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Anna Grau

La historia la hacemos todos los demás

«La historia se escribe cada día. Y la escribimos terca y apasionadamente todos los demás»

Opinión
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La historia la hacemos todos los demás

Guy Verhofstadt. | europa press

Es curiosa esta paradoja de que en España fascine tanto Europa y se siga a veces tan poco, o tan mal, la política europea. Es tremendamente fácil desinformar sobre cosas que en Bruselas y Estrasburgo pasan y se deciden, o por lo menos lograr que no llamen la suficiente atención. Hace falta una sacudida seria: un Brexit, una pandemia, una guerra de Ucrania

Este domingo 22 de mayo tuvo lugar en Barcelona un acto divulgativo de la Conferencia sobre el futuro de Europa creada para poner a prueba los tratados de la Unión y, llegado el caso, reformarlos. Fueron anfitriones del acto la eurodiputada de Ciudadanos Maite Pagaza, autora de una trascendente propuesta de Estatuto de Ciudadanía Europea que se ha logrado incorporar a las conclusiones de la Comisión, y el jefe de filas naranjas y liberales españolas, Luis Garicano. Hablaron también Carlos Carrizosa, Inés Arrimadas y Guy Verhofstadt, exprimer ministro de su país, Bélgica, antiguo líder del grupo liberal (ALDE) en la Eurocámara y una de las voces más enérgicas y vigorizantes que yo he escuchado jamás tomar la palabra en un foro político.

Verhofstadt tiene 68 años que no aparenta y una vitalidad física e intelectual que hace que muchos oradores parezcan en blanco y negro al lado de su vibrante technicolor. Amante de la buena mesa y de los buenos vinos, amante de llamar a las cosas por su nombre, amante de la audacia para crecer políticamente con los hechos, y no al revés (así ha evolucionado de un liberalismo que llegó a granjearle el apodo de ‘Baby Thatcher’ a otro liberalismo mucho más complejo y exigente en lo social), lo primero que te transmite es pasión por el compromiso. Y una explosiva, encantadora impaciencia con los que ya tardan en comprometerse en serio con aquello en lo que dicen creer.

¿No estamos todos aquí más o menos de acuerdo con que la guerra en Ucrania hay que pararla ya, o por lo menos dejar en seco de financiar a Putin? ¿Cómo puede ser que la guerra empezara el 24 de febrero, el 8 de marzo se empezara a hablar de embargo y haya habido que esperar hasta mayo para que, por parte de la UE, se empiece a notar algo? ¿Cómo es posible que la UE tenga un gasto militar equivalente al de Rusia y al de China, y no sea capaz de hacer nada a derechas con él? ¿De  verdad alguien serio puede seguir defendiendo hoy en día lo individualmente indefendible, machacar la libertad de las personas en nombre de fantasmales identidades colectivas que serán muy respetables cuando cada persona las elige, pero que en el momento que se le intentan imponer se genera una tormenta perfecta, precisamente el tipo de tormenta perfecta contra la que se levantaron los padres fundadores de la Europa? ¿Quién ha dicho que hacer las cosas bien no puede ser y además es imposible, y quién se lo ha creído? ¿No dijo Angela Merkel que jamás, jamás, jamás, se emitirían eurobonos, deuda común europea, y ahí estamos? Vale, para salir del paso excepcionalmente de una crisis, pero por algún lado se empieza a convertir las crisis en oportunidades, ¿no? ¿Y quién puede hacer eso? ¿Los comunistas? ¿Los populistas? ¿Los nacionalistas?

En resumen, que daba gusto escucharle y oírle, ver que ser liberal, lejos de ser un desalmado en lo económico y un blando en lo político, como a mucho politólogo de andar por casa le gusta hacer creer, puede y debe ser algo gallardo, algo gloriosamente rompedor. Dales caña, Guy. Que no se adormezcan los europeísmos y las conciencias cuando más falta hacen.

La presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, recogió con gusto el guante que el flamenco le lanzaba, y subrayó además que lo estaba recogiendo en la ciudad de Barcelona, en esta sufrida Cataluña nuestra donde casi diariamente hay que partirse la cara por alguna libertad. Será por la de estudiar en la lengua de tus padres que es oficial encima, será para que no te impongan genuflexiones y otras mejillas eternamente magulladas por el nacionalismo, será por la de no intentar «arreglarlo», esto del nacionalismo de garrote y campanario, con otro tipo de garrote y otro tipo de campanario. Da igual de dónde venga la carcundia y si combate el bilingüismo o el matrimonio gay: como sea hay que hacerle frente en nombre de una política libre y para todos. Donde quepamos los que no queremos ser los unos ni los otros….sino ¡todos los demás!

Todos los demás. Todos los que no hacemos de nuestra identidad un castigo al prójimo. Formar parte de todos los demás, eso sí que es un orgullo y un buen reto. Poder ir a todas partes con la cabeza alta y no esperar ni permitir que la agache nadie.

 ¿Se acuerdan del famoso y ominoso verso de Bertolt Brecht, cuando advertía que la bestia totalitaria europea aparentemente derrotada volvía a estar en celo? Qué nos van a contar, sobre todo a los catalanes, ahora mismo. Pero lo grande es que también pueda ponerse en sazón y en celo todo lo contrario: esa semilla de libertad que algunos creen superada y olvidada, y que a la luz de los últimos y dramáticos acontecimientos puede resurgir con más vigor que nunca.

Basta con creérselo, de todo corazón, y con ponerse a la tarea de reconstruir. La historia no acabó el día que lo dijo Francis Fukuyama ni acabará el día que lo diga Vladimir Putin. Mucho menos el día que lo digan Pedro Sánchez o Pere Aragonès. La historia se escribe cada día. Y la escribimos terca y apasionadamente todos los demás. 

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