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David Mejía

Cristina de Borbón, Iñaki Urdangarin y el ocaso de los 90

«El anuncio de separación de Cristina e Iñaki confirma que lo suyo no fue un malentendido, sino el reflejo de su realidad sentimental»

Opinión
Cristina de Borbón, Iñaki Urdangarin y el ocaso de los 90

Cristina de Borbón e Iñaki Urdangarin durante su petición de mano en Zarzuela en 1997.|Europa Press

El probable estallido de la tercera guerra mundial no debe distraernos de lo importante: la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin han comunicado su decisión de «interrumpir su relación matrimonial». El anuncio llega tras la publicación de unas imágenes del exduque de Palma paseando de la mano de otra mujer. Es triste, y sin embargo cierto, que las cosas suelen ser lo que parecen. Esto va también por Putin: si no tiene la intención de invadir Ucrania, ciertamente lo parece. Y este sería un buen momento para aclararlo, no sea que el mundo esté en vilo por un malentendido.

El anuncio de separación de Cristina e Iñaki confirma que lo suyo no fue un malentendido, sino el reflejo de su realidad sentimental. Durante años fueron una pareja intachable: altos, rubios, guapos y, a diferencia de otros, genuinamente enamorados. Pero ese binomio, como buena parte de la simbología de los alegres noventa, comenzó a desmoronarse cuando la crisis económica hizo aflorar las corruptelas. De aquella España queda poco, apenas nada. Quizá para bien. España está mejor sin la estatua ecuestre de Franco, sin ETA, Pujol, ni Jesús Gil. Claro que tampoco queda nada del orgullo discreto por la reconciliación nacional, la fe en el progreso o la ejemplaridad de la Corona.

Creo que fue Chris Rock quien bromeó con que Nelson Mandela, que pasó 27 años en una cárcel sudafricana, se divorció de su mujer solo dos años después de salir en libertad. Aguantó casi tres décadas en prisión, pero no pudo soportar 24 meses de vida conyugal; los caminos del amor son inescrutables. Así, una pareja como Iñaki y Cristina, que se mantuvo unida mientras duraron el escarnio público, las notificaciones de imputación, los juicios, las sentencias condenatorias y las penas privativas de libertad, decide ahora, que amainaba la tormenta, separarse. Quizá la máxima que sostiene que las amenazas agudizan la resistencia sea aplicable a los matrimonios. Se sobrevive mientras se es un comando, una tribu; confundirse con el resto de mortales es siempre una amenaza.

¿Qué será de ellos? Cristina seguirá en Suiza, llevando una vida familiar y discreta. Iñaki vivirá en España y se convertirá en un habitual de los matinales del corazón. Su vida nunca será fácil; tiene en España menos partidarios que Putin, por quien sienten devoción los antivacunas, los antivacunos y Puigdemont. Pasarán otros 25 años, e Iñaki será un octogenario atractivo al que nuestros hijos señalarán en las páginas rosas. Entonces les explicaremos que fue medallista olímpico, duque de Palma, reo por corrupción y símbolo de la caída en desgracia de España.

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