apoyo a las familias que reclaman sus derechos, se dedica a repetir como un loro las mentiras de los nacionalistas sobre las bondades de la «inmersión»: que si es un modelo de éxito, que si los alumnos salen con un buen nivel en las dos lenguas… Alguien tendría que explicarme, despacito para que yo lo entienda, cómo se consigue un buen nivel en dos lenguas, cuando a una le dedicas dos o tres horas a la semana y a la otra, más de veinte. Si esto fuera cierto, se tendría que triplicar el sueldo de los profesores catalanes que imparten lengua española. Y yo acuso al presidente del Gobierno, que convocó una reunión urgente de la comisión contra los delitos de odio por una denuncia falsa, pero no dice ni una palabra contra el acoso real a un menor porque le debe su colchón en La Moncloa a los acosadores.

Yo acuso a la gentuza de llibertat.cat, procedentes de la CUP, que han hecho públicos los datos de la supuesta familia de Canet. Yo acuso, en fin, a todas y cada una de las personas que están convirtiendo Cataluña en un estercolero moral, en un lugar donde la intolerancia y el odio a todo lo español campan a sus anchas. Y yo acuso también a los que miran hacia otro lado y callan.

Y yo apoyo, con toda mi alma, a esas familias valientes que llevan tantos años luchando para que todos los alumnos catalanes puedan tener un sistema educativo más justo en el que el aprendizaje de las lenguas no dependa del poder adquisitivo de los padres. Son la mejor representación de lo que queda de dignidad en Cataluña. Va por ellos.

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