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Abraham Maslow, psicólogo, sobre cómo gestionar la ambición: «Si planeas ser menos de lo que puedes ser serás infeliz toda tu vida»

Autolimitarse sería la peor forma de sabotear nuestro bienestar

Abraham Maslow, psicólogo, sobre cómo gestionar la ambición: «Si planeas ser menos de lo que puedes ser serás infeliz toda tu vida»

Un hombre en la playa frente a un atardecer | ©Pexels

Plantear una existencia de mínimos puede sonar como una gran idea. Sin embargo, seguramente la felicidad no vaya por ese camino. Eso es, precisamente, lo que advertía el psicólogo Abraham Maslow hace más de 50 años, y su mensaje no ha dejado de tener vigencia. Establecer un conformismo con la teoría de que así evitaremos sufrimiento puede, en verdad, hacernos bastante más mal que bien.

En este caso, Maslow, al que se suele estudiar en las facultades de Sociología y Comunicación por su famosa pirámide de las necesidades humanas, abría ya un dilema que resulta difícil cerrar: si, en cierto modo, mantenemos una apuesta vital baja para limitar riesgos, lo más probable es que ese camino acabe siendo contraproducente y, de la misma manera, infeliz.

En resumidas cuentas, creía que era apostar a caballo perdedor y eso, teniendo en cuenta la naturaleza inconformista del ser humano, exigiría unas capacidades brutales para saber lidiar con ello. Lo malo, si puede decirse así, es que el otro camino –el de ir a por todas o, al menos, aspirar a aquello de lo que somos capaces– tampoco garantiza la felicidad.

La complejidad de la felicidad desde el punto de vista de Maslow

No hay que olvidar que Maslow era psicólogo. Cuando nos referimos a la forma en que identifica la felicidad no hay que pensar en teorías filosóficas, sino eminentemente prácticas. En su pirámide, la estrategia quedaba muy clara. El primer peldaño para sentirnos realizados debe ser el fisiológico. Comer, dormir, respirar… Esos son los fundamentos primigenios de toda felicidad y, en cierta manera, son propios de cualquier animal. Sin eso, Maslow consideraba que era imposible alcanzar los siguientes estadios.

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Renunciar a nuestras propias capacidades por comodidad puede ser un error que, realmente, conduzca a la infelicidad. ©Pexels

Sin embargo, el quinto, el superior —que, en cierto modo, se podría vincular al superhombre de Nietzsche— trata de la autorrealización. Aquí la persona ya trasciende. No nos estamos refiriendo a que tus iguales te reconozcan –el cuarto peldaño de la pirámide–. Tampoco al tercer piso, referido a las afiliaciones sociales, como tener amigos; ni al segundo, donde colocaba la seguridad, vinculada a esa evolución casi natural en la cual sentir que no tenemos miedo por vivir.

Quizá por eso, cuando se publicó La personalidad creadora —la obra póstuma de Maslow— en 1971, quedaba claro que el autor tenía claro que «si planeas ser menos de lo que puedes ser, serás infeliz el resto de tu vida». Es cierto que en las palabras de Maslow suena muy contundente, pero no es el único psicólogo que ha hablado en esos términos.

Erich Fromm, del que hemos hablado en THE OBJECTIVE,, consideraba lo mismo sobre las capacidades humanas en su libro El miedo a la libertad. Ambos creían que autolimitarnos, lejos de ser una herramienta para facilitarnos la vida, es, en realidad, una mochila que nos hace profundamente infelices. En los dos pensadores aparece la misma certeza: conformarse no es una opción.

La falsa modestia: conformarse no es el camino a la felicidad

Abraham Maslow es citado, a menudo, como un referente previo a la psicología positiva, que empezaría a poner de moda Martin Seligman. Pero eso no significa que Maslow la idease ni que, mucho menos, avalase mensajes continuos de que debes esforzarte perpetuamente o de que todo el éxito dependía de la intensidad que se ponía al intentar lograrlo. Acotar las enseñanzas de Abraham Maslow en torno a esa felicidad y creer que somos al 100% dueños de nuestro destino es un error.

En cierto modo, Maslow hacía dos críticas veladas, sin saberlo, a algo que tiene una vigencia total en 2026: la falsa modestia y el mantra de que querer es poder. Es evidente que, por mucho que lo intentemos, no siempre logramos todas nuestras metas. No menos notable es que intentar mantener ese perfil bajo para evitar conflictos, en realidad, lo que hace es soliviantarnos. Dejar pasar oportunidades es, en realidad, una forma de huir de la responsabilidad de ir a por metas más elevadas.

Lo malo —y para lo que Maslow no dejó solución— es que cada vida se escribe con una tinta diferente. Lo que está bien para unos puede ser insuficiente para otros y, al mismo tiempo, no hay ninguna fórmula magistral que permita salir del atolladero. No hay más que acercarse, por ejemplo, a la forma de ver la vida que tiene el Premio Nobel Angus Deaton, quien dejó claro que «el dinero compra la satisfacción con la vida, pero no compra la verdadera felicidad»; esto es: no todo se mide en ceros en la cuenta corriente.

O que, también como indicó la psicóloga Jane Gruber, «la felicidad puede volverse peligrosa cuando la buscamos demasiado», por lo que tampoco hay un camino perfectamente definido que nos diga: «Por aquí se llega a la felicidad».

Una vida con sentido y ambición

Y siempre, al final, igual que sucedía con el pensamiento de Viktor Frankl, nos damos cuenta de que la vida es más sencilla que todo eso y de que su fin es, simplemente, vivirla con sentido. Precisamente, si desciframos la pirámide de Maslow, veremos que su felicidad está en ese propósito. La autorrealización total no llega por dormir bien, por tener muchos amigos o por ser muy respetado. Llegamos a la cima cuando hemos sabido sacarle todo el jugo a la vida y cuando nuestra motivación acaba convirtiéndose en nuestra forma de vivir.

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La coherencia y buscar una vida con propósito serían las guías dentro de esta búsqueda de la felicidad, según Maslow. ©Pexels

No se trata de una ambición desmedida. Ni de ir pisando a los demás. Se trata de aprovechar al máximo nuestras capacidades, comprendiendo que no todos tenemos las mismas herramientas y que eso no debe marcar nuestras cartas.

Tirar por la vía conformista no es la solución, con la intención de evitar conflictos, según Maslow. Sin embargo, tampoco estableció que todos los caminos del éxito sean iguales. Esto es, seguramente, lo más importante que se puede extraer de La personalidad creadora.

De las experiencias ‘cumbre’ a que son ‘meseta’

De hecho, parte de los fundamentos de Maslow que más han trascendido en esta obra es lo que definió como experiencias cumbre y meseta. Es un concepto que se puede sintetizar, perfectamente, con ese mensaje contra el conformismo.

Las experiencias cumbre serían, en cierto modo, las más intensas y profundas, mientras que las meseta —como resulta evidente— serían más duraderas en el tiempo, quizá más estables, pero también más prolongadas. En esa dualidad es donde se encuentra la clave de la felicidad según Maslow, comprendiendo que la vida no son solo momentos de subida y que, por descontado, no se tiene que claudicar ni pensar que todo han de ser momentos meseta.

Maslow situaba esa felicidad en el equilibrio entre ambas realidades. Por eso, rechazaba de plano que viviéramos una existencia de mínimos simplemente por no enfrentarnos a la realidad.

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